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América Latina y el Caribe en 2004


Exportaciones
(Cambio anual porcentual)
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      Fuente: CEPAL, Balance preliminar de las economías de        América Latina y el Caribe, 2004.
El desempeño económico
y las políticas macroeconómicas

Después de cinco años de crecimiento muy bajo, se calcula que en 2004 América Latina y el Caribe tuvieron un crecimiento de 5,5%, según las estimaciones de la CEPAL. Por segunda vez en 20 años, las seis economías más grandes de la región crecieron todas a tasas por encima de 3%. Para Argentina, Brasil, Ecuador, Uruguay y Venezuela, el crecimiento del último año fue el mejor de los últimos diez años. Solamente Haití tuvo crecimiento negativo, mientras que nueve países tuvieron tasas de aumento de más de 5%. Sin embargo, es preciso advertir que las tres mayores tasas de crecimiento, de 18% en Venezuela, 12% en Uruguay y 8% en Argentina, fueron el resultado de procesos aún incompletos de recuperación, ya que ninguna de estas economías ha alcanzado todavía el nivel del PIB anterior a la recesión de la cual están saliendo. Aparte de estos tres países, Brasil, Chile y Ecuador en América del Sur, Panamá y Belice en América Central y Trinidad y Tobago en el Caribe alcanzaron crecimientos de más de 5%.

En términos del ingreso per cápita, el crecimiento de 2004 representó un aumento de 4%, que compensa las caídas acumuladas durante la “media década perdida” entre 1998 y 2003. El ingreso per cápita actual para la región en su conjunto es ya 2% mayor al alcanzado en 1998. Sin embargo, en Argentina, Bolivia, Colombia, Haití, Paraguay, Uruguay y Venezuela, el ingreso per cápita se encuentra aún por debajo de su pico reciente.

Las exportaciones han sido el factor de demanda más importante para la recuperación. Impulsadas tanto por los buenos precios externos y el pujante crecimiento del comercio mundial, como por tasas de cambio competitivas en términos reales, se estima que las exportaciones de toda América Latina y el Caribe crecieron 22% en 2004, con aumentos especialmente notables en Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, México, Perú, Uruguay y Venezuela.

La demanda interna ha cumplido un papel mucho más modesto en el crecimiento, si bien el consumo y la inversión han tenido una importante recuperación en los países que habían sufrido de recesiones agudas en los años recientes. En efecto, como producto de la recuperación la inversión tuvo un importante repunte en 2004 en Argentina y Venezuela, y algo menos en Uruguay. También hubo fuertes aumentos de la inversión en Honduras y Paraguay, y crecimientos positivos aunque menos destacados en Brasil, Chile, Colombia, Guatemala, México, Nicaragua y Perú. Sin embargo, la tasa de inversión en capital fijo en toda la región ha ascendido apenas a 18,9% del PIB, cifra inferior al promedio de la década de 1990 (que fue 19,5%) y muy baja para hacer sostenible la actual tasa de crecimiento de la región. Las tasas de inversión más bajas en América Latina se registran en Uruguay, Venezuela y Bolivia, por debajo de 13%. Entre las economías grandes y medianas, sólo Chile y México tienen tasas de inversión superiores a 20%.

El vigoroso crecimiento de las economías latinoamericanas en 2004 no fue solamente producto de las buenas condiciones internacionales. Un conjunto de factores internos ha permitido que esas condiciones se tradujeran en mayores exportaciones y en un cierto crecimiento del consumo y la inversión privada. El primero de esos factores es la reducida necesidad de financiamiento extranjero, ya que se corrigieron los elevados déficit de cuenta corriente con el exterior de muchos países. La región en su conjunto tuvo en 2004 un resultado de superávit de cuenta corriente (equivalente a 1,1% del PIB), debido esencialmente a Argentina, Brasil, Chile, República Dominicana y Venezuela (aunque también tuvieron superávit de cuenta corriente Bolivia, Ecuador, Haití y Uruguay). Entre los países grandes de la región, solamente Colombia y México presentan déficit externo, y ambos bastante modestos (1,4% y 1% del PIB, respectivamente). A pesar de que los flujos netos de capitales han sido negativos, no hay evidencia de restricciones de financiamiento externo, que se reflejarían en presiones al alza de los tipos de cambio o de las tasas de interés. Esta baja dependencia del financiamiento externo es por supuesto un factor favorable ante un eventual cambio en el clima de riesgo internacional.

