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Un diagnóstico evitableUn nuevo libro revela que la salud de la mujer en América Latina y el Caribe podría ser mucho mejor. Una cuestión de información y políticaPor Charo Quesada La salud de las mujeres latinoamericanas y caribeñas es peor de lo que se suele suponer. Durante los últimos 30 años los índices de fertilidad y mortalidad general en la región lograron descensos impresionantes y la expectativa de vida de las mujeres en algunos países es actualmente cercana a los 80 años. Pero ese regalo de longevidad no siempre produce bienestar. En América Latina y el Caribe muchas mujeres son desproporcionadamente afectadas por enfermedades crónicas como la diabetes y por trastornos circulatorios y reumáticos. Sufren también una alta incidencia de ciertos tipos de cáncer y desórdenes mentales y ocupacionales propios de nuestra época. ¿Cuál es la razón? Según La Salud de la Mujer en América Latina y el Caribe, un estudio recién publicado por el BID, la Organización Panamericana de la Salud y el Banco Mundial, estos problemas se deben en gran medida a políticas de salud que no toman en consideración las notables diferencias biológicas y socio-económicas entre los géneros. Las decisiones sobre la salud femenina han sido tradicionalmente tomadas por la pareja, por líderes comunitarios y funcionarios ministeriales (hombres, en su mayoría), que actúan en base a prioridades colectivas y uniformes. Sin embargo, las necesidades de salud de la mujer son, en muchas formas, diferentes a las de los hombres, y presentan desafíos especiales que derivan de su condición de madres (o posibles futuras madres) y de su tradicional situación de subordinación en el hogar, en la comunidad y en los estamentos oficiales. El nuevo estudio indica que en América Latina se invierte menos en la salud de la mujer que en la del hombre. El acceso de las niñas a la atención médica y a la educación es inversamente proporcional al ingreso y más vulnerable a las perturbaciones económicas. Resulta revelador un estudio de Duncan Thomas, realizado en 1994 en Brasil, que demuestra que las niñas de mayor estatura provienen de hogares donde las decisiones de salud son hechas por la madre. No sorprende que quienes salen peor paradas del análisis sean las mujeres pobres de la región, y las campesinas peor que las urbanas; ni que las mujeres de clase media y media-alta dispongan de mejor atención pública y privada, mientras que las pobres apenas reciben los servicios más básicos; ni que los recursos disponibles tiendan a concentrarse en los grandes complejos hospitalarios urbanos y llegando en forma muy limitada a las mujeres en zonas rurales. Pero contrario a lo que suele suponerse, la solución a este desequilibrio no requiere un aumento masivo de los recursos destinados a la salud femenina. Los autores del nuevo estudio proponen que la situación podría mejorar de forma considerable sin aumentar drásticamente los recursos disponibles si hubiera un mayor conocimiento de la realidad sanitaria, económica y social de las mujeres y si estos se aplicaran a las nuevas reformas de salud que se están llevando a cabo en la región. Los gobiernos son conscientes de la problemática y están haciendo un esfuerzo por rectificar estos grandes desequilibrios, afirma Amanda Glassman, especialista del BID y una de las autoras del estudio. Pero agrega que en muchos países recién se están empezando a formular estrategias de salud que atiendan las necesidades específicas de la mujer. La madre, una inversión rentable. No hacer nada sería echar piedras sobre el propio tejado. La mujer es la pieza clave en la familia. De su salud y de su educación e información sobre este tema dependen el nacimiento de hijos sanos, el control de natalidad, y una buena atención a su crianza. En muchas ocasiones la mujer también proporciona el cuidado de otros adultos y ancianos del entorno familiar. Cuando la salud de la mujer falla, las repercusiones sobre este círculo de dependientes suelen tener consecuencias nefastas. Es crucial que los gobiernos sean conscientes del efecto inter-generacional de la salud de las mujeres, asegura Glassman. La información juega un papel muy importante y en general es muy escasa y totalmente insuficiente, sobre todo en cuanto a salud reproductiva. Por naturaleza, la mujer atraviesa un largo período de fecundidad en su vida y no es de extrañar que los expertos destaquen la importancia y los beneficios de invertir en su salud reproductiva. En general, la educación en este campo es muy escasa, según el estudio antes mencionado. En los países de estatus bajo y medio hay pruebas de una situación nutricional deficiente, altos e indeseados niveles de fecundidad, maternidad de alto riesgo y servicios prenatales deficientes. Entre un tercio y la mitad de las gestantes de la región sufren de la anemia por deficiencia de hierro. Las mujeres con mayor riesgo de padecer problemas relacionados con el embarazo no tienen acceso a los servicios básicos de salud. Aunque la tasa de fecundidad promedio ha descendido de 5.0 a 2.7 por mujer, las diferencias entre pobres y ricos son extremas. En Perú, por ejemplo, el 20 por ciento de mujeres más pobres tiene un promedio de 6.6 niños, comparado a un promedio de 1.7 niños correspondiente al 20 por ciento de las mujeres con mayores ingresos. Publicado: Febrero 2002 |
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