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La trama de una tradición cultural
Las tejedoras guatemaltecas adaptan su arte





Por ROGER HAMILTON

En un patio soleado, tres mujeres de diferentes generaciones están arrodilladas sobre esteras, creando complicados diseños con hilos de colores. Las dos adultas lucen tradicionales huipiles y tejen en telares manuales amarrados con correas a la cintura y a un poste del alero. La más joven, de uniforme escolar, está allí para aprender.

El tejido tradicional vive y progresa en Santo Domingo Xenacoj y muchas otras aldeas en las montañas de Guatemala. Ésto a pesar de siglos de guerras y pobreza, incursiones de la televisión, la economía global, e incluso la oposición de elementos modernistas de la sociedad guatemalteca, como un historiador que tildó a los tejidos de ser "signos de una mentalidad arcaica y retrógrada".

Sin embargo, en la actualidad aplaudimos a estas tejedoras no sólo por la belleza de sus creaciones sino también como transmisoras de tradiciones autóctonas.

Pero la cultura no es estática, ni en las montañas de Guatemala ni en cualquier otra parte. La expresión artística genuina es dinámica y el mundo de los tejidos tradicionales guatemaltecos, su factura y su significado social siempre están cambiando.

Este argumento fue esgrimido en una reciente presentación en la sede del BID por Ann Rowe, curadora del Museo de Artes Textiles de Washington. Rowe ofreció su disertación sobre los tejidos y la indumentaria femenina de la localidad guatemalteca de Chimaltenango en coincidencia con una exposición de arte folklórico de Guatemala organizada por el Centro Cultural del Banco a fines de 1998.


Menos hilado, más tejido. Uno de los principales cambios registrados se dio en los materiales. Si bien hoy en día las tejedoras guatemaltecas usan algodón como sus antecesoras precolombinas, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial han usado casi exclusivamente hilos industriales. Las mujeres ya no tienen que invertir tiempo en la rueca para producir hilos ni teñirlos con extractos naturales de plantas, animales o minerales. Algunos amantes de estas artesanías, especialmente los que no son indígenas, suelen lamentar la pérdida del calor y el colorido irregular de las tinturas naturales, un sentimiento que no comparten las mismas tejedoras. "Mientras menos tiempo pasen hilando, más tiempo tienen para tejer", explica Rowe. Como resultado de este cambio, crean diseños más grandes y elaborados que en algunos casos cubren todo el bastidor.

Como muchos artesanos, las tejedoras guatemaltecas dudan poco en adoptar nuevos diseños. Utilizando una técnica de brocado en que los hilos se alínean ordenadamente en filas, las tejedoras pueden duplicar fácilmente diseños que hallan en los moldes de revistas de modas europeas. Aunque esto suene como una traición a la tradición, debe tenerse en cuenta que no son las únicas. Muchos de los diseños de las admiradas y cotizadas alfombras de los indios navajos de Estados Unidos fueron copiados de tapices del Medio Oriente.

Las tejedoras guatemaltecas también observan las tendencias de la moda. Antiguamente, comenta Rowe, preferían huipiles rectos que les daban una apariencia regordeta que sugería prosperidad y abundancia de alimento. Hoy por hoy, imperan los huipiles más estilizados, ceñidos por un cinturón angosto en lugar de las tradicionales fajas anchas.

La tecnología del tejido también ha cambiado. El telar a pedal, que es mucho más rápido que los telares verticales tradicionalmente usados por las tejedoras, ha sido utilizado desde hace mucho tiempo para fabricar géneros para la confección comercial de polleras. Su uso es una tarea masculina, una división de trabajo que según Rowe refleja una tradición que se remonta a la Europa medieval.

Si bien los tejidos producidos en telares a pedal siguen siendo hechos a mano, otras innovaciones son menos promisorias en el plano estético. Crecientemente, los diseños son bordados a máquina. Por otra parte, señala Rowe, muchas madres les compran huipiles a sus hijas en lugar de tejerlos ellas mismas. Toda madre moderna entiende las razones de esta mecanización: bajan los costos y, además, ¿quién tiene tiempo para tejer en estos tiempos?



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