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Hace siete años, la economía de Guyana estaba en aprietos. La producción de azúcar y arroz, que constituye la mitad de las exportaciones del país y de sus divisas, había mermado a la mitad en cuatro años. Una cuarta parte de la maquinaria agrícola del país estaba fuera de servicio debido a la falta de divisas para comprar repuestos. Era un círculo vicioso: cuanto más bajaba la producción y la exportación, menor era la cantidad de divisas para comprar maquinaria y repuestos, lo que reducía aún más la producción. En 1990, el BID entró en acción con un crédito de emergencia por US$26,2 millones para revivir la producción. El gobierno usó los fondos para comprar 525 tractores, 33 segadoras, 107 motocicletas, 311 otras piezas de equipo agrario, repuestos y productos agroquímicos en Brasil, Francia, Suiza, el Reino Unido y Estados Unidos. Al mismo tiempo, Guyana puso en efecto reformas que transfirieron a manos privadas el manejo de fincas azucareras gubernamentales y privatizaron la operación de los molinos arroceros. Los efectos del nuevo equipo y las reformas fueron impactantes. Las exportaciones de azúcar y arroz han aumentado más del 260 por ciento desde 1990. El rendimiento de azúcar por hectárea aumentó 25 por ciento y el de arroz 31 por ciento. "Hay pocas dudas de que el préstamo del BID significó un incremento en la producción que todavía continúa", dice Charles Kennard, titular de la Junta de Desarrollo Arrocero de Guyana. La reactivación de la industria del azúcar y del arroz de Guyana tuvo un significativo impacto en la economía del país. El PGB, que declinaba a un promedio de dos por ciento anual en los 80, ha aumentado a un promedio del 7 por ciento anual desde 1991. El crédito ha tenido otros efectos. Según un reciente informe del BID, la disponibilidad de divisas aumentó la competencia entre importadores y distribuidores, lo que ha significado una mayor oferta de productos a precios más bajos. Antes de 1990, dos distribuidores controlaban el 90 por ciento de los insumos agrícolas y ofrecían sólo tres marcas de tractores a la venta. Hacia 1994, según el informe, 16 distribuidores ofrecían ocho marcas de tractores. La mayor disponibilidad de repuestos causó la caída de los márgenes de ganancia de casi el 100 por ciento al 44 por ciento mientras "los precios caían o permanecían fijos", dice el informe. Los oficiales de gobierno determinaron que la carencia de divisas no era el único factor que deprimía la producción de azúcar y arroz. La falta de crédito para los agricultores era también un problema. "A los agricultores se les exigía pagar a los distribuidores por los insumos en el momento de entrega", apunta el informe, "y tenían dificultad para pagar de inmediato la suma total. Los distribuidores sólo importaban equipo cuando tenían un compromiso firme de los agricultores de adquirirlo". La oficina del BID en Guyana trabajó con funcionarios del gobierno para eliminar cuellos de botella y aumentar el rol del sector privado en la provisión de crédito. "Formulamos un nuevo sistema para ayudar a los agricultores a obtener crédito sin cambiar los procedimientos del Banco en materia de examinar la licitación y el desembolso", dice Charles Greenwood, el representante del BID en Guyana. "Si no lo hubiéramos hecho, el programa probablemente habría sido cancelado", agregó.
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