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Sierra, carite, cojinua, pacora, pargo. Si es bueno para comer y nada cerca de la costa caribeña de Colombia, seguramente Zenén Zúñiga sabe cómo pescarlo. Este pescador tradicional de la isla de Barú, frente a la ciudad de Cartagena, ha pasado la mayor parte de sus 36 años de vida persiguiendo a estos peces en una chalupa hecha a mano. La cooperativa es una institución vital para las familias de pescadores que moran en las costas de Barú. Los hombres pescan; las mujeres limpian, procesan y venden el pescado. Sus negocios marchan bien pero podrían andar mucho mejor si no fuese por el alto costo de reemplazar cada tanto motores fuera de borda, comprar redes y llegar a nuevos clientes. La Fundación Mario Santo Domingo, apoyada con un préstamo de 500.000 dólares del BID, está ayudando a la cooperativa y a centenares de pescadores en la isla a cubrir tales gastos mediante un programa de microcrédito que les permite a los deudores pagar sus deudas con pescado. Para las mujeres, que representan una quinta parte de los integrantes de la cooperativa, el programa además ofrece entrenamiento en técnicas de comercialización y administración. Zúñiga fue uno de los primeros en anotarse en el programa. Tomó prestados 3.000 dólares para adquirir redes y un motor de 40 HP que lo ayudará a ganar la carrera diaria hacia las mejores zonas de pesca. Si acaso el pasado es preludio del futuro, seguramente será el primero en cancelar su deuda. |
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