uando Napoleón Bonaparte derrotó a los austriacos
en 1800, dejó ver claramente que se proponía
dominar Europa. Tenía puesta la mira en Inglaterra,
pero primero debía controlar el resto de Europa, y
además necesitaba fondos para costear sus campañas.
Luisiana no le importaba gran cosa, pero se percató
de que podía usarla para negociar si amenazaba a España.
Por lo tanto, le exigió a Carlos IV que devolviese
el territorio a Francia. El rey español accedió.
No obstante, Carlos IV acabó siendo destronado por
Napoleón y los franceses invadieron España,
hecho que precipitó el derrumbamiento del imperio español
en América. Entre tanto, Luisiana fue el precio que
el rey pagó para ganar tiempo.
Aunque España cedió Luisiana a Francia en 1800,
la ceremonia oficial se llevó a cabo tres años
después, el 30 de noviembre de 1803, fecha en que la
bandera española fue arriada y el pabellón francés
se izó de nuevo. Las autoridades gubernamentales que
representaban a España fueron cesadas y los nuevos
funcionarios franceses tomaron posesión. Esta formalidad
debió cumplirse para que Luisiana fuese debidamente
entregada a Estados Unidos, ya que en abril de ese año
el tercer presidente de este país, Thomas Jefferson,
la había comprado de Napoleón Bonaparte. Al
ser izada el 20 de diciembre de 1803, la bandera estadounidense
ondea sobre una Luisiana muy vasta que se extiende aproximadamente
desde el golfo de México hasta el Canadá, y
desde el río Mississippi hasta las montañas
Rocosas. Al final, ese territorio se dividirá para
formar otros 13 estados.
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Batalla
de Nueva Orleans (detalle) (1815). New Orleans Museum
of Art
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El gobernador es entonces William Charles Cole Clairborne,
quien tiene ante sí una empresa ardua para decir
lo menos. Los luisianos hablan francés, español
u otras lenguas, pero el inglés les resulta ajeno.
Para una población abrumadoramente católica,
no protestante, la imposición de nuevas leyes de
origen inglés resultó penosa. La animosidad
entre los criollos originales de Luisiana y los anglosajones
estadounidenses recién llegados se prolongaría
muchos años después de la compra del territorio.
El 30 de abril de 1812, exactamente nueve años después
de haber sido comprada, Luisiana se convirtió en
el estado número 18 y Clairborne resultó electo
gobernador. A los pocos días, Estados Unidos le declaró
la guerra a Inglaterra. Los combates se libraron tierra
adentro, al principio con gran éxito para las fuerzas
inglesas, que incluso llegaron a atacar Washington, D.C.,
y quemaron la Casa Blanca. Fue entonces cuando se ordenó
al general Andrew Jackson que marchara con sus tropas hacia
el sur. En 1814, corrían rumores de que los ingleses
atacarían Nueva Orleans. Jackson los derrotó
en Mobile, Alabama, pero la verdadera invasión aún
estaba por llegar.
Los ingleses se estaban preparando para invadir Luisiana
en diciembre lanzando un asalto masivo comandado por el
general Edward Packenham. Por su parte, Jackson se enteró
de los planes y se puso a preparar la defensa. El asalto
a Nueva Orleans comenzó el 28 de diciembre y los
ingleses fueron rechazados; el 8 de enero de 1815 se produjo
el ataque definitivo, pero volvió a toparse con una
fiera resistencia. El propio Packenham resultó muerto,
al igual que su segundo al mando, el general John Keane.
Los ingleses se retiraron el 27 de enero. La batalla de
Nueva Orleans puso fin a las tentativas inglesas de dominar
alguna parte del territorio estadounidense.
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