ALEJANDRO OBREGON

 
El Pequeño Guerrero (El Caballero Mateo)
1965
Suramericana de Seguros

 

Homenaje al Poeta Jorge Gaitán Durán,
1962
Biblioteca Luis Angel Arango,
Banco de la República de Colombia

Aleta Milenaria,
1962
Museo Nacional
de Colombia
Jardín Fantástico,
1972
Suramericana
de Seguros
Sin título,
c. 1973
Banco Interamericano
de Desarrollo

 

 

 

El lenguaje plástico de la nueva generación

La pasión exhuberante

Alejandro Obregón nació en 1920, en Barcelona, España, adonde su padre, colombiano, se había trasladado temporalmente. Su infancia transcurrió en Barranquilla (Colombia) y Liverpool (Inglaterra). En 1939 uno lo encuentra estudiando bellas artes en Boston. Al año siguiente regresaría a Barcelona, como Vice-cónsul de Colombia, hasta 1944. De nuevo en Santafé de Bogotá en 1948, fue nombrado Director de la Escuela de Bellas Artes. En dicha posición se mantuvo escasamente un año, aunque la semilla de cambio que allí logró plantar se enraizó rápidamente. Al año siguiente, Obregón se marchó a Alba, cerca de Avignon (Francia), donde permanecería hasta 1955. Para este año, al cual pertenece Bodegón en Amarillo, el estilo de Obregón estaría perfectamente definido, y poseería los elementos formales que le caracterizarían hasta su muerte en 1992.

Obregón es fundamentalmente un pintor. En su obra la composición usualmente es definida sobre la superficie por el uso de la horizontal, dividiendo el plano en dos áreas de diferente valor pictórico o tamaño, pero idéntica intensidad visual. Contra ellas se articulan los demás elementos. El color juega un papel fundamental en la integración de ingeniosas estructuras, en un comienzo marcadamente geométricas y más adelante controladamente expresionistas.

El historiador colombiano Eugenio Barney llegó inclusive a hablar de "períodos" en la obra de Obregón ­ como en Picasso ­ caracterizándolos por la armonía de color dominante. Sin duda, la presencia del genio de Málaga está allí, y también la del inglés Graham Sutherland, si bien son utilizadas como comienzos y no como llegadas.

Con su gran sensibilidad, la cual impresionaba cuando se le conocía, Obregón logró desarrollar un sistema pictográfico de su propia invención, con una personal simbología formal y cromática. Este sistema alcanzó en los años sesenta un nivel de excelencia que difícilmente podría superar posteriormente. Ello fue suficiente no obstante para que, en la IX Bienal de São Paulo, donde Obregón representó a Colombia con una sala especial, el jurado internacional le concediese el Gran Premio Latinoamericano Francisco Matarazzo Sobrinho.

Por espacio de cuatro décadas y a través de numerosas etapas, si bien algunas más brillantes que otras, Obregón iría lentamente incorporando en su pintura toda una serie de temáticas que, trascendiendo lo literario, elaborarían con su abecedario visual una fraseología plástica, cuyos significados, ensamblados con sorprendente habilidad, identificarían inequívocamente a Colombia. Desde sus Bodegones de los años cincuenta hasta sus evocaciones del cielo, el mar, y las murallas de Cartagena de Indias, donde vivió y trabajó en sus últimos años, la pintura de Obregón hablaría para siempre de sus coqueteos de aventura con la geografía, de la fauna y la flora acuática y terrestre, del amor a la familia y la pasión por la mujer, de la poesía y la tragedia, de la vida y la muerte, de la lealtad y la amistad, y, en última instancia, de la grandeza de la vida y su futilidad en medio de la insignificancia cósmica.

Su pintura habla también, por qué no, de los eventos de la vida diaria del país, atrapado como casi todos en América Latina entre los fuegos cruzados de la Guerra Fría. Su pintura Estudiante Muerto (conocida también como El Velorio), obra realizada en alusión a los desmanes de la Dictadura, mereció en 1956, en Nueva York, el Premio Guggenheim por Colombia; y en el mismo año, su Ganado Ahogándose en el Río Magdalena fue distinguido con el primer premio en The Gulf Caribbean Competition, en Houston, concurso en el cual encontramos también la presencia de Enrique Grau, Edgar Negret y Eduardo Ramírez Villamizar.