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BIDAmérica:
El resurgimiento de la
democracia en América Latina en los últimos 15 años
es una fuente de orgullo en la región, pero ahora usted nos
presenta el titular de Democracia en déficit. Suena
como un jarro de agua fría ¿A qué se refiere?
Carrillo:
En América
Latina utilizamos lo que se entiende por democracias electorales,
es decir, democracias que tienen como punto de partida elecciones
libres y periódicas que hasta cierto punto cumplen con los
cánones formales de carácter institucional. Aquí
se ha creído que por el mero hecho de avanzar en el derecho
a sufragio de los ciudadanos ya la democracia está consolidada.
Realmente la tarea es mucho más compleja y profunda que eso.
El paso de una democracia
formal a una democracia real es muy complejo. Exige instituciones
democráticas sólidas, que es lo que no ha tenido América
Latina recientemente, instituciones políticas para la democracia
real y no sólo para la democracia formal. Y el tema de los
derechos de las personas, no sólo el de los derechos políticos,
aparece como el primer gran desafío.
En el caso del desarrollo,
el énfasis ha pasado de centrarse en los déficits
económicos en los años setenta a la preocupación
por los déficits sociales. Hoy se entiende que está
fallando lo que tiene que ver con las instituciones políticas,
que el desarrollo político es el punto de partida para el
desarrollo económico y social.
BIDAmérica:
¿Se tenía
la impresión equivocada de que la democracia consistía
en celebrar elecciones y poco menos que echarse a dormir?
Carrillo: La
democracia es un sistema que configura las relaciones del poder
con los ciudadanos y que se vive diariamente. Por ende, implica
grandes desafíos para el gobernante. No basta con cumplir
con una fórmula constitucional de ir a unas elecciones y
de poner a votar a los ciudadanos.
Y ésto nos lleva
a un catálogo de déficits de la democracia y nos encontramos
con las debilidades de las instituciones, con poderes judiciales
que no son independientes, congresos que son débiles, sistemas
electorales que no son transparentes, con la inexistencia de frenos
y contrapesos que permitan que haya controles, rendición
de cuentas de los funcionarios públicos a los ciudadanos.
Todo un catálogo que lleva necesariamente a demostrar que
es muy grande la tarea por delante.
El gran desafío
para los jefes de estado y para la dirigencia política de
América Latina es dejar atrás ese pasado de despotismo,
de caudillismo, de clientelismo y entrar, por el contrario, a un
círculo virtuoso donde hay democracia, desarrollo y lucha
contra la pobreza y desigualdad.
BIDAmérica:
México ha sorprendido
al mundo en las últimas elecciones dando un vuelco al sistema.
Utilizando mecanismos impecablemente democráticos, pudo retirar
a la oposición a un partido que se había adueñado
del poder en el país durante décadas. ¿Qué
hizo que esto fuera posible?
Carrillo:
En México
era evidente que la oposición venía ganando posiciones
dentro del mapa político, pero se necesitaba una institución
nueva, típica de la democracia, que garantizara no sólo
la transición sino la alternancia en el poder que los mexicanos
no habían experimentado desde hacía mucho tiempo.
Este es un ejemplo de cómo aterrizar una reforma en la práctica.
Demuestra que el gran aporte fue la creación de una institución
electoral que gozara de confianza, transparencia y credibilidad
que permitiera que se hiciera la transición democrática
en México de esa manera.
Si no existen reglas
claras de juego, no existe pluralidad, no puede darse alternancia
en el poder y se van a seguir consolidando los vicios que arrastra
el sistema político latinoamericano. Lo que se hizo en México
es precisamente romper con esa tradición y demostrar que,
por la vía de la modernización de una institución
democrática, la electoral, se podía producir un cambio
de esta envergadura.
BIDAmérica:
La población latinoamericana
ha sido muy dada al culto a las personalidades fuertes, al respeto
a los intocables. ¿Cómo afecta esto a la democracia?
Carrillo:
Hay casi una maldición
histórica que tiene su origen en la colonia y que después
se ha caracterizado como la ecuación del virrey-caudillo-dictador-presidente.
Y en esas democracias débiles de la región el presidente
sigue siendo un poquito de todas esas cosas. Fundamentalmente porque
ha sido el poder ejecutivo y las competencias públicas quienes
han ocupado todos los espacios de la política. La forma tradicional
de hacer política ha estado siempre radicada en la cabeza
del poder ejecutivo. El presidente es el único canal de tramitación
de las necesidades ciudadanas. Y no puede ser así. Hace falta
un poder legislativo que represente, fiscalice, que sea la instrumentalización
de la participación ciudadana. Y un poder judicial que vigile
a los otros poderes del estado.
