ECOTURISMO
 
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Vitória da Riva Carvablho, ecologista y mujer de negocios, organiza la partida de un grupo de visitantes hacia su albergue para ecoturistas.

La pionera

Supo demostrar todo lo que el turista puede hacer en la selva

Por Roger Hamilton

Según cuenta Vitória da Riva Carvalho, su decisión de construir un albergue para ecoturistas, hace una década, no fue recibida con entusiasmo por los habitantes de Alta Floresta, estado de Mato Grosso, Brasil.

“Pensaban que estaba loca”, recuerda. “Querían saber, ¿‘qué va a hacer la gente en medio de la selva?’”

Y lo que es peor, la tachaban de egoísta, convencidos de que el único objetivo de su pasión por conservar la naturaleza era la necesidad de atraer ecoturistas a su albergue. “Decían, ‘salvar los bosques es sólo negocio para tí. Si queremos vivir, tenemos que talar los árboles’”.

“Sufrí mucho”, admite.

Es evidente que en su familia ha existido un cierto toque de locura. En 1976, su padre, Ariosto da Riva, un ex buscador de oro, causó gran sorpresa cuando vendió todas sus pertenencias para comprar 800.000 hectáreas de selva amazónica. Después, distribuyó gran parte de su tierra a 150.000 colonos y fundó Alta Floresta. Fue entonces cuando concibió la idea de diseñar una comunidad con parques y anchas avenidas que el año pasado celebró su vigésimoquinto aniversario.

“El fue un pionero y yo soy una pionera del ecoturismo”, dice Riva Carvalho. Pero a diferencia de su padre, ella no es una pionera de alardes bravucones. Con sus pantalones bien planchados y sus lentes al cuello, representa el arquetipo de la empresaria exitosa (es también propietaria de un hotel en Alta Floresta). Habla con clara autoridad y advierte cualquier detalle fuera de lugar. Durante una reunión, con un movimiento casi imperceptible de un dedo puede llamar instantáneamente a su lado a uno de sus empleados.

Pero su pericia empresarial está alimentada con una fuerte dosis de idealismo. Criada en la finca de su padre, pasó sus primeros años al aire libre. Su amor por la naturaleza siguió vivo cuando fue a vivir a São Paulo para enseñar inglés, casarse y formar una familia, y más tarde estudiar administración de empresas.


Un ala rota ha convertido a esta cigüeña en mascota del albergue ecoturístico.

Un comienzo lento. Iniciar un negocio de ecoturismo fue un salto hacia lo desconocido. “En aquel entonces, el ecoturismo no era nada”, recuerda. De manera que viajó al extranjero para tomar cursos y participó en un taller de ecoturismo en Brasil.

Eligió entónces un lugar para levantar su albergue ecoturístico, un recodo del río Cristalino, en medio de una vasta extensión de selva húmeda vírgen. Edificó un grupo de cabañas modestas y ancló una balsa en un tramo tranquilo del río donde sus visitantes pudieran disfrutar de una velada tranquila de charla y caipirinhas. Trazó una red de senderos y después esperó.

No acudió nadie. “Tuvimos inmensas dificultades”, recuerda. No tenía fondos para promoción ni ayuda del gobierno. Un mapa producido por la dirección estatal de turismo ni siquiera mencionaba a Alta Floresta, y menos aún su albergue para ecoturistas. Tampoco podía contar con publicidad televisiva gratuita, como obtenían los albergues para pescadores en el Pantanal, en la parte sur del estado. “Uno puede hacer un video mostrando a gente pescando, pero nadie está interesado en ver a gente observando aves”, explica.

Finalmente, recibió a su primer huésped, un ornitólogo estadounidense. A raíz de esa visita, corrió la voz de que aquel lugar era un paraíso para los aficionados a la observación de aves. Conocidas compañías internacionales especializadas en excursiones para aficionados a la ornitología comenzaron a enviarle clientes y algunos científicos empezaron a utilizar su albergue como base de operaciones. (Se puede hacer una visita virtual al Cristalino Jungle Lodge en www.cristalinolodge.com.br/.)

Aunque ser pionera del ecoturismo habría contentado a mucha gente, para Riva Carvalho no fue suficiente. Al tiempo que ponía en marcha su proyecto, contribuyó a fundar la Sociedad de Ecoturismo de Brasil, de la que fue elegida vicepresidenta. Se incorporó a la Sociedad Internacional de Ecoturismo con sede en Estados Unidos y participó en sus congresos. Por medio de su Fundación Ecológica Cristalino ayudó a convencer al gobierno estatal a establecer un parque natural de 66.900 hectáreas, contiguo a su propiedad, que también está bajo protección legal como Reserva Privada del Patrimonio Natural. Su fundación trabaja ahora para adquirir otras parcelas de foresta con alta biodiversidad, amenazadas por la expansión de la agricultura y la tala ilegal de árboles. Esas tierras podrían ser administradas por organizaciones no gubernamentales del Brasil, con asistencia de ONG internacionales.

Su proyecto favorito es convertir una isla propiedad de su familia en medio del río Teles Pires en base de operaciones para científicos visitantes.


El gobierno estatal declaró a la propiedad de Riva Carvalho Reserva Privada de Patrimonio Natural.

Buscando compañía. Cualquier cosa que ocurra en la Amazonía que tenga algo que ver con ecoturismo debe incluir a “Dona Vitória”, como se la conoce. El programa Proecotur, financiado por el BID, no es excepción. Mato Grosso es uno de los nueve estados brasileños que participan en este programa y Alta Floresta está en el centro del “polo de ecoturismo” de ese estado.

Cada uno de los “polos de ecoturismo” de Proecotur tiene un comité directivo integrado por funcionarios locales, hombres de negocios y representantes de la sociedad civil. Como miembro del comité de su área, Riva Carvalho contribuye a planear el futuro del ecoturismo en esta zona. Aunque la conservación sigue siendo de gran prioridad, ella reconoce la necesidad de crear más albergues ecoturísticos para fortalecer la justificación económica de proteger la naturaleza.

“Necesitamos una mayor masa crítica de ecoturismo”, dice. Un grupo de empresas de ecoturismo trabajando asociadas podrían realizar adquisiciones y campañas de promoción conjuntas. Una variedad de actividades locales atraerá más turistas y los animará a prolongar su estancia. El estado de Mato Grosso ya ha declarado a un río cercano “reserva de pesca deportiva” y un nuevo albergue ultima sus preparativos para recibir huéspedes. En una ciudad cercana se proyecta convertir en atracción turística una colina cubierta de misteriosas tallas en piedra.

Riva Carvalho cree que mejorar el transporte es un ingrediente clave para el crecimiento futuro. Recuerda que el primer avión que hacía el servicio local tenía 12 asientos y “volaba cuando les apetecía”. Las cosas han mejorado desde entonces, asegura. Pero el servicio aéreo es todavía incierto y caro. Un objetivo prioritario es conseguir tarifas con descuento para turistas, lo que contribuirá a estimular el turismo brasileño. Otro es ampliar el aeropuerto. Si aumenta el número de empresas de ecoturismo aumentará también la presión para que esos cambios se efectúen.

Por fin los habitantes de Alta Floresta empiezan a entender, dice. “Ven que estoy trabajando para la comunidad y que todos podemos beneficiarnos protegiendo la selva. El ecoturismo es una de las formas más hermosas de proteger la naturaleza”.

Publicado: Febrero 2002

Un comienzo lento.
Buscando compañía.


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