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El imperativo informático



Bajo la enardecida publicidad que rodea a Internet y a todo lo digital yace un frío hecho económico. La infraestructura informática --la fusión de redes de telecomunicaciones, computadoras e información--se ha convertido en despiadado factor discriminatorio en la lucha por la competitividad internacional.

Los tipos tradicionales de infraestructura --caminos, líneas de teléfonos, redes de electricidad y aeropuertos--aún son los fundamentos de la capacidad productiva de una nación. Pero entre las naciones industrializadas, donde la infraestructura física ya está bien desarrollada, el dominio de la tecnología de la información crecientemente separa a los mejores de los meramente competentes.

El principal beneficio de una buena infraestructura de información es simple de definir: permite a las naciones obtener mayor beneficio de sus inversiones. Las universidades que ofrecen a sus estudiantes acceso instantáneo a la más reciente información técnica y científica producen profesionales más capaces. Las plantas se tornan más eficientes cuando coordinan su logística empleando software especializado. Los hospitales mejoran sus servicios cuando las historias clínicas de los pacientes están disponibles por medio de redes digitales. Bancos y oficinas de gobierno reducen el tiempo de procesamiento de datos cuando hacen sus transacciones electrónicamente.

En la superficie puede parecer que las naciones de América Latina y el Caribe están al día con los imperativos informáticos. Brasil es sede de lo que se considera la mayor feria comercial de computadoras personales. Ediciones digitales de docenas de diarios latinoamericanos aparecen en el Web. Firmas de telecomunicaciones recién privatizadas multiplican las redes para conectar a millones de personas.

Pero todo eso todavía beneficia a una pequeña minoría de latinoamericanos. La inmensa mayoría aún no tiene acceso a un teléfono, mucho menos a una computadora. Según un reciente estudio de International Data Corp./World Times, "ningún país latinoamericano está actualmente en posición sólida para aprovechar la Revolución Global de la Información". El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo llegó recientemente a la conclusión de que la infraestructura de tecnología de la información en la región "es penosamente inadecuada".

Esos tristes diagnósticos están moviendo a gobiernos, educadores y expertos a examinar qué se puede hacer para mejorar la infraestructura informática de América Latina. Algunos calculan que la región necesita una inversión mínima de US$10.000 millones en los próximos cinco años para satisfacer sus necesidades básicas en esta área. Pero dado que el gasto público va a zanjar las grandes brechas en infraestructura física de la región, la mayor parte de la inversión en informática tendrá que venir del sector privado.

En febrero de este año, el BID lanzó Informática 2000, una iniciativa para asistir a los países de la región a planificar y coordinar esas inversiones. Trabajando con gobiernos, empresas y entidades cívicas, el BID identificará cuestiones emergentes, pondrá de relieve riesgos y oportunidades, y organizará grupos de trabajo para estudiar las necesidades de información de cada sector en particular. Informes de grupos de trabajo sobre educación, salud, financiamiento de inversiones, comercio electrónico, medio ambiente, banca y acceso a la información fueron presentados a comienzos de septiembre en una conferencia en la sede del BID. El Banco usará esos informes para bosquejar una estrategia de crédito y apoyo técnico para futuros proyectos de infraestructura de información.

Hablando ante la Comisión de Infraestructura de Información Global, un grupo de la industria que acordó cooperar con la iniciativa Informática 2000, el presidente del BID, Enrique V. Iglesias, dijo que "la era de la información ... hace imperativo usar la tecnología informática como una herramienta para igualar niveles de productividad global". Pero junto con el enfoque en la competitividad, Iglesias dijo, la región debe asegurarse de que esta tecnología sea usada para mejorar la eficiencia, efectividad y alcance de los servicios a los pobres, "de manera que ellos tengan acceso a la información y a los servicios que son centrales en una economía basada en la información".


--Paul Constance




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