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Un ambiente que estimula el cambioChile comienza a recoger los frutos de casi dos décadas de reforma educativa continuadaPor Laurence Wolff El autor ha sido consultor en la Unidad de Educación del Departamento de Desarrollo Sostenible del BID desde 1998. Anteriormente trabajó por 22 años en asuntos educativos en el Banco Mundial. Ha escrito extensamente sobre temas tales como la calidad de la educación, educación y tecnología, y evaluación educacional en el mundo del desarrollo. Wolff posee un Doctorado en Educación de la escuela de Educación de la Universidad de Harvard. La escuela Albert Einstein y su directora, Gladys Tejea, ofrecen un ejemplo contundente de lo que puede pasar cuando un sistema educativo facilita la innovación. El plan que Tejea propuso para sacar a esta escuela del círculo vicioso de fracaso difícilmente habría sido acogido en las burocracias educativas altamente centralizadas que todavía predominan en América Latina. Pero durante los últimos 15 años, Chile ha dado cada vez más flexibilidad y responsabilidad a las autoridades municipales de educación que están hoy a cargo de las escuelas públicas del país. En el actual entorno, una directora motivada como Tejea puede recibir el apoyo necesario para reclutar a un equipo comprometido de profesores y forjar una asociación dinámica con los padres de la comunidad, todo en beneficio de estudiantes que de otro modo hubieran quedado perdidos en el camino. En un contexto más restrictivo, la transformación de la escuela Einstein no hubiera podido ocurrir. Pero esta alentadora historia es sólo una entre muchas. Más aún, cabría preguntarse si la escuela Einstein es sólo una excepción. ¿Cuál es la situación general de la educación pública en Chile?
Esta cuestión resulta especialmente relevante porque ningún otro país en América Latina ha llevado a cabo un esfuerzo tan radical y universal para reformar su sistema educativo. A comienzos de los años ochenta, Chile decidió aumentar dramáticamente su inversión en educación primaria y secundaria, reduciendo en términos comparativos su apoyo a la educación superior. Creó un sistema de subsidios que permite a los padres enviar a sus hijos a escuelas privadas, con un costo mínimo o nulo, y un programa nacional de exámenes estandarizados (conocido como el SIMCE) que permite que los padres sepan cuáles escuelas tienen los mejores resultados académicos. Al mismo tiempo, se lanzaron varios programas de intervenciones específicas (como el programa P-900 descrito en Cómo priorizar la ayuda, en el enlace a la derecha) que ofrecen recursos especiales a las escuelas más pobres. A principios de los años noventa, el gobierno comenzó a introducir computadoras y conexiones a Internet en las escuelas. A comienzos de 1997, el gobierno inició también un programa para extender la media jornada de escuela a una jornada completa. Por último, el Ministerio de Educación realizó una serie de cambios curriculares cuyo objetivo era implementar modernos métodos de enseñanza. Lo más increíble es que este programa de reformas ha permanecido focalizado y consistente tras numerosos cambios de gobierno y de ministro. ¿Vale la pena? En los últimos años, investigadores de todo el mundo han visitado Chile buscando respuesta a una pregunta obvia: ¿Ha tenido esta reforma un impacto positivo? La respuesta es un sí con reservas. Los promedios de inscripción y terminación del ciclo primario superan hoy el nivel de 95 por ciento alcanzado al principio de los años noventa. Dentro de la educación secundaria, el promedio de inscripción aumentó de 67 por ciento en 1985 a 87 por ciento en 1998. Entre 1990 y 1996, los resultados de las pruebas SIMCE experimentaron una notable mejoría, y se redujo claramente la diferencia entre las escuelas de peores y mejores resultados. Sin embargo, muchos expertos han señalado que ciertos problemas técnicos en las pruebas SIMCE anteriores a 1996 impiden una comparación rigurosa de los resultados en el tiempo, un hecho que hasta cierto punto compromete la evidencia de esta mejora durante los primeros años de la reforma. En los últimos años, el Ministerio de Educación ha diseñado nuevas pruebas que permiten una comparación estadísticamente fiable de los resultados anuales. Por desgracia, desde 1996 el avance en los resultados de aprendizaje de las escuelas chilenas ha sido muy modesto. Una explicación posible para esta desaceleración es que, al incrementar el número de estudiantes que permanecen más tiempo en el sistema, el programa de reformas incrementó también la proporción de estudiantes con bajos resultados en sus pruebas (ya que, en el pasado, eran los estudiantes más pobres quienes abandonaban los estudios). Como consecuencia, resulta más difícil mantener los niveles presentes de desempeño académico. Los resultados de Chile con respecto a pruebas internacionales como el Third International Math y Science Study (TIMSS) y el International Adult Literacy Study (IALS) están todavía muy por debajo de los países asiáticos y europeos. Según un estudio de UNESCO de 1997, Chile se encuentra entre los países de América Latina con mejor desempeño educativo, aunque permanece muy por detrás de Cuba, cuyos resultados son similares a los de países desarrollados. Cuestiones pendientes. Recientemente se ha investigado mucho sobre el sistema chileno de financiamiento de la educación (que otorga el mismo subsidio por alumno a escuelas públicas y privadas) con el propósito de determinar si esta opción mejora los niveles de aprendizaje dentro del sistema educativo en su totalidad. Estas investigaciones son complejas y difícil de resumir. En general parece que el sistema de bonos ha tenido un impacto neutro dentro de la reforma educativa. Las escuelas privadas tienen mejores resultados que las escuelas públicas, pero sus ventajas se minimizan, y en algunos casos desaparecen, cuando se toma en cuenta el estatus socioeconómico de los alumnos. Del lado positivo, el sistema parece haber introducido un saludable elemento de competencia entre las escuelas, que ahora tienen un incentivo para retener a sus alumnos y mejorar resultados (ya que los padres pueden transferir gratuitamente a sus hijos a escuelas públicas o privadas). Sin embargo, a pesar de casos excepcionales como el de la escuela Einstein, la posibilidad de que las escuelas públicas puedan responder efectivamente a esta competencia sigue amordazada por una burocracia excesiva dento de los gobiernos municipales que las controlan. Con estos resultados y experiencias en mano, Chile ha iniciado en los últimos años una segunda ronda de reformas que, reteniendo las innovaciones iniciales, se focaliza más en la definición de criterios de aprendizaje, en elevar la calidad de los maestros y en alterar sus comportamientos específicos en las aulas. El objetivo es conseguir un mayor impacto en el aprendizaje. Como ejemplo de este esfuerzo de reforma de segunda generación, el énfasis ha cambiado de simplemente instalar computadoras en las escuelas a desarrollar el contenido virtual relevante que vaya a ser utilizado por profesores y alumnos, incluyendo guías para profesores y módulos accesibles por Internet para ser utilizados en las clases. En conjunto, la experiencia de Chile es probablemente el mejor ejemplo en América Latina de una reforma educativa que muestra continuidad de esfuerzo, un consenso a largo plazo entre sus protagonistas y un constante estudio y revisión de los programas. Pero la experiencia chilena demuestra también que mejorar la calidad, incluso en óptimas circunstancias, es una empresa a largo plazo y con unas pautas medidas en décadas. Vea los enlaces a la derecha para conocer más sobre la experiencia chilena en la reforma educativa.
Publicado: Abril 2002 |
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