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Uno que no se escapará








Biodiversidad y economía local (IDBPhoto: Roger Hamilton)


"Uno sale de noche con una linterna y parece que estuviera en Río de Janeiro, de tantos ojos que brillan", asegura Ronis da Silveira, claramente disfrutando la imagen.

El caimán blanco y su primo, el caimán negro, el animal de presa más grande de la Amazonia, están en franca recuperación en Mamirauá. La labor de este biólogo es asegurar que su retorno sea permanente.

Sentado bajo el alero de su pequeña casa flotante, con una bandada de monos columpiándose en los árboles de la ribera del río, da Silveira describe su trabajo en un territorio científico prácticamente virgen.

Hasta hace poco, todo lo que se sabía acerca de estos animales estaba basado en relatos de exploradores y misioneros. Por otro lado, los lugareños sabían mucho sobre caimanes porque los cazaban. El mercado de zapatos y carteras de lujo había puesto un alto precio al cuero de estos parientes del cocodrilo, y en muchos lugares se los cazó casi hasta la extinción. "Casi perdemos uno grande antes de saber más sobre ellos", asevera da Silveira.

Pero en los años sesenta la comunidad internacional impuso severas restricciones al comercio de cuero de caimán, dándo una tregua a los animales. En la actualidad, la caza continúa en menor medida, pero el objetivo no es el cuero sino su carne. No es que a la gente le guste aventurarse de noche para bregar con una bestia casi tan grande como sus bamboleantes canoas. Los residentes no comen la carne de caimán, pero la salan para venderla a intermediarios que la revenden como pescado.

Como científico, da Silveira no censura a los cazadores. De hecho, los emplea como guías y aprende de ellos detalles sobre los caimanes, como por ejemplo, dónde ponen sus huevos y buscan comida. "Tienen un papel fundamental en mi investigación", explica. "Y, de cualquier forma", agrega, "la caza es una realidad".

Da Silveira no sólo busca proteger a los caimanes, sino también el sustento de quienes los cazan. Ese es el propósito de buena parte del trabajo de otros diez investigadores en Mamirauá. Aunque la buena información científica sobre las necesidades de un animal y su lugar en el medio ambiente es esencial para proteger la biodiversidad, esos datos son particularmente importantes cuando el objetivo es diferente a la protección total, como es el caso en Mamirauá. Sólo con esa información en mano pueden científicos y residentes trazar un plan de administración que asegure un lugar permanente para el animal, tanto en el ecosistema como en la economía local.



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