De
funcionario a empresario
El gobierno uruguayo ahorra
al convertir a ex-funcionarios en contratistas privados
Por
Paul Constance
Wylfo Caétano estaba
harto.
Tras casi una década
en una unidad de mantenimiento del alumbrado de carreteras del Ministerio
de Transporte del Uruguay, Caétano conocía su trabajo a
fondo. Había comenzado como consultor técnico. Luego abandonó
sus estudios de ingeniería eléctrica a cambio de adquirir
experiencia laboral. Más adelante ganó, por concurso, un
puesto permanente como empleado del servicio civil en la unidad y eventualmente
ascendió a jefe de una cuadrilla de doce trabajadores.
Caétano, que se
describe como un fanático del trabajo que "nunca hace las
cosas a medias", se internó en el sistema arcaico de especificaciones
sobre sistemas de alumbrado de carreteras y se convirtió, involuntariamente,
en un experto en los procedimientos de compras del estado. El trabajo
del equipo a su cargo consistía en supervisar 5.000 luces de carretera,
adquirir las bombillas de repuesto necesarias y realizar el mantenimiento
de estas instalaciones por medio de grúas hidráulicas.
Había un solo problema.
La ley le imposibilitaba el hacer un buen trabajo. El obstáculo
principal, explicaba Caétano en una reciente entrevista en Montevideo,
era el sistema de compras del estado. "Las leyes de compras eran
increíblemente rigurosas, como deben ser, pero nos dejaban con
las manos atadas en el momento de comprar el material debidamente",
dijo.
Además de una complejidad
tan extrema que podía tomar todo un año para adquirir una
partida de repuestos, las normas de adquisición daban una flexibilidad
mínima al equipo bajo el mando de Caétano. "Si me daban
tres distintos precios por un producto y los requerimientos técnicos
recomendaban que compráramos el más caro era prácticamente
imposible hacerlo". Como resultado, agregó, el gobierno se
veía a menudo forzado a comprar material de calidad inferior o
totalmente inútil con el único fin de cumplir con las leyes.
Cuando ese material fallaba, el gobierno acababa gastando mucho más
para solucionar el problema. En una ocasión, el equipo a cargo
de Caétano se vio forzado a instalar 130 nuevas luces con respuestos
que sabían deficientes. "En el curso de dos meses tuvimos
que reemplazar el 60 por ciento de ellas", recuerda.
El equipo de Caétano
se veía también entorpecido por rígidas normas laborales.
Por ejemplo, Caétano tenía asignados cuatro choferes a los
que no se les permitía hacer otras tareas. "De manera que,
para cambiar una lámpara, siempre tenía que enviar a dos
hombres cuando uno solo podría haberlo hecho", explica. Frecuentemente
se le ordenaba enviar personal a grandes distancias con el único
fin de aparentar que se estaba atendiendo un problema, aunque carecieran
de los repuestos necesarias para hacerlo. Con sus mejores esfuerzos, la
cuadrilla de Caétano solo conseguía que funcionaran en un
momento dado el 75 por ciento de las luces del tramo de carretera asignado
a su trabajo.
"Había un
terrible desperdicio, sin que nadie se beneficiara de la situación",
afirmó. "Perdíamos todos. Nuestros proveedores perdían
porque no podían vendernos ya que nuestra normativa de compras
era tan lenta. El estado perdía porque pagaba el combustible y
los salarios de equipos que no podía trabajar". Y Caétano
perdía la paciencia. Su sueldo era muy inferior al de sus colegas
en el sector privado y estaba empezando a ser mal visto por funcionarios
más "relajados" del ministerio, molestos por su esfuerzo continuado
por mejorar la eficiencia.
Nueva
oportunidad. Fue en 1997 cuando Caétano se enteró
de que el ministerio estaba considerando la opción de encargar
al sector privado ciertas operaciones de mantenimiento para reducir costos.
Como parte de un programa financiado por el BID (ver artículo en
la página anterior) el gobierno estaba ofreciendo incentivos financieros
a empleados públicos interesados en crear empresas privadas que
pudieran competir en el mercado con otras compañías para
hacer trabajos al gobierno. Caétano, quien siempre había
soñado con tener su propia empresa, aprovechó la oportunidad.
