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Aunque Glenda Sandoval Rodríguez está acostumbrada a recibir elogios por su trabajo, nunca imaginó que ellos vendrían de la primera dama de los Estados Unidos. La costurera costarricense se especializa en trajes de boda, velos y accesorios. La mujer de 40 años de edad conoció a Hillary Rodham Clinton el 8 de mayo en una exhibición en la Escuela Omar Dengo, de San José, que se llevó a cabo junto al foro sobre la microempresa auspiciado por el BID. Otros siete microempresarios también tomaron parte en el evento organizado por el BID y la Agencia para el Desarrollo Internacional de los EE.UU., mostrando sus productos y hablando de negocios con la señora Clinton y las primeras damas de Honduras, Guatemala, Nicaragua, Belice y la anfitriona costarricense, Josette Altmann de Figueres. Para Sandoval, el reconocimiento oficial llegó como culminación de un extenso y arduo camino. Nacida en Nicaragua, emigró a Costa Rica a los 14 años de edad con su bebé de un año. Inicialmente trabajó en servicio doméstico y en restaurantes, y en 1977 pidió prestada la máquina de coser de una amiga para fabricar y bordar algunos tocados para novia. Llevó las muestras a algunas boutiques y bazares y, para su sorpresa, comenzaron a llegarle encargos. Ella entregaba las órdenes a tiempo y desde entonces su negocio no ha dejado de crecer. "Tan pronto vendía algún objeto, compraba más materia prima", expresa Sandoval. "Cuando mi marido (que es zapatero) vio que estábamos ganando más dinero de mi negocio que del suyo", recuerda, "cerró el taller y vino a trabajar conmigo". Durante seis años Sandoval siguió "alquilando" la máquina de coser de su amiga. Comenzó a tomar clases nocturnas de costura y gradualmente amplió su línea de producción incluyendo bouquets para novias y vestidos de fiesta. Finalmente pudo comprar una máquina de coser e instaló su propio taller. En 1986 obtuvo un préstamo a corto plazo de Avance, una ONG local, que utilizó para viajar a México y comprar tela de mejor calidad a precio más bajo. El negocio siguió creciendo. En 1993, un crédito de US$3.000 de Credimujer, una ONG que recibe apoyo del BID, le permitió comprar material suficiente para dos años de trabajo. Actualmente sus ventas promedian los US$1.500 mensuales. "Con el tiempo", dice, "me gustaría abrir mi propia tienda para novias en San José". |
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