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Nueva era para la gestión marina
Estrategia del BID agrega océanos y costas a la ecuación del desarrollo


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Estrategia del BID para el manejo de recursos costeros y marinos

Cuando el BID invirtió 400 millones de dólares en el desarrollo de la industria pesquera durante los años setenta no era la única institución convencida de que el capital era la llave para abrir las riquezas marinas. Durante esa era de euforia abundaron los gigantescos buques factoría y las predicciones de que los mares alimentarían al mundo. Agencias internacionales, gobiernos y destacados expertos exhortaban a invertir más, a pescar más y a perseguir las especies "subexplotadas".

Pero en la pesca una mayor inversión no garantiza mayores retornos. Al contrario, al usar barcos y redes cada vez más grandes y sofisticados equipos electrónicos para perseguir a sus presas, las flotas pesqueras han sobreexplotado especies que solían ser abundantes. Con la escasez, los precios suben y aumenta el incentivo para pescar aún más. En litorales marítimos latinoamericanos como el Altántico Sur, más de 80 por ciento de las reservas ictícolas pescadas comercialmente están sobreexplotadas o han sido agotadas. En el Pacífico Sur, ese porcentaje alcanza a 40 por ciento de las reservas. Un considerable porcentaje del pescado, en algunos casos hasta el 30 por ciento de lo capturado, termina siendo descartado porque no tiene valor interés comercial.

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) luego llegó a la conclusión de que la industria pesquera mundial no es sostenible. Tan sólo en febrero, 100 países miembros de la FAO firmaron un acuerdo para controlar el tamaño de sus flotas pesqueras para el año 2005.

¿Cuántos peces hay en los mares y océanos? ¿Cuántos pueden ser pescados sin poner en peligro su existencia? Poco se investigó para contestar tales preguntas sobre la viabilidad de largo plazo de inversiones pesqueras. Las reservas han sido consideradas, y, en cierta medida, siguen siendo consideradas como simples recursos naturales a ser "explotados", como si fuesen cultivos o ganado.

Al mismo tiempo que flotas pesqueras cada vez más grandes y más sofisticadas perseguían a cada vez menos peces a mar abierto, algo similar ocurría cerca de las costas. Allí, millones pescadores artesanales con botes y aparejos rudimentarios (hay unos 900.000 tan sólo en América Latina y el Caribe) estaban vendiendo a mercados nuevos y a menudo distantes. Para sobrevivir en este ambiente competitivo, los pescadores debían maximizar tanto la captura como sus ganancias, a menudo endeudándose para comprar mejores equipos.
Las presiones aumentaban también en las mismas costas. La deforestación, la agricultura intensiva, la explosión de poblaciones urbanas, el desarrollo de la infraestructura turística y portuaria, además de la maricultura intensiva, han degradado las aguas en muchas áreas costeras al incrementar las emisiones de sedimentos, toxinas y desechos, creando aún más problemas.


NUEVO ENFOQUE. Ni el BID ni otras instituciones ignoraron estas lecciones. Los grandes préstamos para obras de infraestructura de antaño han sido reemplazados por proyectos más pequeños, específicamente dirigidos a resolver problemas que antes se ignoraban tales como la preservación de la biodiversidad, la calidad de agua y el descarte de pesca accidental. Los programas en áreas como el manejo costero, la agricultura, el desarrollo rural y la infraestructura ahora suelen contener medidas conservacionistas.

Desde 1993, además de incorporar componentes de manejo costero a los préstamos de infraestructura costera, el Banco ha prestado unos 60 millones de dólares para programas de manejo de recursos costeros y marinos como los descriptos. Pero aún avanzando en la dirección correcta, el BID operaba en un virtual "vacío de política", comenta Michele Lemay, especialista en temas marinos y costeros del Banco. Si bien son menos visibles que los terrestres, los problemas ambientales marinos son igualmente serios, dice Lemay. El Banco necesitaba una estrategia que fijase prioridades para sus préstamos y mejorase la eficiencia de inversiones en proyectos vinculados a la costa.
La estrategia aprobada en mayo por el Directorio Ejecutivo del Banco es un modelo amplio y abarcador para el manejo costero y marino, basado en el concepto de la participación ciudadana integrada con la investigación, el monitoreo y el adiestramiento. La estrategia también se ocupa de la necesidad de reconciliar intereses en competencia entre sectores como el turismo, la pesca industrial y la maricultura.

Al cambiar su enfoque del desarrollo de la industria pesquera al manejo y la conservación, la estrategia del BID identifica a las medidas para limitar el acceso pesquero como un "tema fundamental". Dada la creciente demanda de productos marinos, apunta Lemay, las presiones generadas por los mercados externos están en un curso de colisión con la producción sostenible.

En vista de la naturaleza conflictiva de muchos de los problemas que afectan el medio ambiente marino y costero, la estrategia del Banco asigna la responsabilidad del manejo general al estado pero también reconoce que esta responsabilidad debe ser compartida por gobiernos locales, la sociedad civil y el sector privado. Una gestión eficiente implica gobierno transparente, dice Lemay: "Tener reglas de juego justas en la distribución de derechos sobre tierras y recursos es la mejor manera de combatir la corrupción que ha tenido efectos tan amplios en la región en sectores como la pesca".

Finalmente, la estrategia del BID apunta a la necesidad de fortalecer las instituciones encargadas del manejo costero y marino. En la actualidad, la falta de profesionales locales obliga a muchos países a contratar técnicos extranjeros para implementar sus proyectos. La estrategia también promueve un giro en la investigación marina en la región, pasando de las ciencias básicas a las ciencias aplicadas, que buscan soluciones a problemas reales del desarrollo costero.

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Para obtener una copia impresa, por favor contactar a Carolina Pérez (carolinap@iadb.org)



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