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La vista desde la cima del BID
Al alejarse de esta casa, la vicepresidenta ejecutiva reflexiona sobre el Banco y el futuro de la región






Nancy Birdsall dejó el BID en Septiembre tras cinco años como vicepresidenta ejecutiva, lapso que considera como el más productivo y estimulante de su carrera profesional.
Antes de asumir sus nuevas funciones en el Carnegie Endowment for International Peace, donde estará a cargo de su programa de investigación económica, Birdsall habló con BIDAmérica sobre el futuro de las instituciones financieras multilaterales, los cambios en la región y sus logros en el Banco.

¿Qué expectativas tenía cuando vino al BID hace cinco años, tras trabajar en el Banco Mundial?

BIRDSALL: Mi ambición era involucrarme en la segunda ola de reformas en América Latina, trabajar con países que están emprendiendo la labor de hacer grandes cambios institucionales y sociales.

También tenía ambiciones, por cierto modestas, de ayudar a fortalecer la capacidad del BID para realizar trabajo analítico. El BID ya estaba yendo más allá de ser un banco que financia proyectos. Pensé que había (y pienso que todavía hay) mucho espacio para fortalecer el tipo de análisis de país y de análisis político, económico y social que puede tornar más útil al personal del Banco para los gobiernos que están formulando e implementando políticas. Pienso que hemos progresado mucho en ese aspecto en los últimos años con la creación de la Oficina del Economista Jefe, del Instituto Interamericano para el Desarrollo Social y del Departamento de Desarrollo Sostenible.
Los países prestatarios acuden al BID no sólo en busca de fondos sino también de ideas. No es cuestión de que el Banco le diga a nadie lo que debe hacer, sino más bien de participar en una discusión muy compleja.


El "Consenso de Washington" sostiene que la fórmula para crear sociedades prósperas en América Latina es la disciplina fiscal, los mercados abiertos y el crecimiento impulsado por el sector privado. Pero los críticos de ese modelo argumentan que, tras una década de implementar esa receta, muchos países latinoamericanos están peor que antes. ¿Tienen algo de razón?

BIRDSALL: Pienso que ahora estamos avanzando hacia algo que podría llamarse el "Consenso de Santiago". En Santiago de Chile, los jefes de estado del hemisferio se reunieron a comienzos de este año y reafirmaron esas reformas. Pero también hicieron un llamado a revisar cómo se llevan a cabo algunos de esos cambios. En vez de crear privilegios, esas reformas deben crear oportunidades. Por ejemplo, Perú, Bolivia y otros países han desarrollado programas para mejorar el acceso de la clase trabajadora a acciones de empresas privatizadas.

Igualmente importante es el hecho de que los jefes de estado subrayaron la necesidad de una segunda generación de reformas que incluya el fortalecimiento y reforma de la educación, el poder judicial y otras instituciones públicas, de manera que puedan servir mejor a las grandes mayorías.

De manera que yo diría que los críticos tienen alguna razón, porque hay margen para hacer que las reformas funcionen mejor para más gente. Pero están equivocados cuando dicen que hay países que están peor que antes.


Usted habla abiertamente de la necesidad de mejorar la equidad en América Latina. ¿Cuáles son las perspectivas en ese terreno?

BIRDSALL: Las sociedades latinoamericanas están entre las más desiguales del mundo, reflejo de que mucha gente pobre está quedando al margen del proceso de crecimiento. Sus potenciales contribuciones productivas se pierden. Pero eso también significa que hay un considerable potencial para aumentar las tasas de crecimiento y de esta forma proveer más oportunidad a los pobres. No hace falta sacrificar crecimiento en aras de la equidad. Es posible un escenario en el que todos ganan y eso estaba implícito en lo que decían los jefes de estado en Santiago.

Al mismo tiempo, tenemos que reconocer que la situación no va a cambiar mucho en el corto plazo. Tenemos que concentrarnos en mejorar las oportunidades para quienes están en el último escalón.


¿Cuál es el papel que debe cumplir la educación en la segunda generación de reformas?

BIRDSALL: La educación es absolutamente crucial. Después de todo, la educación, junto con otros activos como la tierra y el acceso al crédito, le permite a la gente generar ingresos. Cuando hay más gente mejor preparada, hay una mejor distribución general de bienes y de oportunidades para que la gente sea productiva.


¿Usted cree que hay peligro de que el reciente auge de movimientos nacionalistas y populistas en algunos países importantes de América Latina pueda poner en peligro el proceso de reformas?

BIRDSALL: No soy muy buena pronosticadora política. Pero encuentro interesante el hecho de que Fujimori, Menem y Fernando Henrique Cardoso, quienes han conducido a sus países a través de profundas reformas orientadas hacia el libre mercado, provenían en algún sentido de la izquierda. Lo que está ocurriendo en América Latina está sucediendo en otros lugares. Clinton y Tony Blair, que comprenden los beneficios del mercado, también venían de esa izquierda, por encasillarlos de algún modo.

Parecería como que en ciertos tipos de democracias, incluyendo las democracias maduras, los líderes políticos están combinando una orientación de libre mercado con un creciente cometido a combatir la pobreza y la desigualdad. Pero están haciéndolo creando oportunidades para todos en un entorno de mercado en vez de recurrir a transferencias y redistribuciones populistas.


A medida que los fondos multilaterales se ven relativizados por masivos flujos de capital privado hacia países en desarrollo, ¿cómo pueden las instituciones como el BID seguir teniendo impacto?

BIRDSALL: Pienso que es muy significativo que persista la demanda de crédito y asesoramiento del BID, aún de parte de países que reciben grandes ingresos de capital. Más y más, los préstamos del BID se están tornando en vehículos para crear un diálogo político en torno a ideas. Esto se remonta al hecho de que el dinero no es el principal recurso del BID, sino las ideas.

A pesar de los cambios en la organización del BID que han acelerado la prestación de servicios, usted ha notado que los clientes piensan que el Banco es todavía muy lento. ¿Qué más puede hacerse para responder a esa demanda?

BIRDSALL: Una parte de la solución puede ser reconocer que diferentes tipos de préstamos deben ser preparados en acuerdo con diferentes procedimientos. Actualmente, en esencia preparamos de la misma manera un préstamo de un millón de dólares y uno de 400 millones, y lo hemos estado haciendo así por tres décadas. De manera que necesitamos repensar ese enfoque tan mecánico, por decirlo de algún modo.

La segunda parte de la solución involucra la cuestión de delegación del Directorio Ejecutivo del BID a la gerencia del Banco y dentro de la propia gerencia. Pienso que es crucial descentralizar esas decisiones tanto como sea posible. Pero tiene que ser hecho en un contexto que tome en cuenta los riesgos. Creo que podemos encontrar formas de equilibrar la delegación con un enfoque adecuado de los riesgos.


¿Cómo le gustaría que se recuerde su paso por el BID?

BIRDSALL: Pienso que por haber traído un enfoque un tanto más uniforme y analítico a temas de política social, a temas de pobreza y desigualdad; por tratar de asegurar que el Banco aumentara su capacidad analítica en un número de áreas con el fin de ser más útil a sus clientes. Y por haber fortalecido los esfuerzos desplegados por las mujeres en el Banco para elevar su rango.

Me gustaría creer también que, al presidir el comité de préstamos del BID, que vela el negocio primordial del Banco, hice un aporte al poner énfasis en la calidad de nuestras operaciones y el vínculo entre el compromiso del prestatario con el proyecto en términos de propiedad, responsabilidad y sustentabilidad.



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