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COSTA RICA
Floricultor se vuelve millonario



Cada mujer que visita el restaurante "El Gran Parqueo", que abrió sus puertas en marzo cerca de Naranjo, en Costa Rica, recibe un ramo de rosas, cortesía del propietario, Tobías Chaves Rojas. "Las damas se van felices y contentas", dice.

Las flores y un préstamo del BID, hace 16 años, contribuyeron a hacer millonario a Chaves Rojas, que está ahora haciendo de su negocio más reciente otra mina de oro. Por supuesto, ayuda mucho que instaló su restaurante en un lugar ideal sobre la Carretera Panamericana, a una hora de la capital, y que la comida es excelente. Chaves Rojas ya está pensando en establecer una cadena de restaurantes en todo el país.

Optimista de sonrisa cálida y confiada, Chaves Rojas pasó de la pobreza a la riqueza. Creció en las colinas de Zarcero, en la región central de Costa Rica, el segundo de los 10 hijos de un modesto agricultor. A los 10 años ya estaba trabajando como peón. La escuela local sólo ofrecía hasta el segundo grado y la escuela más cercana para continuar sus estudios quedaba muy lejos. A los 14 años se empleó en una granja de productos lácteos y ahí se quedó hasta su casamiento, a los 29. Hoy, él mismo estima su patrimonio en US$1,3 millones.

Eventualmente, Chaves Rojas comenzó a comprar a crédito terneros de la granja y a vender la carne a supermercados de San José. Pronto estaba ganando $45 por semana y en dos años ahorró los US$1.200 que necesitaba para pagar el adelanto de un camión. Pronto estaba comprando ganado en toda Costa Rica y ganando cientos de dólares por semana porque, según dice, era muy bueno para calcular el peso de una vaca y raramente pagaba más de lo que su carne valía.

"No podía creer cuánto dinero estaba ganando", recuerda. "A veces tenía que pellizcarme para asegurarme que estaba despierto".

Un año más tarde compró su primera casa, con muebles y artefactos domésticos flamantes. Compró también una pequeña chacra en Zarcero, comenzó a cultivar claveles y todavía le quedaron US$10.000 en ahorros. "Yo estaba exhausto vendiendo carne y cultivando flores", recuerda. "Así que lancé una moneda para optar por una u otra cosa". La moneda optó por las flores.

En 1981, Chaves Rojas obtuvo un préstamo de US$60.000 de un programa de crédito agrícola financiado por el BID para edificar más viveros y comprar rosas francesas que le permitieron aumentar al doble su producción. "El préstamo del BID fue muy importante", dice. "Aceleró mi éxito con los negocios".

Hace mucho que el préstamo fue devuelto con intereses. Las ganancias le permitieron comprar tres granjas de productos lácteos cerca de Zarcero (incluyendo una en la que había trabajado como peón) una tienda de comestibles que atiende su hija adoptiva, y un pequeño edificio en San José, que alquila a una pizzería. Además edificó una casa grande con piscina e invirtió US$135.000 en construir su nuevo restaurante. "Mucha gente joven piensa que porque vienen de familia pobre no pueden tener éxito en la vida", dice Chaves Rojas. "Yo soy la prueba de que sí se puede.

"Todos tenemos oportunidades", dice. "Son como las olas, vienen y van. Al camarón hay que atraparlo cuando viene".

"Pero la mitad de mi éxito se debe a mi mujer. Es una mujer que economiza mucho. Ella siempre manejó las finanzas", apunta. "Demasiada gente gasta el dinero en lugar de invertirlo. Las escuelas deberían enseñar a los chicos cómo manejar el dinero y enseñarles a trabajar duro cuando son jóvenes. Porque más tarde en la vida no van a tener la energía".

A los 59 años de edad, Chaves Rojas todavía se levanta antes de las seis para el viaje de 30 minutos hasta su restaurante, adonde lleva los ramos de rosas rojas para quienes han venido a desayunar.

"Las rosas son como mis amigos", dice. "Me ayudaron a lograr lo que ahora tengo".




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