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Música del otro lado del tiempoMúsica precolombina: los instrumentos quedaron, su música desaparecióPor Roger Hamilton La música es la más frágil de las artes. Mientras el esplendor de los templos mayas y de las esculturas aztecas siguen hablándonos con fuerza, los antiguos instrumentos permanecerán mudos para siempre en las colecciones de los museos. Los pueblos precolombinos no dejaron testimonio escrito sobre cuál era el sonido de su música. Pero, incluso de haberlo hecho, no habría servido de mucho. Por ejemplo, a pesar de contar en la actualidad con una gran abundancia de partituras de la Edad Media europea, los musicólogos no pueden explicarnos con certeza de qué manera se tocaban esas notas. La única prueba que tenemos sobre la música de culturas tan avanzadas como la inca, maya y azteca son algunos instrumentos, bocetos visuales de músicos y descripciones fragmentarias escritas por observadores españoles después de la Conquista. Este pequeño tesoro informativo es objeto del análisis de académicos que reciben el impresionante título de "etnoarqueomusicólogos". "Sabemos qué tipo de instrumentos tenían, qué sonidos producían y de qué manera se utilizaban, pero no el tipo de música que se tocaba con ellos", afirmó Chalón Rodríguez, estudioso de la música antigua americana, durante una presentación organizada por el Centro Cultural del BID. En México, en tiempos de la Conquista, el clero español incorporó la letra de poemas cristianos a la música indígena como medio para convertir a los aztecas, aseguró Rodríguez. Pero los escritos que documentaban la música se perdieron. Estas tres culturas , la inca, la maya y la azteca, estaban representadas por una gran variedad de instrumentos. Especialmente en los Andes, las versiones de muchos de ellos se pueden escuchar todavía hoy, principalmente flautas, trompetas y tambores. En la era precolombina, es notable la ausencia de instrumentos de cuerda (introducidos porteriormente por los españoles), y de ciertos instrumentos de viento. Los instrumentos de aquel tiempo eran de muchos tamaños, desde las ocarinas de barro tan diminutas que los dedos apenas cubrían sus orificios, hasta trompetas más grandes que los músicos que las tocaban. Los tambores, muchas veces de distintas tonalidades, eran el latido principal de las ceremonias. La mayor parte de los instrumentos estaban decorados, algunos con profusión. Otros estaban hechos con gran ingenio, como las flautas de dos, tres y cuatro tubos que el músico podía seleccionar y tocar simultáneamente a su gusto. Aunque no existen dudas de que se tocaban distintos tipos de música para ocasiones diferentes, es también importante saber quién tocaba cada instrumento. En la cultura inca, según Rodriguez, tan sólo las mujeres tocaban un tambor llamado huancara. Y sólo los hombres tocaban las flautas y las flautas de Pan. Incluso los animales participaban de la aventura musical. La concha marina prestó su caparazón para convertirse en trompeta de una nota, un instrumento que producía un tono inquietante y profundo. El caparazón de la tortuga se convirtió en instrumento de ritmo que se tocaba con el cuerno de un ciervo. La música ocupaba un lugar enormemente destacado en la vida religiosa, y la religión se filtraba en todos los aspectos de la existencia, aseguró Rodríguez. Cada una de las actividades exigía una ceremonia religiosa, y cada ceremonía exigía la presencia de músicos. Por ejemplo, los aztecas creían que la música era una manera de hablar a los dioses. Esta creencia situaba a los músicos en una posición privilegiada, dijo Rodríguez. Por un lado, estaban exentos de pagar impuestos. Por el otro, corrían un grave peligro: si un músico cometía un error, y ofendía así al dios, era muy probable que este músico tuviera que ser sacrificado.
Publicado: Agosto 2001 |
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