Una
revolución desatada por cifras
El último censo catapultó a la población
latinoamericana de Estados Unidos al primer plano de la actualidad
Por Charo Quesada
La prensa estadounidense
viene proclamando la noticia a los cuatro vientos con grandes titulares.
Según el último recuento censal, la comunidad hispana
de EE UU dio en una década un salto gigantesco
hacia adelante para convertirse en la minoría más
numerosa del país, a la par con los afroamericanos. Un crecimiento
aproximado del 60 por ciento.
No es que la presencia
masiva de hispanos en Estados Unidos fuera un secreto. Gran parte
de los 35.3 millones de latinos censados llevan viviendo en el país
una, dos o más generaciones. Pero el peso del censo ha revalidado
ahora esa realidad y, según los pronósticos, las consecuencias
del recuento del 2000 serán drásticas, ya que se traducirán
en un mayor poder político, una dinámica cultural
diferente, mejores servicios y, sobre todo, mayor atención.
Porque, aunque el destino
natural de los latinos en EE UU parecía ser el de domésticos,
meseros, jardineros y proveedores de servicios menores, hoy la realidad
es diferente. Según un último estudio del Tomás
Rivera Policy Institute de California, la clase media hispana
en EE UU creció un 80 por ciento en los últimos 20
años. Entre sus filas se cuentan congresistas, alcaldes,
ejecutivos, grandes consumidores y, sobre todo, votantes. Sin demora,
gobernantes, políticos y gentes de negocios se han lanzado
a la conquista del corazón y del bolsillo hispano.
Datos
frente a especulaciones. Hasta
que el país no ha visto los números en el papel la
estrella latina no ha comenzado a brillar en la Constelación
USA, con todas sus consecuencias. Una población de 35.3 millones
de hispanos (tres millones más de lo previsto), son ciertamente
una muy respetable cantidad de votos para un Congreso dividido casi
por la mitad; son muchas almas que se expresan mayoritariamente
en español, se sirven salsa en lugar de ketchup, prefieren
tortillas, ritmos sabrosos y colores vivos, y necesitan todos los
servicios sociales y las oportunidades que cualquier presente o
futuro gobernante les quiera ofrecer.
Estados como California,
Florida y Texas o ciudades como Nueva York y Los Angeles, de tradición
hispana, han visto como sus cifras de población latina se
disparaban y batían récords anteriores. En California
los blancos no-hispanos han pasado a ser minoría y la población
de orígen latinoamericano es mayoría en Los Angeles
y Sun Valley, dos de las áreas más prósperas
y pobladas de este estado. Texas sigue idéntico camino. En
Florida, el voto latino creció un 70 por ciento, superando
por primera vez a los afroamericanos.
Pero es en estados no
tradicionalmente hispanos donde el salto ha sido mayor, habiéndose
duplicado en Oklahoma, Oregon y Carolina del Norte. En Arizona creció
un 80 por ciento. En Annapolis, capital de Maryland, la población
hispanohablante se multiplicó por cinco.
El impacto de estas
cifras no se ha hecho esperar. En Oregon, en plena campaña
electoral y con estos nuevos datos en mano, el candidato republicano
a gobernador, Gordon H. Smith, dio un giro súbito a su estrategia
política. Alejándose con rapidez de la línea
que siguen muchos miembros de su partido, Smith dejó de atacar
a los inmigrantes. Ahora el candidato corteja el voto hispano con
programas de ayuda social, residencia para indocumentados y un aumento
de servicios de salud y educación.
La comunidad hispana
tiene también su crecimiento asegurado frente al resto de
la población, ya que forma un sector mayoritariamente joven.
Con una edad promedio de 25.9 años, frente a 35.3 de la mayoría,
son una década más jóvenes que el resto del
país y tienen un mayor índice de fertilidad.
Consecuencias
sin fin.
El 80 por ciento de los fondos federales de EE UU están atados
al censo, que hoy se ha convertido en la principal fuente de información
para el gobierno, para el mercado y para la distribución
política del país. Escuelas, carreteras, centros de
salud, ayudas sociales, servicios de correos, accesos a autopistas
y una lista interminable de programas y servicios se distribuyen
de acuerdo con el mapa que dibuja el censo para cada década.
Cientos de negocios,
nuevas tiendas, centros comerciales, listas de clientes, oferta
de medios de comunicación, y otra lista interminable de productos
comerciales se diseñan y distribuyen después de que
los expertos en mercadeo han estudiado con detalle el número,
las características y la ubicación de posibles clientes.
Las grandes corporaciones del país invierten muchos millones
de dólares en publicidad en idioma español y no pueden
fallar en sus objetivos.
Los partidos políticos
también quieren adivinar el futuro con el censo delante.
El recuento y la redistribución de poblaciones y distritos
electorales repercute directamente en la composición del
Congreso en Washington y de los parlamentos estatales. Cada nuevo
trazo del mapa puede representar una victoria para el partido rival,
cada puñado de votos es decisivo en un mapa político
disputado casi al milímetro por republicanos y demócratas.
Multiculturalismo.
La corrección de errores e inexactitudes de censos anteriores
fue una de las causas de la "sorpresa latina" del 2000.
El gobierno federal de Estados Unidos hizo un gran esfuerzo por
incluir al máximo de ciudadanos en el último recuento,
prestando una atención especial a las minorías excluídas
en el pasado. Se llevaron a cabo campañas de comunicación
y se proporcionaron cuestionarios en diferentes idiomas. Por vez
primera también se amplió la paleta de colores del
mosáico, permitiendo combinaciones de las tradicionales categorías
étnicas. Esto hizo posible que los encuestados se describieran
como como "blanco-asiático", "blanco-indio
americano", "blanco-inuit" y así hasta 63
distintas categorías raciales. Se han dado casos de personas
que se han identificado con una combinación de cinco y hasta
seis diferentes grupos raciales.
A pesar de estas nuevas
opciones, en Estados Unidos toda la gente de habla española
lleva colgado el cartel étnico de "hispanos",
sin apenas distinguir a un mexicano de un cubano, o a un guatemalteco
de un colombiano. Según las últimas estadísticas,
un 58.5 por ciento de los latinos en EE UU es de origen mexicano,
un 9.6 por ciento de origen portorriqueño y un 4.8 por ciento
de origen centroamericano. El resto de América Latina y el
Caribe están representados en menores proporciones. En el
apartado de raza, sin embargo, el censo del 2000 ha permitido por
vez primera que los hispanos puedan autodefinirse de acuerdo con
sus rasgos físicos y el color de su piel.
Yo
© Latinos. Si hay algo
que hace palpitar el pragmático corazón de Estados
Unidos, ese algo son los números, las estadísticas,
los sondeos. Con el censo del 2000, el peso de las cifras ha borrado
por un momento esa imagen del inmigrante latino pobre, poco educado
y bullanguero.
El tiempo medirá
el verdadero impacto que este censo tendrá en la comunidad
latina de EE UU. De momento, hasta el mismo presidente George W.
Bush da algunos indicios: flirtea constantemente con el idioma español
en sus declaraciones públicas, ha puesto a varios funcionarios
hispanos en puestos clave de su gobierno, y está cultivando
un relación sin precedentes con su homólogo mexicano,
Vicente Fox. Los asesores de Bush le advierten que el voto hispano
será decisivo en las próximas elecciones: de un 31
por ciento de apoyo latino en el 2000 necesita llegar al 40 si quiere
seguir siendo presidente en 2004.
La comunidad latinoamericana
puede esperar que, si el presidente ya les hizo un guiño
de ojos tan evidente, muchos otros pretendientes políticos
seguirán sus pasos en los próximos años.
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