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En una modesta vivienda de un barrio de clase trabajadora en Caracas, un joven practica sus lecciones de trombón mientras su madre prepara la cena. En ciudades, pueblos y aldeas de toda Venezuela, gente joven trajina por la escala musical, asiste fielmente a ensayos e interpreta en escuelas, parques y salas de concierto. Venezuela bulle con música y músicos. No siempre fue así. Hace tan sólo dos décadas, sólo los niños de la clase acomodada recibían educación artística. Venezuela tenía en ese entonces apenas una orquesta sinfónica, en la que 80 por ciento de los músicos eran extranjeros. Lo que cambió la escena orquestal en Venezuela fue la creación en 1975 de una orquesta sinfónica juvenil nacional. Impresionado por el éxito inmediato del proyecto, el Ministerio de Servicios a la Familia le brindó apoyo financiero. En la actualidad, el proyecto se ha convertido en una red de 60 centros que ofrecen enseñanza coral, musical e instrumental a unos 57.000 niños y adolescentes, muchos de ellos de familias humildes. Inclinado a extender el programa a más jóvenes, el gobierno pidió apoyo financiero al BID. En noviembre, el Banco aprobó un préstamo de US$8 millones para ampliar el sistema orquestal y coral y mejorar su calidad. Los fondos ayudarán a mejorar la enseñanza, perfeccionar la administración y construir un centro de capacitación con salas de ensayo y concierto en Caracas. EL ANGULO SOCIAL Normalmente considerada un fin artístico en sí misma, la música puede tener un papel vital en una sociedad con limitadas posibilidades de mobilidad social y económica. En Venezuela, el sistema orquestal y coral funciona como un movimiento social, sostiene José Antonio Abreu, su fundador y director. Estudiar un instrumento y tocar en una orquesta tiene algunos beneficios prácticos como también psicológicos, dice Abreu. Para comenzar, demanda dedicación y disciplina, dos cosas muy útiles para el éxito en la escuela. Aunque los participantes deben dedicar varias horas por día a practicar, 96 por ciento de ellos tiene excelentes calificaciones en la escuela, según un estudio. "Sobresalen como jóvenes exitosos gracias a su estable relación con la música", afirma Abreu. Asimismo, tocar en una orquesta enseña a trabajar en equipo. "Una orquesta es una asociación muy especial cuyo propósito es la armonía y la cooperación", señala Abreu. Además, muestra el valor del esfuerzo porque sus líderes son elegidos en base a su calidad. La música fortalece también la vida familiar, estrechando los lazos entre los jóvenes músicos y sus padres, quienes deben darles el apoyo que les hará falta. A nivel comunitario, la música une a los vecinos en la celebración de los logros de sus hijas e hijos.
Actualmente, los músicos de las primeras orquestas juveniles tocan en las orquestas sinfónicas regionales de toda Venezuela. La Sinfónica del Estado de Anzoátegui, por ejemplo, es dirigida y formada por ex miembros de la Orquesta Juvenil de Anzoátegui. Cuando no están de gira o actuando, los ex miembros de las orquestas juveniles enseñan a la nueva generación de músicos. |
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