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Por PETER BATE Altos funcionarios del sector financiero de las Américas y economistas de instituciones multilaterales tomaron parte en un intenso debate sobre la dolarización durante un reciente seminario sobre estrategias para enfrentar turbulencias en los mercados mundiales.Durante el seminario "Nuevas Iniciativas para Enfrentar la Turbulencia Financiera Internacional" los ministros de hacienda de México, Chile y El Salvador, junto con altos funcionarios de Argentina, Brasil y Estados Unidos, analizaron las ventajas y desventajas de mantener tasas cambiarias fijas o flexibles, en vista de la persistente volatilidad en los mercados. El encuentro tuvo lugar durante la reunión anual del BID en París, con el fin de brindarles apoyo técnico a los países que están formulando su posición en este tema. El economista jefe del BID, Ricardo Hausmann, sostuvo en su presentación que la flexibilidad cambiaria no ha resultado muy ventajosa para América Latina, generando altas tasas de interés reales y sistemas financieros constreñidos. Un examen de cómo se comportaron las tasas de interés en 11 países latinoamericanos entre mayo de 1997 y octubre de 1998 (un período marcado por la crisis financiera en Asia, el colapso de precios de productos básicos y la crisis de la deuda rusa) indica que las tasas de interés fluctuaron menos en países con regímenes cambiarios rígidos como Argentina y Panamá. Este resultado desafía las teorías convencionales sobre políticas cambiarias. Hausmann apuntó, asimismo, que la credibilidad de las monedas latinoamericanas es limitada, independientemente de que estén sujetas a tasas cambiarias fijas o flexibles. Eso está probado por el hecho de que ninguna de esas monedas ha inspirado la creación de mercados de deuda a largo plazo. Consecuentemente, las firmas locales enfrentan el dilema de endeudarse en dólares y exponerse a defasajes en la tasa cambiaria o tomar crédito a corto plazo en moneda local y correr peligros por crisis de iliquidez o por defasajes en los vencimientos de deudas. En vista de la inestabilidad internacional, agregó Hausmann, no debe sorprender que funcionarios y dirigentes del sector privado en varios países de la región estén interesados en la dolarización, una política basada en reemplazar por completo la moneda local por el dólar estadounidense, una decisión que tomó Panamá hace décadas. La presentación de Hausmann generó tanto fuertes respaldos como críticas. El entonces ministro de Hacienda de El Salvador, Manuel Hinds, se pronunció claramente a favor de la dolarización. "Hace falta un patrón de valor", dijo Hinds, quien anticipó su intención de recomendar la dolarización al flamante presidente salvadoreño, Francisco Flores. "La población de América Latina ya asumió un patrón de valor: el dólar". En un trabajo que presentó durante el seminario, Hinds sostiene que las tasas cambiarias flexibles han sido "una maldición" para América Latina. Comparó a las devaluaciones con la amputación de una pierna. "Si no me creen, pregúntenles a los ciudadanos comunes de México o de Brasil que no pueden pagar sus hipotecas, que han perdido sus ahorros, que enfrentan tasas de interés astronómicas y una drástica incertidumbre", escribió Hinds. Pero su colega de México, José Angel Gurría, se opuso vehementemente a la dolarización, a la que llamó inadecuada e imprudente. "¿Sería la solución un billete de un dólar con la cara de Colón? La respuesta es no", sentenció el secretario de Hacienda mexicano. Aunque reconoció que Argentina se ha beneficiado gracias al sistema de convertibilidad que ata el peso al valor del dólar, Gurría defendió el régimen de tasa flotante que México adoptó tras la crisis cambiaria de 1994. El ministro de Hacienda de Chile, Eduardo Aninat, también manifestó reparos a la dolarización. Hasta la reciente caída en el precio del cobre, el principal producto de exportación de Chile, su país había logrado un extraordinario récord de crecimiento durante más de una década manteniendo una política de bandas cambiarias que le permite cierta flexibilidad a la cotización de su moneda, recordó. "Soy muy escéptico en cuanto a los extremos en reglas cambiarias", advirtió Aninat. "Creo que lo que vamos a ve es más pragmatismo, más adaptabilidad, mejoras en política monetaria y , sobre todo, una gran eficacia en la política fiscal. En el corto plazo probablemente no veremos demasiados cambios en los regímenes cambiarios de América Latina". El secretario de Economía de Argentina, Pablo Guidotti, cuyo país ha considerado seriamente la posibilidad de una dolarización total, dijo que otros países deben sopesar el costo de mantener monedas propias. En una economía crecientemente globalizada, dijo, no tiene mucho sentido manejarse con 180 monedas nacionales. Según el funcionario argentino, las economías en desarrollo eventualmente tendrán que ajustarse a la menguante demanda de tal diversidad de monedas. "Las tendencias que nos indica el mercado sugieren que eventualmente la cantidad de monedas vaya disminuyendo", dijo Guidotti. "Hay algo en el sistema financiero internacional que nos está pidiendo que encontremos mecanismos que reduzcan el riesgo y la incertidumbre". Por su parte, el nuevo presidente del Banco Central de Brasil, Arminio Fraga, observó que el régimen cambiario fijo le había dado buen resultado en Argentina, al igual que un régimen más flexible había tenido éxito en Chile. El gobierno brasileño, que en enero devaluó su moneda después de mantenerla por varios años en un régimen de bandas anclado al dólar, ha adoptado desde entonces un sistema de cambio flotante. Fraga aseguró que el nuevo régimen cambiario es apropiado para un país de las dimensiones económicas y geográficas de Brasil. "Hemos tenido décadas de experiencia con el patrón oro, las tasas cambiarias fijas, tasas flotantes; y realmente para mí la respuesta no resulta tan obvia. Nada me dice que América Latina sea diferente a cualquier otra región", expresó Fraga. En su intervención, el subsecretario del Tesoro de los Estados Unidos, Lawrence Summers, apuntó que la dolarización puede atraer a algunos gobiernos con la promesa de mayor estabilidad financiera, pero advirtió que los países que emprendan ese camino deben preparase para aceptar sus consecuencias. "No hay substituto de la política nacional para delinear resultados a nivel nacional", dijo Summers. Summers agregó que si bien la dolarización puede ayudar a un país a integrarse a la economía mundial, "significa también que ese país debe abrazar disciplinas más estrictas". Cualquier país que decida dolarizar su economía, agregó, primero debería entablar consultas técnicas con Estados Unidos.
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