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Un santuario para las tortugas
Brasil







En una playa protegida por Pró-Tamar, tortugas recién nacidas se dirigen al mar


Pró-Tamar

Es difícil dejar de maravillarse por el instinto animal cuando se contempla el espectáculo de cientos de diminutas tortugas de mar que, tras trepar fuera de un balde, se orientan rápidamente y enfilan al mar.

Salidas de huevos recogidos en las arenas de Praia do Forte, en el estado brasileño de Bahía, y cuidadosamente incubados durante dos meses, las frágiles tortugas deben enfrentar un océano lleno de cangrejos, aves marinas, pulpos y peces. De cada mil tortugas, sólo una o dos llegarán a ser adultas y regresarán a esta misma playa para desovar.

Pero esto es suficiente para la reconocida Fundación Pró-Tamar (tamar es una contracción de tartaruga marinha, tortuga de mar en portugués). Esta organización no gubernamental que respalda el BID ha asegurado que las tortugas que eventualmente regresen tendrán un sitio seguro para poner sus huevos. En el proceso, Pro-Tamar está sentando un precedente para el trabajo con comunidades donde muchos fueron cazadores de tortugas y recolectores de huevos.

Cuando Tamar fue fundada hace dos décadas, la población de las cinco especies de tortugas marinas de Brasil estaban en situación precaria, víctimas de depredación a manos de la población local. Hoy en día, Pro-Tamar protege playas críticas para el desove a lo largo de 1.000 kilómetros de costa mediante una red de 22 estaciones en ocho estados. Los pescadores actúan como guardias y otros miembros de la comunidad recolectan huevos, guían paseos y marcan y liberan tortugas atrapadas en las redes de pesca. Simultáneamente, Pró-Tamar ayuda a las comunidades a lanzar empresas turísticas y llevar a cabo proyectos en salud ambiental, educación y manejo costero general.




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