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por Paul Constance Cuando en noviembre pasado Intel Corporation anunció que había elegido a Costa Rica como sitio para una nueva planta de circuitos integrados, muchos observadores pensaron que el país centroamericano había logrado una increíble proeza de autopromoción.Después de todo, Costa Rica era el más pequeño de quienes competían por la planta: Estados Unidos, Brasil, México, Malasia, Tailandia, Chile, Filipinas, Irlanda, Israel y Puerto Rico, entre ellos. Estaban en juego unos 3.500 empleos generados por la planta de casi 37.000 metros cuadrados y sus proveedores, además de miles de millones de dólares en futuros ingresos por exportaciones. Pero aunque funcionarios de gobierno y dirigentes de empresas en San José emprendieron durante 1996 una intensa campaña para atraer a Intel, el esfuerzo para captar la inversión foránea más grande en la historia del país comenzó en realidad hace tres décadas. Fue entonces que las autoridades comenzaron a poner en práctica políticas orientadas a mejorar la educación técnica y científica. Hablando a la prensa después del anuncio de Intel, el presidente costarricense, José María Figueres, dijo que "esto equivale a un reconocimiento internacional de nuestro sistema de salud pública, de nuestro sistema de educación ... y de nuestros extraordinarios servicios de comunicación, de los esfuerzos que hemos hecho en esas áreas durante muchas décadas". Figueres reflejaba expresiones de los propios ejecutivos de Intel. "Intel eligió a Costa Rica en parte debido a su excelente sistema educacional", dijo el vicepresidente de la corporación, Mike Splinter. Cuando el proyecto fue anunciado, el año pasado, el vicepresidente de Intel a cargo de manufactura y alta tecnología, Frank Alvarez, citó específicamente el alto nivel de conocimientos de computadoras y del inglés que existe entre los graduados de la universidad y de la enseñanza secundaria en Costa Rica. Asimismo, Alvarez alabó la infraestructura de telecomunicaciones de Costa Rica y los incentivos que ofrece a la inversión extranjera. Alvarez agregó que Costa Rica podía ofrecer candidatos adecuadamente educados para las cuatro categorías de empleados que necesitará la planta. La categoría básica, técnico, requiere estudios secundarios completos. El personal de mantenimiento debe tener, además de educación secundaria, por lo menos dos años de capacitación técnica y los cargos gerenciales y de ingeniería requieren diplomas universitarios en ingeniería o en ciencias.
Según Román Mayorga, especialista del BID en tecnología y educación, Costa Rica es un patente ejemplo de cómo un país pequeño con recursos limitados puede llegar a ser competitivo en ciencia y en tecnología. "Costa Rica desafía la creencia convencional de que los países pequeños no tienen los medios para desarrollar sectores de ciencia y tecnología", dijo. "El proyecto de Intel es la culminación de un preconcebido proceso político que comenzó en los '60, cuando Costa Rica decidió invertir fuertemente en sus recursos humanos, con énfasis en la educación técnica". Costa Rica procuró en varias ocasiones la asistencia del BID para proyectos de desarrollo de ciencia y tecnología. En 1974, por ejemplo, dos años después de crear el Consejo Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (CONICIT), Costa Rica solicitó y obtuvo US$3,3 millones del BID para expandir el Instituto Tecnológico de Costa Rica (ITCR), en Cartago. El ITCR tiene ahora uno de los departamentos más avanzados en América Latina de ciencias de computación e ingeniería de software, lo que contribuyó significativamente a la decisión de Intel, según Mayorga (ver nota adjunta). En 1978, el BID otorgó a Costa Rica un crédito de US$30 millones para un programa de descentralización de su educación superior. Los fondos fueron empleados para construir centros regionales orientados a la capacitación agrícola y técnica y para expandir la sede central del ITCR. Ese fue también el año en que Costa Rica adoptó su primer programa de ciencia y tecnología como parte de un plan quinquenal de desarrollo nacional. En 1983, la Fundación Omar Dengo de Costa Rica, con ayuda del gobierno, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, de la Agencia de los EE.UU. para el Desarrollo Internacional y del BID, lanzó un programa para promover en escuelas elementales el uso de computadoras y la enseñanza de métodos de razonamiento. El resultado fue la instalación de computadoras y la creación de cursos de ciencias de computación en más de la mitad de las escuelas primarias y en casi todas las secundarias. "Gracias a esos esfuerzos, Costa Rica tiene ahora uno de los niveles más altos de capacitación en computadoras en la región", apunta Mayorga. Más recientemente, Costa Rica concluyó un Programa de Ciencia y Tecnología, financiado en parte por el BID, que solventó 239 becas de post-grado, 90 proyectos de investigación y desarrollo y una variedad de equipos de laboratorio y de computadoras en 16 centros de estudio. Muchos beneficiarios de ese programa de becas ahora enseñan en instituciones técnicas costarricenses y varios han iniciado exitosas empresas de tecnología (ver nota adjunta).
