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Por PETER BATE
Costa Rica, otrora famosa por sus exportaciones de café y banano, está convencida de que la tecnología informática será reina
de las exportaciones en el próximo siglo.
Carlos Araya, fundador y gerente general de ArtinSoft, una firma consultora y diseñadora de software, es ejemplo de una nueva
generación de empresarios costarricenses orientados a la exportación.
Prueba de esa convicción es su más reciente inversión en esa área, un innovador programa en donde los sectores
público, privado y académico del país se han unido para mejorar la calidad de lo que ya es su exportación de mayor valor
agregado: el software para computadoras. El proyecto, apoyado por una contribución de 1,5 millones de dólares del
Fondo Multilateral de Inversiones (Fomin) del BID, es también la primera incursión del Banco en esta industria, que está
echando raíces en toda América Latina y el Caribe. En una ceremonia celebrada en el palacio presidencial en San José
en junio para celebrar el lanzamiento del programa, el presidente Miguel Angel Rodríguez dijo que el software está destinado a
convertirse en el siglo venidero en lo que el café significó para ese país centroamericano por más de dos siglos. "Estamos
exportando productos de la inteligencia, del conocimiento, frutos de la mente de costarricenses que están haciendo bien las cosas
y están haciendo enorgullecer a al país", afirmó Rodríguez, en alusión a los aproximadamente 50 millones de dólares en
exportaciones que la industria local de software colocó durante 1998. Aunque ese monto es todavía pequeño en
comparación a las exportaciones costarricenses de café, bananas y su más reciente gran producto de exportación, los
microprocesadores para computadoras que fabrica el gigante de los chips Intel, el potencial de la industria local de software es
considerado inmenso. No obstante, sigue frenado por ciertas limitaciones, algunas de las cuales busca resolver el nuevo
proyecto. Desafío competitivo. Con el nuevo programa, las empresas locales de software tendrán oportunidad de
competir en el mercado mundial como también de impulsar el desarrollo económico generando ingresos de divisas y creando
empleos bien remunerados, apuntó Bertus Meins, el representante del BID en Costa Rica. "Este proyecto es importante
para mejorar la capacidad de competir de Costa Rica", dijo Meins en la ceremonia de lanzamiento del programa. "Fortalecerá la
imagen de Costa Rica como un centro emergente en el campo internacional de la alta tecnología, haciendo al país más atractivo
para los inversores internacionales". Aunque carece de un gran mercado local, Costa Rica tiene algunas ventajas
relativas sobre otros países latinoamericanos que también están desarrollando sus industrias de tecnología informática.
Algunas de ellas son acuerdos comerciales actuales, su proximidad a los países miembros del Tratado de Libre Comercio de
América del Norte, su disponibilidad a bajo costo de trabajadores capacitados y la ausencia de una empresa dominante en el
floreciente mercado para software en español. El plan apoyado por el BID tiene tres grandes componentes. En
concordancia con la tradición de Costa Rica de invertir fuertemente en educación, contiene un fuerte elemento de capacitación
para ofrecer a la industria del software profesionales y técnicos adecuadamente preparados. Un segundo elemento apunta a
introducir sistemas de calidad de nivel internacional. Finalmente, el programa fortalecerá a Caprosoft, la cámara local de
productores de software, que integran unas 40 pequeñas y medianas empresas. Caprosoft y Procomer, el ente
costarricense de promoción de las exportaciones, contribuirán un total de 500.000 dólares al proyecto, de tres años de duración.
Un centro de alta tecnología con apoyo universitario, CENAT, aportará el equivalente de otros 500.000 dólares en servicios e
instalaciones. La nueva iniciativa está basada en la tradición de Costa Rica de concentrar la atención en la educación, una
costumbre que le ha brindado frutos. Hacia 1974, el gobierno ya usaba financiamiento del BID para expandir el Instituto
Tecnológico de Costar Rica (ITCR), que desde entonces se ha convertido en una de las escuelas de ingeniería de software y
ciencias de la computación más avanzadas de América Latina. Muchos de sus graduados trabajan en las empresas locales de
software. El ITCR ha demostrado un permanente interés en responder a las necesidades del sector privado. Cuando negociaron
los términos de su inversión en Costa Rica en 1996, los directivos de Intel y las autoridades del ITCR llegaron a un acuerdo
para modificar el programa de estudios del instituto para que pudiera satisfacer las necesidades de personal en la planta de
ensamblaje de microprocesadores de la firma (ver "Una incubadora de alta tecnología" en El BID, de junio de 1997). La primera
camada de estudiantes preparados bajo el nuevo programa se graduará este año. Ignacio Trejos, director interino del
departamento de ingeniería de computación del ITCR, subrayó otro factor: en 1985 Costa Rica redujo de 133 por ciento a 10
por ciento los impuestos a la importación de computadoras, una política que permitió hasta a pequeñas empresas adquirir tales
equipos. Naturalmente, se generó una demanda por servicios de apoyo y software. Al igual que en los Estados Unidos, en Costa
Rica estudiantes y profesores comenzaron a experimentar en talleres y empresas montados en garajes. "Muchas de las
compañías que hoy exportan millones de dólares en software fueron establecidas a mediados de los años ochenta", destacó
Trejos. Varias de las firmas costarricenses productoras de software han comenzado a expandirse al exterior,
estableciendo una presencia en Europa y Sudamérica. Los productos de la industria local abarcan desde programas para la
administración de fondos de pensión hasta un nuevo software para traducción. Hoy en día el explosivo crecimiento
de la industria local, estimada en alrededor de un centenar de productores, incluyendo programadores independientes, sobrepasa
la oferta de técnicos capacitados. Ya hay una escasez de educadores para programadores de software. Bajo el
componente de capacitación del nuevo plan, los programas de estudios de las universidades y centros de enseñanza serán
actualizados y será desarrollado un programa de capacitación de docentes. Serán usados nuevos métodos de enseñanza y se
buscará activamente enrolar a mujeres para estimular la participación femenina en esta nueva industria. La calidad es un
problema crítico. La evaluación del BID determinó que es un aspecto que requiere más atención, especialmente porque los
potenciales competidores de Costa Rica en otros puntos de América Latina ya han establecido redes de mejoramiento de
procesos de software (conocidos en la industria como SPINS) que cuentan con apoyo diverso. Según Alejandro Montalvo,
ex presidente de Caprosoft, el nuevo plan apuntará a conquistar la certificación de calidad ISO 9000 para el software producido
localmente. Esta parte del proyecto seguirá tres estrategias. Serán contratados expertos internacionales en software para capacitar
a consultores costarricenses, que, a un costo subsidiado, transferirán a compañías locales la tecnología necesaria para
establecer normas de calidad. Así se formará un nuevo SPIN costarricense para promover una cultura de calidad en la industria
local y vincularla a redes similares en todo el mundo. Para ayudar a los pequeños programadores de software a penetrar los
mercados en el exterior, el ente costarricense de promoción de exportaciones organizará misiones comerciales específicas y
desarrollará programas para mejorar la colocación de productos basados en el conocimiento, dijo el ex gerente general de
Procomer, Eduardo Alonso. Productores de software consultados por el diario comercial costarricense El Financiero
anticiparon que el proyecto podría eventualmente atraer el tipo de capitales que han promovido el explosivo crecimiento de esa
industria en América del Norte, Europa y Japón. "Este es un primer gran paso hacia la producción de software de alta calidad",
dijo al diario Eduardo Wheelock, gerente general de la firma local de software Sysde.
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