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Jaime Turón podría ser el epítome de la democracia en acción y del creciente respeto hacia las culturas y
derechos de los indígenas en América Latina. En 1996, este indio Ye'kwana fue electo como primer alcalde del distrito
venezolano del Alto Orinoco, una vasta región de bosques y savanas lindante con Brasil que tal vez sea más conocida como la
tierra de la tribu Yanomamö. Pero durante una reciente visita a Washington, Turón no se mostró satisfecho. Este alcalde manifestó enojo, frustración y temor por lo que les está ocurriendo a los 22.000 habitantes de su distrito y por lo poco que puede hacer para evitarlo. Los últimos acontecimientos en el Alto Orinoco, como los describió Turón, forman el capítulo más reciente en la turbulenta historia del contacto entre los pueblos indígenas y las influencias externas. Este proceso, dijo, comenzó con la llegada de misioneros salesianos a comienzos de este siglo, iniciando la erosión de la cultura local y la introducción de enfermedades contra las cuales los indígenas no tenían defensas. De un tiempo a esta parte, buscadores de oro han invadido su región, usurpando tierras y esparciendo a ún más enfermedades. Para colmo de males, en 1996 hubo una inundación sin precedentes y ahora El Niño ha producido sequías e incendios. La gente está débil de hambre y enfermedad, dijo Turón, y miles han muerto. Para complicar aún más el cuadro, la autoridad del alcalde es desafiada por las misiones religiosas, extremistas ideológicos y guerrilleros. El antropólogo Napoleón A. Chagnon, quien acompañó a Turón a Estados Unidos, ha organizado envíos de medicinas para aliviar la crisis sanitaria en el Alto Orinoco. Pero por problemas logísticos y otros obstáculos, muchos embarques no han llegado a sus beneficiarios ideales. Según Chagnon, los habitantes del
distrito de Turón necesitan un helicóptero o un barco hospital para llegar a las aldeas más remotas. No sería mucho, pero
ayudaría. |
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