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La calidad de vida ha mejorado más en el último siglo
que en el resto de la historia, la brecha entre los países
más ricos y los más pobres se ha duplicado en los
últimos veinte años y globalmente la desigualdad entre
las personas también ha crecido.
Cómo reducir esta creciente brecha fue el tema del seminario
Globalización con respuesta social, uno de los 16
eventos de este tipo que se realizan en el marco de la reunión
anual del BID en Santiago.
En la inauguración, el presidente del BID Enrique V. Iglesias
convocó a los participantes a tomar enérgicas medidas
para redirigir el curso de la globalización hacia el logro
de objetivos sociales y urgió examinar que las normas internacionales
que rigen el intercambio de capital y bienes y servicios, y los
flujos de la fuerza laboral contemplen las necesidades de los países
en desarrollo.
En un examen de la visión del BID acerca de este tema, Nora
Lustig, asesora principal sobre Pobreza y Desigualdad y Robert Devlin,
subgerente del Departamento de Integración y Programas Regionales
del BID hicieron un llamado para que el proceso de integración
de la economía mundial amplíe las oportunidades para
todos, particularmente para los más pobres.
Entre las medidas que sugirieron están la liberalización
unilateral del comercio y políticas de migraciones más
generosas en los países ricos; y la introducción de
códigos de ética de negocios para asegurar condiciones
laborales adecuadas y una mayor tolerancia a una apertura gradual
a los capitales extranjeros en los países más pobres.
Un segundo panel de distinguidas personalidades estudió
la función de las normas internacionales y una tercera mesa
deliberó sobre la protección social, el papel de las
instituciones multilaterales y la promoción de bienes públicos
de alcance mundial.
Cerrar la brecha entre ricos y pobres requerirá también
iniciativas nacionales, regionales e internacionales para permitir
la producción de bienes públicos, donde el rol de
los organismos internacionales y los países más ricos
será esencial.
También se abordó la responsabilidad compartida,
con una mayor contribución de quienes pueden hacerlo, en
la producción de bienes públicos globales, tales como
vacunas contra enfermedades transmisibles; la protección
de la democracia y la paz; la sostenibilidad ambiental y la estabilidad
financiera global; y una pronta respuesta ante desastres naturales,
económicos o sociales.
Se analizaron, además, los mecanismos de protección
social para enfrentar los costos de las transiciones y las cambiantes
circunstancias de un mundo económicamente más integrado;
y las formas en que los gobiernos nacionales pueden asegurar el
cumplimiento de sus responsabilidades y un alto nivel de representación
en foros regionales e internacionales.
Mientras, otro problema que preocupa a los expertos es el estancamiento
del crecimiento económico en la región, que afecta
no sólo a los pobres sino a las economías en general.
Lo que los gobiernos pueden realizar para impulsar el crecimiento
fue el tema de otro seminario, del cual se informará mañana.
Preocupaci—n por crecimiento mediocre
Un segundo seminario abordó el preocupante problema del
deslucido desempeño del crecimiento económico de la
región, que afecta especialmente a los segmentos más
pobres de su población.
"Hay un gran temor entre las autoridades de América Latina
de que el crecimiento vuelva a reducirse este año", afirmó
el presidente del Banco, Enrique V. Iglesias en su discurso inaugural
del seminario ÀQué está deteniendo el crecimiento
en América Latina? ÀQué deben hacer los gobiernos?
"De hecho, en el BID y en otras instituciones estamos previendo
que una tasa de 3,5 por ciento sería un logro máximo."
Iglesias señaló que la tasa de 4 por ciento lograda
el año pasado no fue suficiente como para hacer mella en
los niveles de pobreza y desempleo que padece la región.
Iglesias agregó que, aunque el BID no ve señales de
recesión en ningún país latinoamericano, y
los fundamentos económicos de la mayoría de sus países
siguen siendo sanos, las nuevas condiciones internacionales podrían
resultar adversas para algunas economías de la región.
El principal motivo de esa incertidumbre sería la caída
en el crecimiento de la economía estadounidense, que en años
recientes se había constituido en un motor de la economía
global.
Las posibles consecuencias de esta desaceleración fueron
analizadas por el economista jefe designado del BID, Guillermo Calvo,
quien se–aló que una eventual recesión en Estados
Unidos tendría efectos distintos en los sectores reales y
financieros de las economías de la región.
En el sector real, una caída del orden de uno por ciento
en el PIB estadounidense implicaría una caída de 0,4
por ciento para América Latina, en promedio; aunque el impacto
sería mayor en países con fuertes lazos comerciales
con Estados Unidos, como México.
En el sector financiero, una reducción de uno por ciento
en la tasa de interés estadounidense significaría
un aumento de 0,8 por ciento en la tasa de crecimiento latinoamericana.
Incluso con una mayor recesión estadounidense, si va acompañada
de una mayor reducci—n en la tasa de interés norteamericana,
el efecto sería menor en América Latina. Un raro caso,
señaló Calvo, en donde Estados Unidos se resfría
y nuestra región estornuda.
En el seminario intervinieron altos funcionarios de Argentina,
Brasil, Chile, Colombia, Jamaica y México, así como
destacados investigadores del desarrollo económico latinoamericano.
Nuevos préstamos para Uruguay, Nicaragua, Bolivia y Brasil
Anoche el presidente uruguayo Jorge Batlle y el presidente del
BID Iglesias firmaron documentos por un préstamo de US$30
millones para fortalecer la capacidad del país en el área
de investigación, desarrollo tecnológico, innovación
y competitividad empresaria. El ministro de Educación y Cultura
de Uruguay Antonio Mercader fue el testigo de honor.
También se firmó un préstamo concesional de
US$12 millones para apoyar la reforma judicial y la modernización
en Nicaragua. Participaron en la ceremonia el ministro de Relaciones
Exteriores de Nicaragua Francisco Aguirre Sacasa y el presidente
del BID.
Para Brasil se firmó una donación de US$750.000 para
un programa de manejo ambiental y pesquerías en el estuario
de Lagoa dos Patos en el estado de Rio Grande do Sul. Participaron
Milton Lafourcade Asmus, de la Universidad Federal de la Fundación
de Río Grande y el presidente del BID Iglesias. Fueron testigos
de honor Koji Tanami, asesor especial del ministro de finanzas de
Japón. Los recursos de la donación para el proyecto
provendrán del Fondo Especial Japonés.
El ministro de Hacienda de Bolivia José Luis Lupo y el presidente
del BID Iglesias firmaron documentos por un préstamo blando
de US$47 millones para fortalecer la gestión del sector público
en el nivel municipal y financiar proyectos de investigación
local. Se trata de la primera etapa de un programa en dos etapas
para el que el BID prestará US$87 millones.
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