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1.400 años de arte hondureñoSenderos expresivos que llevan a destinos inesperadosPor Roger Hamilton A pesar de ser víctima frecuente de infortunios, como el huracán Mitch que recientemente devastó el país, Honduras atesora una impresionante tradición artística que supera sus pequeñas dimensiones y su relativa pobreza. Como muestra de esta riqueza y abarcando desde el esplendor de las tallas en piedra de la civilización Maya, a pinturas y cerámicas contemporáneas, la Galería de Arte del Centro Cultural del BID presentó el pasado agosto la exposición Senderos del Arte Hondureño. El diario The Washington Post calificó la muestra como un ejemplo de "imaginación" del curador. Las piezas precolombinas, exhibidas por primera vez fuera de la antigua ciudad de Copán donde fueron reciente descubiertas, datan del período Clásico Tardío de la civilización Maya (600900 d.c.), una época de rápido desarrollo cultural. Pocos años más tarde, sin embargo, la civilización Maya colapsaría por un número de razones relacionadas entre sí que los expertos aún tratan de esclarecer. Aunque la exposición no incluyó ejemplos de la impresionante alfarería maya, se presentaron cerámicas contemporáneas visiblemente enraizadas en la tradición precolombina. Estas piezas fueron creadas por artesanos lencas, indígenas que también cuentan con una larga tradición en alfarería. Lamentablemente, en años recientes, esta rica tradición artesanal ha venido desapareciendo gradualmente. Su resurgimiento actual se debe al esfuerzo de la antropóloga y diseñadora hondureña de origen italiano Alessandra Foletti. Hace dos décadas, con apoyo del gobierno suizo, ella lanzó un movimiento de renovación que condujo a un programa nacional para la recuperación y promoción de la artesanía indígena, una de las principales iniciativas de la Secretaría de Cultura, Artes y Deportes de la nación. Algunas de las cerámicas presentadas en la exhibición fueron diseñadas y producidas por artesanos lencas, con unas claras raíces precolombinas y coloniales. Otras fueron diseñadas por Foletti, como resultado de lo que el catálogo de la muestra describió como "un proceso dinámico y participatorio de inspiración y retro-inspiración entre la diseñadora y los alfareros". En el área de la pintura, la muestra incluyó trabajos del maestro Pablo Zelaya Sierra, y de jóvenes artistas, como Xenia Mejía y Byron Lombardo Mejía. Zelaya Sierra, quien pasó gran parte de su vida profesional en España, empleaba un poderoso estilo visual que contenía reminiscencias de otros maestros latinoamericanos, como Rivera y Portinari. En 1932, Zelaya Sierra regresó a Honduras y murió un año después, privado del tiempo y el apoyo que le hubieran permitido estimular el movimiento artístico en Tegucigalpa. Las obras de Xenia Mejía son testimonio de los horrores causados por el huracán Mitch, al revivir aquella tragedia humana, reflejo de las experiencias y emociones de su visita a las zonas devastadas. Las obras de Lombardo Mejía incluídas en la exposición fueron inspiradas por otro tipo de tragedia, la de la condición humana. Al evocar imágenes de un campo de concentración, trae a la mente la irracionalidad de la conducta cotidiana del hombre, ignorante de las leyes más elementales de decencia y convivencia. "Todas las obras reunidas aquí marcan hitos históricos de los múltiples caminos que surgen de momentos, sitios y situaciones diferentes", dice el curador del Centro Cultural del BID, Félix Ángel. "En su conjunto, forman parte de lo que podría considerarse una definición de la personalidad cultural de Honduras". Publicado: Septiembre 2001 |
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