Según Mayorga, Costa Rica ofrece un buen ejemplo de una estrategia nacional de ciencia y tecnología que está enfocada en unas pocas áreas prioritarias y fija metas a corto, mediano y largo plazo. "Los países pequeños a veces cometen el error de procurar progreso científico en demasiadas áreas. A menudo acaban produciendo científicos mediocres con especialidades incongruentes para las industrias del país", dijo Mayorga. "Costa Rica decidió desde el comienzo concentrarse en tecnología de la informática, ciencias del medio ambiente y tecnología aplicada para los sectores agrícola y forestal". "Hoy se pueden apreciar los beneficios de ese enfoque. Además del proyecto de Intel, hay un cierto número de empresas locales de software en Costa Rica y el país es reconocido como líder en cuestiones ambientales y en ecoturismo. Hay además centros de investigación muy respetados --como el ITCR y el Centro de Capacitación e Investigación de Agronomía Tropical¯ que tienen una relación muy productiva con la industria local". Costa Rica ha hecho además un buen trabajo en balancear inversiones con réditos a largo plazo, como educación elemental, con aquellas que brindan ganancias a corto plazo, como los servicios de extensión tecnológica. "Esta estrategia no es muy diferente que la usada en los pasados 25 años por algunos países pequeños y medianos en el Asia del Este", apuntó Mayorga. Costa Rica demuestra que el desarrollo científico y tecnológico de un país pequeño no necesita ser a expensas de necesidades sociales. "Comenzando con niveles muy reducidos de gasto en ciencia y tecnología --aun menos de la mitad del uno por ciento del PIB por año--no es imposible para una economía creciendo varios puntos porcentuales de PIB por año generar los recursos necesarios", sostuvo Mayorga. Como lo demuestra Costa Rica, una modesta inversión inteligente puede rendir espectaculares réditos a largo plazo. -------------------------------------------------- El BID, LA CIENCIA Y LA TECNOLOGIA.--
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OTROS SERVIDORES: Más sobre proyectos en ciencia y tecnología, ver "PROJECTS", pág. principal |
DEL AULA AL DIRECTORIO Carlos Araya es fundador y director ejecutivo de ArtInSoft, una empresa consultora y diseñadora de software en Cartago, Costa Rica, que ha conquistado dos veces el premio nacional de innovación tecnológica. También es profesor en el departamento de ciencias de computación del Instituto Tecnológico de Costa Rica (ITCR) y miembro de la Clase del 78, la primera que se graduó en computación en el ITCR. Araya ejemplifica los beneficios del enfoque del ITCR en investigación aplicada y cooperación con la industria. Araya fundó ArtInSoft en 1993, tras recibir un doctorado en inteligencia artificial en la Universidad de Kansas, con una beca Fullbright. Creó la empresa con tres graduados del ITCR y continuó recurriendo a su alma mater como fuente de sus empleados de más potencial. Actualmente, 40 de los 45 empleados de ArtInSoft son graduados o estudiantes del ITCR. ArtInSoft se especializa en tres áreas: reformulación de software, software para automatización industrial; y diseño para el World Wide Web. Un 80 por ciento de sus clientes están en Costa Rica y en 1997 se espera que sus ventas alcancen a US$2 millones. Fundado en 1975, el departamento de ciencias de computación del ITCR tiene ahora más de 1.000 estudiantes y 60 profesores de dedicación completa, 12 de ellos con doctorados. Luis Montoya, director del Centro de Investigación de Computación del ITCR, dice que se alienta a los investigadores del instituto a "vender" sus ideas a empresas privadas locales. "Básicamente, nosotros vendemos lo que producimos", explicó. "La asistencia financiera para la mayor parte de nuestro trabajo viene del sector privado". Esa relación con el sector privado parece haber impresionado a los directivos de Intel Corp. cuando el año pasado evaluaron a Costa Rica como potencial sitio para una nueva planta. "Examinaron nuestro programa de estudios y nos preguntaron acerca de nuestros proyectos de investigación y sobre lo que estábamos haciendo para firmas del sector privado", recordó Montoya. "Pienso que les gustó lo que oyeron". Después que seleccionaron a Costa Rica, los ejecutivos de Intel le pidieron a dos expertos en computación del ITCR y a dos maestros de escuelas vocacionales locales que visitaran las plantas manufactureras de la firma en Santa Clara, California y Chandler, Arizona. En base a conversaciones con ingenieros y operarios, el ITCR ha formulado un programa especial de dos años de duración para preparar técnicos para la nueva planta de Intel. El programa capacitará a graduados de escuelas secundarias específicamente en electrónica, computación, producción industrial y mantenimiento requeridas por Intel. "El obrero de planta microelectrónica es muy especializado", apuntó Carlos Acuña, profesor de control de calidad y simulacro en el ITCR que visitó las plantas de Intel. "Habrá algunos cambios radicales en la forma que capacitamos técnicos como resultado del proyecto Intel". ---información de David Mangurian
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