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Las crisis y el
sector privado






E L ESCENARIO SE DA CUANDO UN PAIS O
una región enfrentan una inesperada crisis de deuda o de liquidez, como ocurrió en México a fines de 1994. El sector privado hace las primeras movidas, tomando decisiones como la postergación de inversiones o retiro de capital que pueden sacudir la economía del país en crisis, de la región o incluso del mundo entero. A esa altura, instituciones financieras multilaterales como el FMI, el Banco Mundial y el BID entran en acción para armar paquetes de rescate mientras la nación afectada acepta implementar medidas de estabilización y reforma.
Superada la emergencia, surge un tema crucial, cómo hacer que el sector privado, siempre listo a salir de un país cuando percibe riesgos o retrocesos, regrese cuando la situación se ha normalizado.
El proceso de “compartir la carga”, en el cual los sectores público y privado se suman para rescatar a naciones que han caído en una espiral financiera, fue el tema de un reciente encuentro de ministros de hacienda y presidentes de bancos centrales de América Latina celebrado en la sede del bid.
El concepto no es fácil de abordar. Las autoridades de gobierno sostienen que, dado que la comunidad inversora privada seguramente se beneficia cuando se logra organizar un paquete de rescate con fondos públicos, tanto el sector privado como el público deben compartir los costos de la estabilización. Los banqueros y las instituciones financieras privadas escuchan con simpatía esos argumentos, pero en última instancia es la presión de los inversores lo que determina mayormente qué medidas se tomarán para preservar su capital.
Los participantes en el encuentro convocado por el BID advirtieron contra la tentación de establecer mecanismos participativos concretos, subrayando la naturaleza voluntaria de cualquier arreglo en ese sentido para evitar reacciones adversas. Un país que procura curarse en salud debe hacerlo con gran discreción. De otra forma puede crear la impresión de una inminente incertidumbre y provocar el tipo de estampida financiera que busca evitar.
Uno de los mecanismos sugeridos por los expertos fue la concertación voluntaria de contratos de deuda que faciliten las negociaciones en caso de una crisis.
Otra forma de promover la estabilidad es permitir más flexibilidad en el uso de líneas de crédito contingentes establecidas por el Fondo Monetario Internacional. Otra es establecer nuevas normas financieras más adecuadas a América Latina, especialmente las referidas a los requisitos de capital que fija el Banco de Pagos Internacionales (BIS).
Los participantes propusieron asimismo seguir estudiando la posibilidad de asignar al FMI un papel como prestamista internacional de último recurso.
—Daniel Drosdoff

Un trabajo sobre este tema del economista del BID Eduardo Fernández-Arias está disponible en el sitio web del Banco (www.iadb.org). Realice una búsqueda con el título International Initiatives to Bring Stability to Financial Integration.



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