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Soluciones de largo plazo. Resulta trágico pensar que parte de los daños humanos y materiales provocados por los desastres que han golpeado a la región, Mitch y esta sequía por ejemplo, se podrían haber mitigado con medidas preventivas y una mejor administración y explotación de los recursos naturales. "El Mitch y esta sequía están abriendo los ojos a sectores importantes de la vida pública de los países afectados porque la magnitud de estas catástrofes está generando consecuencias más severas que antes", afirma Ricardo Quiroga. "Pero las soluciones de fondo son a medio y largo plazo. La sequía en Centroamérica no es tanto un problema de escasez de agua, sino de la distribución entre áreas de gran abundancia y otras de escasez. Faltan instrumentos básicos de gestión que permitan su asignación racional. La estrategia de recursos hídricos del Banco es muy clara en reconocer que un manejo integrado del recurso a nivel de cuencas hidrográficas permitiría evitar impactos desastrosos por inundaciones y al mismo tiempo administrar mejor el agua en sus diferentes usos". A los países de la región les queda todavía por aprobar y aplicar leyes modernas sobre el aprovechamiento y administración de los recursos naturales, según Quiroga. Y otro gran problema a resolver es la regulación sobre la tenencia de la tierra y la falta de verdaderos mercados de tierra, de aguas y financieros que generen verdaderas posibilidades de desarrollo para los habitantes del medio rural. Lo que se ha avanzado a la fecha en temas de legislación y regulación no es suficiente. En el mejor de los casos, hay varias leyes que están todavía en fase de propuesta o bien aguardan debates parlamentarios para ser aprobadas. "Lo positivo es que existen nuevas propuestas, hay mayor grado de conciencia pública y muchas buenas iniciativas para atacar los problemas de la pobreza rural de raíz", dice Quiroga. Otra carencia de la región está en el área del manejo de la información. Existen grandes limitaciones en los conocimientos sobre causa-efecto de las crisis. No hay un monitoreo sistemático sobre las condiciones climáticas o hidrometereológicas, ni sobre las varias interrelaciones de procesos que determinan el impacto de una sequía. Y es difícil tomar decisiones y anticipar contratiempos con acierto. "En parte es un tema de falta de recursos", asegura Quiroga. "La información hidrometeorológica todavía no ha sido valorada en su real dimensión y no existen mecanismos que permitan recuperar los costos que generan estos conocimientos". En general, los servicios hidrológicos y meteorológicos son muy débiles. Es necesario encontrar una fórmula innovativa que permita garantizar la sostenibilidad de la generación y difusión de este tipo de información a nivel regional. Iniciativas del BID. El Banco está trabajando con los países de la región aplicando una visión de desarrollo rural que busca atacar frontalmente los condicionantes de pobreza, que es la raíz de la vulnerabilidad social, con o sin desastres naturales. Para atacar los problemas que causan los procesos de desertificación y degradación de los recursos naturales, principalmente el suelo, agua y bosques, el BID está financiando en Honduras, Nicaragua, Guatemala y El Salvador programas de manejo de recursos naturales a nivel de cuencas y subcuencas prioritarias. Según Quiroga, "En todos los casos los problemas son similares: los suelos erosionados pierden su productividad, se reduce la capacidad de los productores de generar ingresos, se incrementan los conflictos sociales debido a la escasez de agua o la falta de acceso a ésta, y aumenta la vulnerabilidad ante los desatres naturales." En general, estos programas buscan incrementar el ingreso y la calidad de vida de pequeños productores de ladera, principalmente dedicados a granos básicos, a través de prácticas que mejoran la productividad de los suelos, el uso más eficiente del agua, y la diversificación de cultivos. Igualmente, a nivel de cuencas se busca contribuir a reducir la vulnerabilidad física y lograr servicios ambientales que favorezcan a toda la población. Una característica importante de estas iniciativas es el incorporar a comunidades, organizaciones de base y gobiernos locales en todo el proceso de gestación y ejecución de actividades. Una descentralizada toma de decisiones y el ordenamiento territorial participativo son factores de apropiación local de los proyectos que están dando muy buenos resultados. Según Quiroga, las operaciones del Banco ya han demostrado resultados concretos en las cuencas del Chixoy en Guatemala, el Cajón en Honduras y el Alto Lempa en El Salvador. En Nicaragua se acaba de aprobar una segunda operación del Programa Socioambiental y de Desarrollo Forestal (POSAF), basada en los resultados positivos de la primera fase. Los agricultores toman medidas de preservación y uso racional de tierras, agua y bosques, no simplemente porque son buenas para el medio ambiente, sino porque significan para ellos una fuente de mayores ingresos y una mejor calidad de vida. A fines del año 2000 se realizó la Sexta Reunión Regional del Programa Marco de las Naciones Unidas para el Combate de la Desertización en San Salvador con apoyo del BID y fondos daneses de cooperación técnica para la preparación de los informes técnico-científicos. Éstos confirman que grandes áreas de la región están amenazadas por procesos de desertización e impactos de sequías, debido principalmente a la acción del hombre. Reconociendo esto, los países centroamericanos se han comprometido a preparar un plan de acción nacional para la lucha contra la desertización y la sequía. "El BID está en una excelente posición para ayudar a la eventual implementación de estos planes", según Quiroga. El reconocimiento de que muchas tragedias pasadas podrían haberse evitado o aminorado, ha servido de toque de alerta para tomar decisiones drásticas y a largo plazo en América Central. El proceso de reconstrucción de las zonas afectadas por el Mitch incluye acciones integradas de regulación y administración de las cuencas fluviales que, de llevarse a buen término, controlarían buena parte del impacto de futuros desastres naturales en la región. En el mejor de los casos, la acción planificada del hombre permitiría amortiguar los catastróficos efectos de una naturaleza desatada, no empeorarlos. Publicado: Octubre 2001 |
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