Portada | Contenida

Cien años de luces y sombras
Una historia económica de América Latina revela modelos de desigualdad y motivos de esperanza






Ver también:
Una obra de singular ambición

Por PETER BATE

Cómo juzgará la historia la evolución económica de América Latina y el Caribe durante el siglo XX? A primera vista, el siglo parece haber sido un éxito espectacular. El ingreso promedio per cápita en la región se quintuplicó. La expectativa de vida, de apenas 40 años en 1900, promedia ahora los 70 años. Hacia el año 2000, siete de cada ocho latinoamericanos adultos podrán leer y escribir; en 1900 sólo uno de cada cuatro podía hacerlo.

Sin embargo, no obstante esos logros, América Latina no ha podido progresar en relación al mundo desarrollado. En 1900, el ingreso per cápita promedio de los países más grandes de la región equivalía al 14 por ciento del de Estados Unidos; hoy apenas llega al 13 por ciento. La industria ha crecido del cinco por ciento al 25 por ciento del producto interno bruto de la región, pero la contribución latinoamericana al comercio mundial bajó del siete al tres por ciento del total y las materias primas aún representan más de la mitad de sus exportaciones. Pese al crecimiento, América Latina y el Caribe siguen dependiendo del capital foráneo.

La desigualdad en la distribución del ingreso en América Latina, quizás su estigma más persistente, ya era la más marcada de todo el mundo en los años sesenta y se acentuó todavía más en las décadas siguientes. En la actualidad, dos de cada cinco familias latinoamericanas viven en la pobreza.

Estas son las paradojas que examina Progreso, Pobreza y Exclusión, la primera obra integral sobre la historia económica de América Latina y el Caribe del siglo XX. Este ambicioso proyecto, auspiciado por el BID y la Unión Europea, fue escrito por la economista Rosemary Thorp, de la universidad de Oxford, en base a contribuciones de estudiosos (ver recuadro a la izquierda).

"El desafío de este libro", dice la autora en la introducción, "es capturar el siglo, con sus luces y sus sombras, lo positivo y lo negativo". El volumen de 350 páginas procura colocar en un contexto histórico los esfuerzos desplegados por la región para alcanzar el desarrollo; las estrategias, opciones, éxitos y fracasos de países tan radicalmente diferentes como el gigantesco Brasil y los diminutos estados isleños del Caribe.

Combinando datos cuantitativos y economía política, Thorp evalúa los logros y errores de la región durante este siglo y rastrea sus raíces históricas.

Una de las fuerzas determinantes fue la transformación de estructuras económicas internas en países de América Latina. A principios de este siglo, la falta de infraestructura de transporte y comunicaciones aún dividía a muchas economías de la región en virtuales archipiélagos comerciales. Thorp relata que en 1900, si un parroquiano pedía una cerveza importada en Mérida, probablemente le servían una "Dos Equis" embotellada en Orizaba, otra ciudad tan mexicana como la capital yucateca.

Caminos, ferrocarriles y teléfonos gradualmente ayudaron a conectar esos mercados internos, pero Thorp destaca el papel integrador que cumplieron instituciones públicas como los bancos centrales, que se volvieron casi universales hacia los años veinte. Las empresas públicas y los entes nacionales de fomento crecieron a medida que se agrandó el papel del estado en la economía desde los años treinta hasta los sesenta. Ese período fue seguido por un giro hacia el libre mercado a partir de los años setenta, que eventualmente desembocó en la privatización de muchos entes estatales. En la última década del siglo, la atención se ha dirigido a fortalecer los marcos regulatorios y legales en economías crecientemente dominadas por el sector privado.

Thorp estudia asimismo las olas de expansión económica experimentadas por la región y traza sus vínculos con la economía global. Examina las perturbaciones causadas por episodios internacionales como las dos guerras mundiales y la Gran Depresión, debacles regionales como las crisis de deuda de los años treinta y ochenta, y las muy frecuentes intervenciones de los militares en asuntos políticos y económicos.

Thorp desmenuza estos fenómenos en busca de pistas que expliquen porqué, a pesar del significativo aumento en el ingreso per cápita alcanzado durante este siglo, América Latina todavía tiene la distribución de riqueza más desigual del mundo. Una parte crucial de la respuesta, apunta, está en la inusitada persistencia de jerarquías sociales y económicas establecidas durante la época colonial. Por ejemplo, durante la primera ola de crecimiento promovida por el auge de las exportaciones, iniciada a mediados del siglo xix, la mano de obra escaseaba en América Latina. La inmigración palió parte de esa demanda, pero en vez de traducirse en una tajada más grande del pastel económico para los trabajadores, el crecimiento generó instituciones que reprimían a los movimientos sindicales y expandían la oferta de mano de obra despojando a los campesinos.

La concentración del ingreso se mantuvo como rasgo característico de América Latina durante las etapas siguientes de su desarrollo. Aun cuando a la región claramente le hubiese beneficiado contar con mercados nacionales más grandes, más ahorro interno y mayor inversión en recursos humanos, Thorp señala que la estructura del poder y el cortoplacismo se contrapusieron a cualquier política decisiva de redistribución. Los esfuerzos desplegados en ese sentido tales como la reforma agraria, tendieron a fallar por razones políticas, económicas y técnicas.

Más recientemente, el auge provocado por el aumento de los precios del petróleo en 1973 y el súbito incremento en el ingreso de capitales terminó abruptamente en 1982 con la crisis de la deuda externa. Sucesivos ajustes malogrados condujeron a un viraje pronunciado en el modelo de desarrollo para colocar el énfasis en el crecimiento impulsado por el sector privado, la contracción del estado y la liberalización de los mercados. Esta nueva estrategia, cree Thorp, exacerbó la desigualdad al empeorar la distribución del ingreso. Pero la autora ve señales esperanzadoras en el pragmatismo que crecientemente propician los líderes políticos de la región, particularmente en sus esfuerzos por hacer frente a los profundos problemas sociales.



PORTADA
ACERCA DEL BID | DEPARTAMENTOS | INVESTIGACION Y ESTADISTICAS | OPORTUNIDADES DE NEGOCIOS | POLITICAS | PRENSA Y PUBLICACIONES | PROYECTOS |  SECTOR PRIVADO