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Recreo en la escuela Einstein.

El renacimiento de una escuela condenada

Cómo un vertedero para estudiantes con problemas en un barrio obrero de Chile se transformó en un oasis para el aprendizaje

Por Paul Constance

La llamaban “escuela basurero”.

Los estudiantes expulsados de las escuelas públicas primarias de Pudahuel, un gran suburbio de clase obrera de Santiago, Chile, terminaban casi siempre en la Escuela Albert Einstein. Allí se unían a una triste colección de niños violentos, drogadictos o con problemas de aprendizaje que habían sido rechazados por escuelas vecinas.

Todo en la escuela Einstein, que acoge a niños de preescolar y primaria hasta octavo grado, indicaba fracaso e indiferencia. Las paredes de las aulas de color plomo, no lucían decoraciones o carteles instructivos. En aulas sin calefacción y con los cristales de las ventanas rotos o totalmente extraídos, los estudiantes podían a menudo ver su propio aliento. Los baños de la escuela estaban recubiertos por una costra de suciedad acumulada durante años. Las instalaciones de educación física consistían en un terreno plagado de malas hierbas. No había mesas en la cafetería y la cocina estaba por debajo de los niveles mínimos de limpieza.

En las clases se aprendía muy poco. Muchos estudiantes traían drogas y alcohol a la escuela. Las peleas eran contínuas y muchas veces se tenía que recurrir a la policía local para restablecer el orden. El nivel de ausentismo y deserción era impresionante: de los 400 estudiantes matriculados a principios de año, apenas la mitad continuaba nueve meses más tarde. Los padres —incluso aquellos que carecían de alternativas— preferían no enviar a sus hijos a la escuela.

Cuando Gladys Tejea se enteró, a fines de 1995, de que el gobierno municipal buscaba a un nuevo director para la escuela Einstein, la opinión general era que el plantel no tenía remedio posible. Tejea decidió ir en persona a visitar la escuela. “Era un desastre”, recuerda. “Dejaban a los niños hacer lo que les daba la gana. No tenían un lugar donde comer… No existía compromiso por parte de los padres, ni relación alguna con la comunidad. Era un caos total”.


Gladys Tejea, directora de la escuela Albert Einstein.

Pero Tejea, una veterana profesora de preescolar y coordinadora de programas extracurriculares en otra escuela pública de Pudahuel, se sintió intrigada. Después de 20 años de trabajo con niños de alto riesgo de las zonas más pobres de Santiago, estaba convencida de que una escuela como la Einstein podría funcionar bien —pero sólo bajo ciertas condiciones.

Una propuesta radical. Tejea no sólo se postuló para el puesto de directora de la escuela Einstein, sino que preparó una propuesta detallada para dar un golpe de timón a la institución. Luego presentó su propuesta ante las autoridades municipales que manejan las escuelas públicas dentro del sistema educativo descentralizado que opera hoy en Chile. Tejea imaginó una escuela en la que un profesorado y un equipo de trabajadores sociales altamente motivados respondieran a las necesidades educativas, sociales y psicológicas de los estudiantes en un entorno atractivo y estimulante. Sin embargo, para cumplir este objetivo se requería una ruptura total con la tradición. Tejea advirtió que sólo aceptaría el puesto si se le permitía hacer lo siguiente:

  • Ofrecer servicios sociales y educativos integrados. Tejea estaba convencida de que una escuela focalizada tan sólo en la educación no podía tener éxito. En Chile, los niños de familias de bajos ingresos reciben los servicios sociales a través de centros de atención diurna operados por la agencia oficial Servicio Nacional de Menores (SENAME). Tejea explica que estos centros raramente coordinan sus esfuerzos con las escuelas locales, y que muchos hasta compiten con el tiempo escolar de los niños. Ella propuso instalar una oficina de SENAME en la escuela Einstein y crear un equipo integrado bajo su propia dirección. De esta manera, los trabajadores sociales, psicólogos y profesores podrían trabajar junto con los padres y alumnos, todos en un mismo lugar.
  • Crear programas de jornada completa. La jornada escolar de la mayoría de los niños chilenos consiste en turnos de medio día. Gran parte de los alumnos de la escuela Einstein pasaban el resto del día en las calles, donde su contacto con el crimen y las drogas era casi inevitable. Tejea propuso un ambicioso programa de talleres extracurriculares que permitiera a los niños permanecer en la escuela el resto de la jornada diaria. Estos talleres estarían focalizados en actividades artísticas y creativas como música, danza, carpintería y computadoras, todas ellas especialmente diseñadas para reforzar la capacidad de aprendizaje de los niños.
  • Contratar a un equipo selecto. Tejea era consciente de que sólo un grupo extraordinario con un fuerte sentido de trabajo en equipo podría salir adelante en una situación tan difícil. Por ello pidió una excepción al procedimiento normal en el que las autoridades municipales eligen y asignan al personal de cada escuela. Su propuesta era empezar desde cero, despedir al personal existente y reclutar ella misma a maestros con sólidas credenciales profesionales, la disposición de conducir por lo menos un taller extracurricular y, por encima de todo, que tuvieran lo que ella llama “una fuerte vocación social” (Vea nota a la derecha, Y usted ¿Por qué enseña?).

  • Solicitar una ayuda especial del gobierno. Tejea quería que la escuela Einstein participara en un programa especial organizado por el Ministerio de Educación, cuyo objetivo es ayudar a las 900 escuelas con los peores resultados del país. (Vea enlace a la derecha). A cambio de un compromiso oficial de las escuelas participantes para mejorar el nivel de aprendizaje, el programa ofrece les ofrece apoyo técnico y recursos especiales para capacitación de profesores, libros y otros materiales de aprendizaje. (Vea nota a la derecha, Cómo priorizar la ayuda).

  • Impulsar la participación de los padres. La relación entre los padres y la administración de la escuela Einstein se había deteriorado al punto de ser abiertamente hostil. Convencida de que su proyecto no tendría éxito sin el decidido apoyo de los padres, Tejea propuso una serie de iniciativas diseñadas para mejorar la comprensión de los padres sobre el progreso de sus hijos y para que participaran en la recaudación de fondos y el mantenimiento de las instalaciones escolares.

 

continúa…

Publicado: Abril 2002

Parte 1 | 2

Una propuesta radical.
A toda velocidad.
Prefiero estar aquí.

SOBRE ESTA SERIE

Cuando se trata de escuelas públicas en las zonas más pobres de América Latina, las noticias parecerían siempre ser malas.

Sin embargo, en cada país de la región algunas escuelas públicas sobresalen por su habilidad para ofrecer una buena educación aún bajo las condiciones más difíciles.

¿Cuál es el secreto de estas escuelas? ¿Cómo se relaciona su experiencia con los programas nacionales de reforma educativa?

Esta serie de artículos analiza los casos de escuelas públicas en zonas marginales que han encontrado formas novedozas para mejorar el aprendizaje, motivar a los maestros y comprometer el apoyo de padres de familia y comunidades locales.

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ENLACES

Ministerio de Educación de Chile.