NUEVA ORLEANS -
La reducción de la vulnerabilidad a las amenazas naturales debe ser vista como una inversión clave en América Latina y el Caribe, una región expuesta a catástrofes cada vez más frecuentes causadas por huracanes, terremotos, sequías e inundaciones.
Esta es una de las conclusiones de un estudio preparado por el Banco Interamericano de Desarrollo y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe para el seminario Como Enfrentar los Desastres Naturales: Una Cuestión de Desarrollo, celebrado hoy en esta ciudad estadounidense en conjunción con la Reunión Anual de la Asamblea de Gobernadores del BID.
Al inaugurar el seminario, que contó con el patrocinio de los gobiernos de Finlandia y Suecia, el presidente del Banco, Enrique V. Iglesias, comentó que no es obra de la casualidad que, en 1998, 95 por ciento de las víctimas de los desastres naturales habitaban en los países en vías de desarrollo.
"De nuestros 26 países prestatarios, más de la mitad están expuestos a estos fenómenos recurrentes", dijo Iglesias. "La prevención para evitar que se amplifiquen sus efectos debe ser un tema central de nuestra tarea".
Por su parte, el secretario general de la CEPAL, José Antonio Ocampo, enfatizó la necesidad de incluir medidas de prevención y mitigación en los planes de desarrollo, a fin de evitar los costos de reponer la infraestructura y los servicios perdidos durante cada desastre.
"Si bien (las medidas preventivas) requieren importantes inversiones de recursos, son en todo caso sólo una fracción de las pérdidas que ocasionan la falta de ellas", señaló.
Según el documento del BID y la CEPAL, unas 150 millones de personas, o uno de cada tres habitantes de la región, están expuestos a las catástrofes naturales. Durante los últimos 27 años, los desastres naturales le costaron la vida a más de 100.000 personas y causaron daños por más de 50.000 millones de dólares. Sin embargo, el estudio apunta que esas estadísticas representan sólo la punta del iceberg, ya que se basó en los desastres evaluados por la CEPAL a pedido de países afectados. Además, la región sufre cada año centenares de episodios menores cuyos efectos rara vez son recogidos por los medios.
Por otra parte, se aprecia una mayor frecuencia de esta clase de siniestros. Entre 1900 y 1989 la región enfrentó un promedio de 10,8 desastres por año. En el período 1990-1998, ese promedio aumentó a 35,7 por año.
Entre los factores sociales, económicos, ambientales y políticos que exacerban la vulnerabilidad de América Latina y el Caribe se destacan la pobreza, la concentración de población en zonas de alto riesgo, el crecimiento demográfico acelerado, la degradación ambiental provocada por el abuso de los recursos naturales, la baja calidad de la infraestructura, las viviendas y los servicios y el bajo nivel de preparación frente a emergencias.
El documento del BID y la CEPAL servirá de base para las sesiones del seminario organizado por la División de Estado y Sociedad Civil del Departamento de Desarrollo Sostenible del BID. Durante dos días, centenares de funcionarios de alto nivel y expertos de gobiernos, agencias internacionales y numerosas organizaciones de la sociedad civil, discutirán sobre las causas de la vulnerabilidad de los países de la región e identificarán las políticas y acciones para disminuir el impacto de los desastres naturales.
Muchos desastres son inevitables, señala el documento, pero sus consecuencias se pueden reducir sensiblemente. "Los desastres naturales son claramente un problema del desarrollo de los países. Primero, porque en los países en desarrollo algunos fenómenos naturales suelen tener consecuencias mayores que en los países desarrollados. Segundo, porque diversos factores asociados al bajo nivel de desarrollo son causa de la amplificación de tales consecuencias. Tercero, porque el impacto de los fenómenos naturales sobre las posibilidades de desarrollo de largo plazo es sensiblemente mayor en los países menos desarrollados."
En el documento se examina porqué la vulnerabilidad frente a estos fenómenos es tan elevada en los países de América Latina y el Caribe. "Sin duda, el patrón de desarrollo seguido por la mayoría de los países, con altos grados de pobreza, exclusión socioeconómica y deterioro del ambiente, es un factor principal", señala. De muchas formas, "la pobreza cierra y exacerba el círculo vicioso de los desastres naturales".
Uno de los enfoques innovadores que destaca el estudio es el vínculo entre la reducción de la vulnerabilidad y la gobernabilidad democrática. La fragilidad de las instituciones políticas y la debilidad del sistema democrático se han revelado en muchas ocasiones como causas importantes de la vulnerabilidad frente a las amenazas naturales, porque a mayor debilidad de los sistemas democráticos, mayor ineficiencia de las políticas públicas.
El domingo 26 de marzo Iglesias presentará ante varios jefes de estado de la región que asistirán a la clausura del seminario un plan de acción propuesto por el BID para integrar la prevención y el manejo global del riesgo frente a las amenazas naturales en las estrategias nacionales y regionales de desarrollo.
Para más detalles, vea la hoja informativa del BID sobre la acción del Banco en materia de apoyo a los países latinoamericanos y caribeños expuestos a los desastres naturales. |