El segundo factor interno favorable a la recuperación, íntimamente conectado con el anterior, es el nivel depreciado de las tasas de cambio real, lo cual está contribuyendo al desempeño de las exportaciones y ayudando a contener la demanda de importaciones. El promedio de los tipos de cambio real efectivos de toda la región en 2004 fue 30% más depreciado que el vigente en promedio entre 1992 y 1998, cuando la región gozó de buen acceso a los mercados financieros internacionales, o 15% más que el promedio entre 1998 y 2002, que fueron años de condiciones financieras externas adversas para la región. No obstante, las tasas de cambio real están actualmente apreciadas con respecto a sus niveles del pasado en varios países (con respecto al período 1992-98, en orden descendente según la magnitud de la apreciación, los casos son: Honduras, Venezuela, Guatemala, El Salvador, Jamaica, México y Ecuador). Es importante señalar además que la tendencia reciente ha sido hacia la apreciación de las monedas latinoamericanas frente al dólar. En los siete países más grandes de la región, las tasas de cambio real habían aumentado en promedio casi 60% entre junio de 1998 y octubre de 2002. Desde entonces, la tendencia ha sido la opuesta, y ya para septiembre de 2004 se había erosionado cerca de la mitad de la devaluación real. En algunos países, esas tendencias se han agudizado aún más posteriormente. Por consiguiente, la desvalorización parece estar perdiendo fuerza rápidamente como factor de recuperación, en comparación con las tendencias de desvalorización del dólar en los mercados cambiarios mundiales.

Los tipos de cambio flexibles son el régimen cambiario más común actualmente en América Latina. Solamente cuatro países tienen tipos de cambio fijos o superfijos (Venezuela tiene una paridad fija y Ecuador, El Salvador y Panamá están dolarizados). Cuatro países pequeños utilizan sistemas de minidevaluaciones o de banda móvil (Bolivia, Costa Rica, Honduras y Nicaragua), mientras que todos los demás utilizan sistemas que, al menos en el papel, son de cambio flexible. Esto significa que las presiones a la apreciación real tienden a manifestarse en forma más temprana a través de los tipos de cambio nominal, y menos mediante mayores niveles de precios. Por supuesto, estas condiciones podrían cambiar en la medida en que las autoridades económicas opten por contener las presiones de apreciación interviniendo activamente en los mercados cambiarios, y por consiguiente acumulando reservas internacionales, lo que a la postre daría lugar a excesos de oferta monetaria que podrían traducirse en alzas mayores de precios.

Inflación
(CPI, cambio porcentual diciembre-diciembre)
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      Fuente: CEPAL, Balance preliminar de las economías de        América Latina y el Caribe, 2004.
El tercer factor interno que ha facilitado la recuperación es justamente el hecho de que en la mayoría de los países las tasas de inflación se han mantenido bajas, a pesar de las acentuadas devaluaciones entre 1998 y 2002. Aunque la tasa de inflación llegó a su nivel máximo en varios países en 2002, desde entonces se ha reducido rápidamente, en especial en Argentina y Uruguay. La tasa media de inflación en la región en 2004 llega a solo 7,7%. Únicamente Haití, República Dominicana y Venezuela presentan tasas de inflación por encima de 15%, mientras que en 11 países la tasa de crecimiento de los precios se situó en promedio por debajo de 5% anual. Las bajas tasas de inflación han sido posibles gracias a la credibilidad que han ganado las autoridades monetarias independientes en casi todos los países, lo cual ha permitido que cambios de importancia en los tipos de cambio (y otras variables) tuvieran efectos modestos sobre los niveles de precios, a diferencia de lo que ocurría en el pasado.

La credibilidad que han alcanzado las políticas monetarias en muchos países ha permitido reducir las tasas de interés reales a niveles que hace solo una década habrían sido incoherentes con el mantenimiento de bajos ritmos de inflación. Varios países de la región aprovecharon el ambiente de bajas tasas de interés internacional y bajas necesidades de financiamiento externo para reducir las tasas de interés locales en 2003 y buena parte de 2004. Tal fue el caso de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica y Perú. Por supuesto, esta postura de la política monetaria contribuyó a recuperar la demanda agregada y la actividad económica. Hacia fin de año, sin embargo, era ya evidente que las autoridades monetarias de la mayoría de los países estaban empezando a adoptar políticas menos acomodaticias, debido tanto a las tendencias de las tasas de interés en Estados Unidos y otros países desarrollados, como a señales de aumento en las tasas de inflación locales. México fue el primero en advertir estas tendencias, elevando la tasa de los certificados de tesorería de 6,6% en junio a 8,5% en noviembre de 2004. Brasil inició en septiembre una serie de aumentos a la tasa Selic, que en mayo había llegado a 16%, y que cerró el año en 17,75%. En Chile la tasa de intervención pasó de 1,75% en agosto a 2,25% al cerrar el año. No obstante estos aumentos, las tasas de interés reales se mantenían aún en niveles bajos en los últimos meses del año en varios países. De hecho, las tasas pasivas en términos reales estuvieron muy cercanas a cero o por debajo de ese valor en Argentina, Chile, Honduras y México, y estuvieron por encima de 5% solamente en Brasil, Guatemala, Paraguay y República Dominicana.

