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Tenaz optimismo





La catastrofe que azotó a América Central en octubre conmocionó al BID, especialmente al personal familiarizado con el istmo. Muchos empleados del Banco han trabajado duro en proyectos dirigidos a ayudar a los países de la región a crear una vida mejor para sus pueblos. Les preocupaba la suerte corrida por colegas y amigos y lamentaban la pérdida de muchos años de esfuerzos.

La experiencia fue particularmente desgarradora para los integrantes de la misión de emergencia del BID que llegó a Tegucigalpa unos días después del paso del huracán. Fueron testigos de escenas que jamás podrán olvidar.

"El panorama en la ciudad era dantesco", recuerda Chris Jennings, especialista en agua y saneamiento. "Había gente cavando lodo en sitios donde sólo días antes se levantaban sus hogares".

En un refugio improvisado en un complejo deportivo, Dana Martin, del departamento legal, encontró una mujer aferrada a un televisor, probablemente el único bien que pudo salvar de las inundaciones y deslizamientos que dejaron a un millón de personas sin hogar en toda Honduras.

"A uno se le rompía el corazón de tan sólo ver ese lugar", comenta.

Sin embargo, incluso bajo los escombros, la misión del BID también notó sólidos cimientos de optimismo en el pueblo hondureño.

"Perdieron todo, pero todavía tenían un espíritu positivo", dice Hugo Villarroel, especialista en agricultura. "La gente parecía tan feliz cuando uno hablaba con ellos. Yo habría estado llorando".



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