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El SIDA surge entre las sombrasA menos que los países de la región actúen de inmediato, la epidemia de VIH/SIDA será incontrolablePor Charo Quesada El pasado mes de junio, la Organización de las Naciones Unidas convocó una Sesión Especial de la Asamblea General para tratar sobre la situación crítica de la epidemia del VIH/SIDA en el mundo. La ONU, que tan sólo convoca una Sesión Especial cuando se amenaza la paz en algún lugar del mundo, decidió elevar por vez primera un tema de salud al nivel de una amenaza de guerra y lanzó un llamamiento para una movilización general por considerar al SIDA una cuestión de seguridad mundial. América Latina y el Caribe acudieron a esta convocatoria de la ONU con el presentimiento de que llegó la hora de tomar decisiones valientes para evitar una tragedia mayor. Hasta el momento, la respuesta de la región a la crisis del VIH/SIDA ha sido desigual y, en general, insuficiente. Crisis financieras, desastres naturales y el pulso constante en defensa de las nuevas democracias han sido algunas de las razones que desviaron la atención y los recursos necesarios para afrontar esta pandemia. Con las excepciones notables de Brasil y el Caribe, faltan liderazgo político, acciones multisectoriales y alianzas regionales que coordinen una iniciativa más agresiva y eficiente. Un ultimatum alarmante. ONUSIDA la agencia que se ocupa de este problema subió al podio con pruebas contundentes y propuestas concretas. O se actúa en este momento o la crisis será imposible de controlar. Las cifras hablan por sí solas. En 20 años, el virus ha infectado a 58 millones de personas y ha provocado más de 15 millones de muertes. A finales del año 2000, había 36,1 millones de personas infectadas en el mundo, un 90 por ciento de ellas en los países en vías de desarrollo, 25,3 millones tan sólo en África. Sin acceso a tratamiento y asistencia efectivos, otros 15 millones morirán a lo largo de los próximos cinco años. "Un número incontable se ha empobrecido", declaró ONUSIDA a los asistentes. "Los niños han perdido a sus padres, las familias sus propiedades, las comunidades sus maestros, agentes de salud, empresas y líderes. Los países han perdido inversiones realizadas durante décadas y las sociedades han perdido contribuciones inestimables a la vida social, económica, política, cultural y espiritual". A lo largo de dos décadas, mientras se fraguaba esta tragedia y un enemigo invisible invadía literalmente el planeta, la mayoría de los gobernantes del mundo miraba hacia otro lado. Se pensaba tranquilamente que la batalla se estaba librando en las afueras de la sociedad, en los guetos cerrados de la homosexualidad, la prostitución y la droga. Ninguna alarma que mereciera alterar el curso de las políticas nacionales o de los presupuestos. El estigma, la discriminación y la ignorancia echaron tierra sobre la pandemia de VIH/SIDA durante casi 20 años. La región despierta. Éste ha sido el caso de América Latina y el Caribe, hasta que las cifras empezaron a cantar una canción muy diferente. El virus dejó de ser exclusividad de poblaciones de "alto riesgo" homosexuales, comerciantes del sexo, drogadictos para atacar a otros sectores de la sociedad: mujeres, jóvenes, niños, adultos pobres. Actualmente, la mayoría de los infectados en el Caribe y Centroamérica son heterosexuales. Entre los afectados más vulnerables se encuentran las adolescentes, muchas de ellas embarazadas. Un 7 por ciento de dichas jóvenes porta el virus en Guyana, un 2.5 por ciento en Belize, entre un 2 y un 5 por ciento en la ciudad hondureña de San Pedro de Sula. Un 3.1 por ciento de los nuevos casos de contagio en Venezuela corresponde a recién nacidos. En Haití la tragedia es aún más preocupante: un 8 por ciento de los adultos infectados en las zonas urbanas, un 4 por ciento en el campo, un 13 por ciento de las mujeres embarazadas y, a fines de 1999, 74.000 huérfanos como saldo de la epidemia. En Brasil, con medio millón de personas infectadas por el VIH según las últimas cifras, la epidemia ha roto el círculo de la homosexualidad y las drogas para llegar ya a la población heterosexual. Y ésta parece ser la trayectoria de la enfermedad en otros países de la región donde el SIDA parecía haberse ensañado exclusivamente con poblaciones determinadas, como los homosexuales (México, Venezuela, Colombia) o los usuarios de drogas inyectadas (Argentina, Brasil). La epidemia actualmente. Según cifras recientes presentadas por ONUSIDA, en América Latina existen actualmente cerca de un millón de personas infectadas por VIH, y 360.000 en el Caribe. En el año 2000, entre adultos y niños, se detectaron 210.000 nuevos casos en la región, un 13 por ciento más de lo estimado para 1999, año en el que el número total de muertos ascendió a 48.000. La epidemia ha cobrado 557.000 vidas en 20 años. Y aunque las cifras de América Latina no despiertan la misma alarma que las de África, las del Caribe sí lo hacen. Además, hay muchas incógnitas por despejar. Aunque en muchos países faltan datos recientes. El estigma, la discriminación y la falta de recursos hacen sospechar que un gran porcentaje de casos sigue sin reportarse a los organismos que llevan el seguimiento de la epidemia. Incluso se cuestiona la fiabilidad de algunas metodologías utilizadas en el análisis y proyecciones de la epidemia en la región. Un informe reciente de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) advierte sobre el peligro de que la extrema diversidad en la intensidad, patrones de propagación y niveles de atención de la epidemia que se ven en América Latina y el Caribe, aumente el riesgo de una propagación mucho mayor. "Todas las formas de transmisión sexual, sanguínea y madre-hijo coexisten en la región y afectan a las poblaciones más diversas", exponía un documento de la OPS presentado el pasado junio ante las Naciones Unidas. "Los gobiernos deben obtener mejor información para descifrar los patrones de propagación y preparar respuestas adecuadas". Publicado: Septiembre 2001 |
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