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¿Tendría un clima cálido algo que ver con la desigualdad social?

Lindo clima, malas instituciones

Un historiador descubre conexiones entre el clima, las instituciones, la equidad y el desarrollo

Por Charo Quesada

La riqueza del suelo, la bonanza del clima y el capital humano pudieron determinar las grandes diferencias entre norte y sur de Las Américas, según una nueva teoría.

Las tremendas desigualdades entre el Norte y el Sur siguen desconcertando a quienes buscan explicación a una situación tan dispar y frustrando a quienes pretenden resolverla. Los expertos en desarrollo se cuentan entre estos últimos. ¿Cuál es la razón —se preguntan políticos, historiadores y economistas— para que el hemisferio sur de las Américas y el Caribe, antaño fuente de riquezas de imperios aborígenes y coloniales, permanezca hoy décadas por detrás de los vecinos del norte?

Entre conjeturas posibles y probables para explicar este fenómeno, dos se repiten con mayor frecuencia. La primera argumenta que la era colonial explotó y agotó los recursos materiales y humanos, dejando un legado de atraso y desigualdad hasta hoy insuperable. La segunda se basa en el mayor nivel de desarrollo de las instituciones de los colonos británicos que desde un comienzo construyeron un tipo de sociedad más equitativa y democrática.

El profesor Kenneth L. Sokoloff, historiador de economía de la Universidad de California en Los Angeles, propone hoy una nueva teoría que se remonta al período anterior a los descubrimientos del Nuevo Mundo. El clima favorable y la riqueza del suelo, según Sokoloff, han tenido consecuencias profundas y duraderas que condicionaron rumbos diferentes para el norte y el sur.

Sokoloff, quien presentó un ensayo titulado Instituciones, factores naturales y caminos al desarrollo en el Nuevo Mundo durante una conferencia en la sede del BID en febrero pasado, hace el siguiente planteamiento. Cuando españoles y portugueses llegaron a orillas americanas se decantaron por asentamientos en climas benignos con suelos fértiles o ricos en minerales. Es decir, el Caribe y el sur del continente. Esto permitió la explotación de las tierras a base de grandes plantaciones o empresas mineras. Desde un principio, la desigualdad formó parte del sistema. Plantaciones y minas requerían mano de obra masiva. Donde no hubo poblaciones indígenas disponibles se importaron esclavos de Africa. Lógicamente, las instituciones que nacieron bajo este signo defendían los intereses de las elites, restringiendo drásticamente los de las masas explotadas.

En contraste, el norte del hemisferio ofrecía muy poco a los colonos ingleses, aparte de un horizonte para sus ilusiones. Un clima inhóspito en algunos casos, tierras poco fértiles y un número de aborígenes insuficiente para su explotación masiva favorecieron una mejor distribución de la tierra y esto dio lugar a un mayor número de propietarios independientes.

La distribución más equitativa de la riqueza y del poder en el norte contrastó con la arbitrariedad que imperó en el resto de las Américas en este orden. Esto, argumenta el profesor Solokoff, contribuyó a una distinta evolución en el desarrollo de las instituciones, mucho más participativas y avanzadas en el norte, en áreas tan cruciales como el derecho al voto, el reparto justo del poder y el acceso a la educación.

Esto explicaría el auge inicial de las sociedades coloniales en el Caribe y el Sur, y su decadencia a partir de fines del siglo XVIII, cuando las colonias del norte, favorecidas por la revolución industrial, se fueron distanciando de una manera cada vez más evidente.

Según Sokoloff, los factores externos, tales como la nacionalidad de los colonizadores y su bagage religioso, político y cultural, no marcaron los distintos caminos de la región sino que fueron factores añadidos a otros internos originados por las condiciones naturales existentes.

Sokoloff apoya su estudio con estadísticas y ejemplos consistentes con esta teoría. Las colonias británicas del Caribe, por ejemplo, sufrieron el mismo destino que sus vecinos a pesar de pertenecer al Imperio Británico. Argentina, Uruguay y Costa Rica, por otro lado, podrían citarse como excepciones a la regla de que el imperio español marcó a todas sus colonias por igual.

En resumen, Instituciones, factores naturales y caminos al desarrollo en el Nuevo Mundo plantea toda una paradoja: la riqueza natural y la bonanza del clima jugaron una mala pasada a una gran parte de las Américas. Y el problema sigue sin resolverse.

Publicado: Junio 2001

Texto completo del ensayo de Sokoloff (Sólo en inglés)

"Although one could imagine that extreme inequality could take generations to dissipate in even a free and even-handed society, such biases in the paths of institutional development likely go far in explaining the persistence of inequality over the long run in Latin America and elsewhere in the New World."

Kenneth L. Sokoloff
Universidad de California,
Los Angeles
(Extraído de Institutions, Factor Endowments, and Paths of Development in the New World)