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Subsidios sin pecado





¿Debe el Estado alentar la creacion de nuevas empresas? ¿Son todas las formas de subsidio una herejía en estos tiempos de ortodoxia de libre mercado? ¿Cómo puede un gobierno ofrecer estímulos económicos sin crear adicciones fatales?

Esos fueron algunos de los temas que casi 70 funcionarios de las Américas, Europa y Japón debatieron durante una mesa redonda sobre pequeña y mediana empresa que convocó el BID en julio. El intercambio de ideas y experiencias de ese encuentro servirá para afinar el apoyo del Banco a las PYMEs.

El presidente del BID, Enrique V. Iglesias, abordó sin rodeos la cuestión de los subsidios, subrayando que durante las pasadas décadas han sido estigmatizados como un pecado económico. Bien puede que sea así, señaló, cuando los subsidios distorsionan las reglas del mercado. Pero otra cosa es si son explícitamente presupuestados y aprobados a través de un proceso público que busca un efecto socialmente deseable.

"En ese caso, no deberían quedar fuera del ámbito de lo que podríamos llamar las prácticas sanas", dijo Iglesias. "Personalmente, no le tengo miedo a la palabra".

¿De qué forma pueden los gobiernos emplear subsidios sin arriesgar su salvación económica? Aída Alvarez, titular de la Administración de la Pequeña Empresa (SBA) de Estados Unidos, explicó que a su gobierno le interesa brindar a las empresas nuevas la oportunidad de tener éxito porque considera a las PYMEs no sólo como un importante motor de la economía nacional, sino también como una herramienta de movilidad social y mejor distribución del ingreso.

"Es difícil exagerar la importancia de la pequeña empresa en Estados Unidos", afirmó Alvarez. "Buena parte del éxito económico que estamos disfrutando se debe a la vibrante contribución de las PYMEs".

En Estados Unidos hay unas 23 millones de pequeñas empresas que generan casi 40 por ciento de su producto interno bruto.

En sus comienzos, la SBA hacía préstamos directos a pequeñas empresas porque la banca comercial dudaba en ofrecer crédito a empresarios que carecían de garantías o de una trayectoria exitosa. En 1958, la SBA creó su programa de Compañías de Inversión en Pequeñas Empresas que canalizó capital de riesgo a nuevas firmas y generó un poco de competencia privada para los bancos. Entre las empresas que en sus comienzos se beneficiaron con este programa figuran algunos actuales gigantes como Intel y Federal Express.

Gonzalo Rivas, vicepresidente ejecutivo de la Corporación de Fomento (CORFO) de Chile, ofreció algunas ideas sobre cómo evitar que los subsidios se conviertan en un auxilio permanente para empresas insostenibles.

"Nada debe ser gratis", subrayó, apuntando que CORFO requiere que sus beneficiarios aporten financiamiento y se arriesguen a evaluar la demanda para sus productos o servicios. Asimismo, la CORFO vigila el desempeño de sus clientes para verificar si están cumpliendo con las metas convenidas.

Rivas advirtió que se debe poner límite al tiempo en que el gobierno brinda subsidios a las empresas. "Estas no son muletas. Deben salir adelante o hundirse".

La CORFO opera en todo Chile a través de agentes, mayormente del sector privado, que tratan directamente con las pequeñas empresas. El sistema permite a esos intermediarios ofrecer los servicios de otras entidades del gobierno chileno como la agencia para la promoción de exportaciones ProChile y el servicio nacional de capacitación laboral (SENCE).

--Peter Bate



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