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Por ROGER HAMILTON
B enedita da silva llegó al mundo hace 57 años con tres factores en su contra: nació mujer, negra y pobre en
Río de Janeiro. Esto ha sellado la suerte de muchos en las favelas, condenándolos a una vida de miseria, hambre, analfabetismo
y desempleo. Entonces, ¿cómo es que Benedita Da Silva llegó a ser vicegobernadora del estado de Río de
Janeiro?
Sin olvidar sus raíces,
Benedita Da Silva posa con niños
en una favela de Río de Janeiro. (Foto de Marcelo Reyes)
Su historia comienza en la favela Morro do Chapéu Mangueira, un barrio de viviendas precarias, surcado por
zanjas de desagüe, y calles maltrechas. “Muy pronto sentí en la piel lo que era ser mujer, negra y pobre”, recuerda Da Silva. Por
fortuna tenía una familia que le brindó esperanza y amor. “Eso me dio la posibilidad de luchar, de tratar de que lo que le pasaba
a mis amigos no me pasara a mí”. No fue una lucha fácil. “Choqué contra las barreras de las apariencias, según las cuales
ser blanco es ser inteligente, que a su vez significa no ser pobre. Hasta cuando una ha estudiado y conseguido las notas más altas,
no se la considera brillante. Muy pronto me topé con los prejuicios y la discriminación”. Semejantes adversidades
empujarían a mucha gente a rendirse, pero para Benedita Da Silva, esos mismos problemas le abrieron un sinnúmero de
oportunidades para ayudar a otros. Aprendió a leer y escribir, después se incorporó a una escuela comunitaria para enseñar a
niños y adultos. Adalid de los derechos de la mujer, fundó una asociación femenina en su favela y después un departamento de
asuntos de la mujer en la federación estatal de asociaciones de favelas. Entretanto, trabajó como asistente de enfermería y
estudió ciencias sociales. Benedita Da Silva, quien se describe a sí misma como una “intensa militante”, decidió aspirar a
un cargo electivo en su ciudad. En 1982 fue electa concejal por el Partido de los Trabajadores, el cuál había llegado a liderar.
En 1986 fue electa diputada nacional. En el Congreso defendió los derechos de los negros, indígenas y otras minorías y buscó
incorporar a la Constitución cláusulas referentes a delitos con motivación racial, a la licencia por embarazo, la igualdad de
salarios por igual trabajo y el derecho de las presas a cuidar sus hijos en la cárcel. Reelecta en 1992, Da Silva se postuló a
la alcaldía de Río de Janeiro, pero perdió en la segunda ronda de votación. En 1994 se convirtió en la primera mujer de raza
negra en ser electa al Senado. Durante todo ese tiempo continuó viviendo en Chapéu Mangueira, donde recibió a visitantes
como Jesse Jackson y Desmond Tutu.
Ayuda para jóvenes. Como vicegobernadora del estado de Río de
Janeiro, Benedita Da Silva está a cargo de los programas para mejorar la situación de las personas a las que ha dedicado su vida:
los pobres, los negros, los favelados. En su agenda hay 21 proyectos que ayudan a casi 150.000 jóvenes. Da Silva se siente
especialmente orgullosa de uno conocido como Vida Nova, que permite a unos 1.500 jóvenes de 50 comunidades recibir
capacitación laboral ganando un salario mínimo. Un modelo de cooperación intergubernamental, Vida Nova aprovecha la
experiencia y los recursos de trece organismos de gobierno, al tiempo que brinda asistencia legal y médica. Da Silva se
ufana también de los progresos logrados en educación. El problema no era llevar a los niños a la escuela, sino asegurar que
hubiera maestros. Con su apoyo, el estado ha contratado a 3.000 docentes adicionales. Servicio de comidas, atención médica y
dental dan a los niños carenciados nuevos motivos para ir a la escuela. El objetivo de estos programas, afirma, es acabar
con la injusticia y dar a su pueblo la oportunidad de tener vidas productivas. “Hay gente que trabaja, que produce riqueza, que
ayuda a otros a obtener ganancias”, dice. “Pero si esta gente no tiene una vivienda decente, si no tienen agua corriente y
alcantarillado, si ven niños muriendo por desnutrición, se vuelven contra la sociedad. Se dedican a robar, a asaltar, al
narcotráfico. Un programa social que no reconoce esto se engaña a sí mismo”. Sin embargo, Da Silva no está a favor de
las dádivas. “Las reparticiones públicas y las firmas privadas deben prestar mucha atención a lo que dicen las comunidades. No
hay inversiones, dinero o proyectos que puedan producir buenos resultados a menos que la comunidad pueda tomar sus propias
decisiones y elegir sus propios destinos”. “No se debe dar cosas a las comunidades como si cayeran del cielo”, explica. “La
gente debe obtener los medios para resolver sus problemas mediante su propio trabajo”. Para más información sobre el pro-
grama Vida Nova, visite la página web www.vidanova.rj.gov.br.
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