Animado por su jefe y
con la asistencia técnica de la unidad de modernización
encargada del programa del BID, Caétano preparó una detallada
propuesta de un contrato para proveer el mantenimiento del territorio
que tenía a su cargo. Al mismo tiempo, el ministerio efectuó
un detallado análisis de costos que puso de manifiesto que la unidad
a cargo de Caétano le costaba al gobierno unos 50.000 dólares
al mes, incluyendo salarios, combustible, equipos y otros suministros.
Caétano calculó que, como contratista privado, podía
ofrecer un servicio mucho mejor a un costo 30 por ciento inferior. Calculó
también que podría hacerlo con cinco hombres en lugar de
doce.
Finalmente, el ministerio
firmó un contrato de dos años con la nueva empresa de Caétano,
Candelas SRL, por el que se comprometía a mantener en funcionamiento
el 97 por ciento del alumbrado en su territorio a un costo de 37.000 dólares
mensuales. El ministerio efectuaría controles periódicos
y Candelas se vería penalizado cada vez que el porcentaje de luces
funcionando fuera inferior al 97 por ciento. Caétano convenció
a cuatro de sus mejores colegas a incorporarse a la nueva firma; el resto
del personal en su antigua división aceptaron retirarse con una
indemnización del gobierno o encontraron empleo en otros ministerios.
Hoy, Caétano y
sus colegas han multiplicado los ingresos que percibían como empleados
públicos y Candelas acaba de obtener en competencia abierta un
segundo contrato de mantenimiento por otros dos años. Su empresa
firmó recientemente un contrato con la empresa pública de
electricidad del Uruguay que le ha permitido contratar a otras cinco personas.
Caétano asegura que puede mantener la totalidad de las luces en
funcionamiento a un costo mucho menor porque sólo trabaja con proveedores
de confianza de los que obtiene descuentos, algo que no hubiera podido
hacer dentro del sector público.
El
valor de ser competente. Candelas SRL es una entre varias docenas
de pequeñas empresas creadas por ex empleados públicos como
consecuencia del programa de reestructuración y modernización
del estado en Uruguay. Otro ejemplo es Gorestin SRL, iniciada por Carlos
Fernández, un ex empleado en procesamiento de datos en la Dirección
de Registros. Al igual que Caétano, Fernández vivía
frustrado de ver que él y un puñado de compañeros
responsables tenían que compensar con su trabajo la permanente
vagancia de otros colegas que cobraban lo mismo que ellos a fin de mes.
Cuando se enteró de que el gobierno se proponía contratar
servicios externos para su área de trabajo, preparó, junto
con un compañero, una propuesta para la creación de una
empresa de servicios de procesamiento de datos, con una tarifa fija por
documento y un margen de un error por cada millar de documentos procesados.
La propuesta fue aceptada y ahora Fernández y su socio, con una
plantilla de diez jóvenes universitarios a tiempo parcial, están
sometiendo nuevas opciones para contratos con el gobierno. "No tenemos
ningún problema de productividad porque a nuestros empleados les
pagamos por documento", dijo Fernández. "Si uno de ellos
no acude a trabajar los demás están felices porque tienen
oportunidad de ganar más".
Ni Caétano ni Fernández
consideran su experiencia como una condena directa al estado, sino más
bien como un ejemplo de la lógica para encomendar cierta clase
de tareas hacia el sector privado. "El estado tiene la obligación
de ser completamente transparente en sus compras y eso significa establecer
ciertos procedimientos y asegurar que nadie queda excluido de participar",
sostiene Caétano. Eso significa que el estado debe dedicar el tiempo
necesario a estudiar cada una de las ofertas de suministro, sin prejuzgar
sus valores, y dar una respuesta a los reclamos de ofertantes que pierden
un concurso. "Pero si yo sé por anticipado que cierto proveedor
va a venderme mala mercadería, simplemente no lo considero",
explica Caétano. "El estado no puede hacer eso, por lo cual
termina gastando más".
Caétano cree que
existen muchos otros servicios del gobierno que podrían ser tercerizados
y piensa que esa tendencia irá en aumento a medida que la gente
conozca experiencias como la suya. "Hoy mucha gente todavía
está mirando a ver qué tal nos va a nosotros", observó.
Publicado:
Marzo 2002
|
|