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Por PAUL CONSTANCE
¿ Como recordaremos al problema informático del año 2000? ¿Como un burdo
ejemplo de exageración periodística o un caso de monumental negligencia ante un inminente desastre? En las últimas
semanas de 1999, abundaban predicciones contradictorias en torno al “Y2K”, como se conoce al problema que tendrían ciertos
programas de computación para reconocer correctamente fechas terminadas en 00, como el año 2000. Aunque nunca se
conocerán cifras precisas, expertos de la industria del software calculan que gobiernos y empresas habrán gastado decenas de
miles de millones de dólares en todo el mundo para asegurarse de que sus computadoras continuarán funcionando correctamente
cuando los dígitos correspondientes a los años pasen de 99 a 00 en el primer segundo del 2000. Es una suma difícil de creer,
pero el propio BID es un buen ejemplo. Con menos de 2.500 empleados, el Banco es una institución pequeña en términos
comerciales; sin embargo le costó 17 millones de dólares preparar sus computadoras y sistemas de telecomunicaciones e
infraestructura para afrontar el Y2K. Grandes bancos privados gastaron entre 200 y 600 millones de dólares cada
uno.
EL PRECIO DE LA PREVENCION: Gasto público
y privado, estimado en miles de millones de dólares, en medidas para evitar problemas informáticos vinculados
al Y2K.(Fuente: Centro Norte-Sur de la Universidad de Miami)
América Latina y el Caribe gastaron poco en comparación a lo desembolsado en Europa y Estados Unidos, pero es
impresionante de todas formas. Lee Tablewski, un investigador asociado del Centro Norte-Sur de la Universidad de Miami, ha
estado siguiendo de cerca el Y2K en América Latina y el Caribe desde hace años. Sobre la base de conversaciones con los
coordinadores nacionales de prevención del Y2K en los ocho países mencionados en el gráfico de la derecha, Tablewski calcula
que la región gastó por lo menos 15.000 millones de dólares en prepararse para enfrentar el Y2K. Gran parte de esa suma
fue invertida en consultores y fabricantes de software especial, que realizaron la tediosa tarea de revisar línea por línea los
programas informáticos en busca de códigos defectuosos para modificarlos y subsecuentemente ponerlos a prueba. Muchas
empresas y entidades optaron por adquirir nuevas computadoras y programas, en vez de modificar los antiguos. En ese aspecto,
el Y2K podría haber traído beneficios inesperados. “No hay duda de que ayudó a modernizar la infraestructura de las
organizaciones que planearon con anticipación”, sostiene Ricardo Miranda, coordinador del esfuerzo del BID para capear el
Y2K. Según Miranda, el Y2K será recordado con el proverbial “no hay mal que por bien no venga” cuando se considere
que obligó a empresas y gobiernos a reconocer su interdependencia y a pensar seriamente en la prevención de desastres. “Hay
ciertas redes de datos, como las que controlan los sistemas de teléfonos y el tráfico aéreo, que son inherentemente globales”,
apunta. “Cada país que forma parte de la red tiene que estar preparado. Pero el Y2K ha mostrado que en algunas áreas no
estamos listos para responder rápidamente ante una crisis grave. No tenemos siquiera uno por ciento de los planes de
contingencia necesarios para estas situaciones. Ahora estamos un poquito mejor y ese es un saldo positivo”.
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