Si bien las tasas de interés de los créditos siguen siendo muy elevadas en la mayoría de los países de la región, las políticas monetarias relativamente holgadas que estuvieron vigentes durante 2004 facilitaron una importante expansión del crédito en muchos países, contribuyendo así a la recuperación de las economías. Hasta 2003 el crédito había contribuido muy poco al crecimiento, pues los bancos se encontraban aún agobiados por el peso de deudas malas, altos riesgos asociados a descalces cambiarios y la incertidumbre de una recuperación aún muy incipiente. Aunque en realidad los problemas de carácter más estructural que están detrás de algunos de estos riesgos no han sido corregidos, los sistemas financieros han encontrado el alivio de las bajas tasas de interés y de las tendencias a la apreciación cambiaria para adoptar posiciones más agresivas de toma de riesgos crediticios en los sectores productivos. En los siete países más grandes de la región (que concentran el 90% del PIB), el crecimiento del crédito en términos reales en los 12 meses comprendidos entre septiembre de 2003 y septiembre de 2004 fue de 12%. De esta manera, el crédito ha regresado a niveles reales comparables a los de tres años atrás, aunque todavía un 10% por debajo del pico alcanzado hacia comienzos de 1999, antes de que empezaran a sentirse en los mercados crediticios locales los efectos de la crisis rusa. La información sobre el destino sectorial del crédito disponible para algunos países que ha sido recopilada por la CEPAL indica que aunque el crédito para consumo es el de mayor crecimiento, hay un fuerte repunte en el crédito a los sectores industriales y comerciales en Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica y México. Entre los países analizados, solamente Perú está fuera de esta tendencia.

Balance fiscal
(Porcentaje del PIB)
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      Fuente: CEPAL, Balance preliminar de las economías de        América Latina y el Caribe, 2004.
Por último, la fortaleza de las cuentas fiscales en la mayoría de los países de la región ha sido un factor de importancia para la recuperación económica reciente. El déficit fiscal promedio (de los gobiernos centrales) en los países de la región descendió de 2,9% del PIB en 2002 a 2,6% en 2003 y a 2,2% en 2004. De 19 países incluidos en esta estadística, solamente ocho tienen déficit de más del 3% del PIB (en orden descendente, Bolivia, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Venezuela y Uruguay). Si se consideran solamente las operaciones primarias (es decir, excluidos los pagos de intereses), el saldo fiscal promedio pasó de un déficit de 0,3% del PIB en 2002 a un superávit de 0,6% en 2004. Solamente siete países tienen déficit de operaciones primarias (en orden descendente, Bolivia, Honduras, Haití, Nicaragua, Panamá, Colombia y El Salvador). Varios países han logrado fuertes posiciones fiscales primarias ante la necesidad de atender cuantiosos pagos por concepto de intereses de la deuda pública.

El fortalecimiento de las cuentas fiscales en 2004 ha sido resultado del buen comportamiento de los ingresos tributarios por efecto de la recuperación económica y los altos precios de los productos de exportación (especialmente el petróleo), el moderado crecimiento del gasto público y, en menor medida, la reducción en el servicio de la deuda debido a las bajas tasas de interés y las tendencias a la apreciación de los tipos de cambio.

Según cálculos de la CEPAL, la recaudación tributaria en 2004 como proporción del PIB es la más alta registrada para la región en su conjunto al menos desde 1990. El incremento de las alícuotas del IVA, la creación de nuevos impuestos (como los derechos a la exportación en Argentina y los impuestos a las operaciones bancarias en varios países) y varios mecanismos de imposición a las rentas petroleras son los principales factores que explican el aumento en las cargas tributarias. Simultáneamente, los gastos corrientes y de inversión han crecido más lentamente que el PIB, rompiéndose con la tendencia procíclica que ha caracterizado a la política fiscal en América Latina. La contención del gasto en varios países ha sido posible gracias a la adopción de reglas de responsabilidad fiscal, la mejora en las instituciones presupuestales y la presencia de fondos de estabilización de recursos provenientes de las rentas del petróleo, el cobre y otros recursos naturales. La presión ejercida por las obligaciones de deuda pública también ha sido un importante factor de disciplina fiscal en muchos países.

El fortalecimiento del fisco ha contribuido a la recuperación económica en forma sostenible porque ha moderado las necesidades de financiamiento externo e interno, aliviando de esta forma las presiones a la apreciación de los tipos de cambio reales y abriendo espacio para la expansión del crédito local a los sectores privados en condiciones no inflacionarias. En la medida en que el fortalecimiento fiscal ha mejorado la confianza, ha facilitado la labor de las autoridades monetarias y ha contribuido a sostener bajas tasas de interés reales.

Aunque es demasiado temprano para declarar que la región ha dejado atrás las penurias fiscales, y todavía no se han superado las vulnerabilidades estructurales en algunos campos, las tendencias descritas fueron positivas en general. En contra de lo que a menudo se supone, la solidez fiscal no ha ocurrido a costa del gasto público social, ya que en todos los países de la región es actualmente mayor que a comienzos de los años noventa, como porcentaje del PIB. En cambio, sí es un hecho que la inversión pública ha sufrido recortes severos en muchos países, no solamente en aquellos que tuvieron éxito en abrir espacio al sector privado para realizar este tipo de inversiones.

En síntesis, si bien la recuperación ha sido apoyada en buena medida por sanas políticas macroeconómicas que han permitido reducir las necesidades de financiamiento externo, mantener altas tasas de cambio real, contener las alzas de precios y fortalecer las cuentas fiscales, estos logros no están garantizados y persisten aún diversos factores de vulnerabilidad.



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