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Santa Rosa del Palmar, Bolivia (Photo:Earth Satellite Corp.)
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Salto del Guairá (Photo:Earth Satellite Corp.)
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Casi todos los países de la región tienen leyes que prohíben la tala o quema de bosques sin permiso. Pero las
autoridades que deben hacer cumplir esas leyes han estado desde siempre limitadas por la dificultad de vigilar inmensos
territorios. Las imágenes infrarrojas obtenidas por satélite pueden ser procesadas para detectar diferencias en la luz reflejada
por bosques saludables o degradados, áreas despejadas y otros tipos de vegetación. Eso las hace un instrumento ideal para
rastrear cambios causados por la tala y otros usos de la tierra. La imagen tomada por Landsat sobre la localidad boliviana de
Santa Rosa del Palmar en 1994 (ver primera foto a la izquierda), fue procesada para destacar áreas boscosas (en verde oscuro) y
áreas que habían sido taladas y convertidas a distintos tipos de explotación agrícola (en rosado y verde claro). Según ingenieros
de Aeroterra S.A., una firma argentina que analizó la imagen para un cliente, son visibles en relativa proximidad tres distintos
tipos de uso de la tierra. Las parcelas grandes, rectangulares, en la esquina inferior derecha pertenecen a una comunidad
menonita que practica la agricultura intensiva y mecanizada. La matriz de desmontes redondeados, de color verde claro, en la
esquina superior izquierda es probablemente el resultado de un programa de desarrollo planeado de tierras que estableció
asentamientos a intervalos de cinco kilómetros. La matriz más desordenada de pequeñas parcelas en la esquina inferior izquierda
indica un asentamiento espontáneo más antiguo, de explotación mixta. La segunda imagen a la izquierda es una vista de
1991 del embalse del complejo hidroeléctrico Salto del Guairá, en la frontera entre Brasil y Paraguay. La foto muestra que los
bosques (en marrón) han sido talados hasta el borde del agua en muchos lugares, pese a que las regulaciones exigen una ancha
franja boscosa en torno a la represa. Sin esa defensa, el embalse corre riesgo de llenarse de lodo formado por la tierra arada en
campos circundantes, poniendo en peligro la operación de la planta hidroeléctrica. Combinando imágenes como éstas con
un SIG que incluya las regulaciones para el uso de la tierra e información sobre propietarios, las autoridades tienen mucha más
posibilidad de detectar y detener el uso indebido de la tierra. Aunque las imágenes actualizadas tomadas por Landsat costaban
cerca de 5.000 dólares cada una, sin incluir el costo de procesarlas, se espera que el precio baje a menos de 500 dólares hacia
fines de 1999, cuando entre en servicio el más reciente de los satélites Landsat.
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