Existen otros instrumentos
de la democracia cada día más importantes en América
Latina: el ombudsman, el defensor de los derechos humanos, los fiscales,
las contralorías, las auditorías sociales, que son
el común de la gente auditando la gestión pública.
La sociedad civil sigue abriéndose camino y demostrando que
los modelos tradicionales, caudillistas, corporativistas, clientelistas,
están llamados a extinguirse.
El grito en América
Latina es que tenemos que devolver la majestad a la política,
recuperar la política como instancia de articulación
de los ciudadanos. No hay que pensar en la abolición de la
política. Hay que abolir lo negativo y construir las instituciones
arrancando desde abajo. Siempre en función de la comunidad.
La participación y la democracia son la receta principal
para que las políticas públicas sean eficientes. Y
esto se puede corroborar con datos.
BIDAmérica:
¿Qué hace
falta para que los ciudadanos respeten las instituciones?
Carrillo:
El Latinobarómetro
asegura que se recupera la credibilidad, la confianza y la legitimidad
de las instituciones a medida que el estado funcione, ofrezca soluciones,
y que la democracia dé resultados. Lo está pidiendo
la gente a gritos. Por esto necesitamos instituciones de participación
y representación ciudadana, tratando de erradicar los vicios
tradicionales.
BIDAmérica:
¿Cuáles son
los principales obstáculos en el camino hacia la organización
de democracias reales?
Carrillo:
Se requiere una
voluntad política por parte de la dirigencia de América
Latina. Cada día aparecen más dirigentes asegurando
que es necesario renovar la política tradicional, que frente
a la globalización tiene que haber respuesta de carácter
político. Y, sobre todo, que para reformar la democracia
hay que reformar el estado. De hecho, es lo que el BID ha estado
haciendo en respuesta a estas necesidades, con programas de reforma
judicial, de fortalecimiento del poder legislativo, de anticorrupción,
programas contra la violencia y de convivencia y seguridad ciudadana.
Tratando de recuperar esos espacios de credibilidad y legitimidad.
BIDAmérica:
Últimamente
hemos visto muchos programas de anticorrupción, pero pocos
parecen dar resultados. ¿Por qué?
Carrillo:
Los instrumentos
de anticorrupción deben estar necesariamente encuadrados
dentro de la separación de poderes. Lo que no está
funcionando en América Latina es entregarle de nuevo, mesiánicamente,
a un solo funcionario la lucha anticorrupción. La mayoría
de los grandes programas no están funcionando por esta razón.
El crear oficinas especializadas con grandes poderes, desconociendo
la separación de poderes públicos, como son las competencias
del legislativo, del ejecutivo y de los órganos independientes
de supervisión y control, está abocado al fracaso.
Lo que ha venido funcionando ha sido resultado de acciones conjuntas
de varios poderes y de respeto a los principios constitucionales.
Por esta razón se están dando estos escándalos
en donde quienes persiguen terminan más corruptos que quienes
ellos tratan de perseguir.
BIDAmérica:
¿Existe
un déficit en la educación cívica?
Carrillo:
Existe una gran cantidad
de nuevas asociaciones populares, cívicas, sociales, que
están tratando de buscar cómo aterrizar en los escenarios
del diseño y del monitoreo de las políticas públicas.
En realidad, esto va muy de la mano de las auditorías sociales
que han funcionado en algunos países del continente. Demuestran
que el monopolio de la política no lo va a tener necesariamente
el Estado, independientemente de que se respete el papel de los
partidos políticos como canal tradicional para tramitar las
necesidades de los ciudadanos.
La labor de la sociedad
civil es más de monitoreo, de supervisión y no de
involucramiento en la política partidista, no es su lugar
el reemplazar a los partidos políticos.
BIDAmérica:
¿Tiene
la política que sacudirse la mala fama que acumuló
en el pasado?
Carrillo:
Gráficamente,
hablamos de la necesidad de pasar de la política con pe minúscula,
corporativista, caudillista, a una política con pe mayúscula,
que tenga en cuenta las necesidades del ciudadano y sea capaz de
renunciar a todo lo que han sido estos déficits que se han
acumulado en relación con la configuración de la democracia
en América Latina.
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