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8 de marzo del 2002 |
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La región ya registró
un explosivo incremento en el ingreso a universidades e institutos de
estudios terciarios y técnicos a fines del siglo pasado. En poco
más de una generación el número de estudiantes
inscriptos se sextuplicó, pasando de 1,6 millones en 1970 a unos
9,5 millones en el 2000. Si bien este aumento en
la demanda de educación superior ha provocado una proliferación
de instituciones de enseñanza públicas y privadas, programas
y carreras, el ritmo de expansión de la matrícula estudiantil
y las expectativas de los jóvenes latinoamericanos presentan
grandes desafíos a los países de la región. Para analizar algunos de
los principales retos que enfrenta América Latina en este campo,
la Unidad de Educación del BID celebró el seminario Educación
Superior y Ciencia y Tecnología en América Latina y el
Caribe: Respuestas ante la Expansión y la Diversificación,
que se realizó en esta ciudad nordestina previo a la reunión
anual de la Asamblea de Gobernadores del Banco. El encuentro, que congregó a investigadores, académicos y funcionarios del ámbito educativo de la región, fue inaugurado por el ministro de Educación de Brasil, Paulo Renato Souza, y el gerente del Departamento de Desarrollo Sostenible del BID, Carlos M. Jarque. Cerraron el evento el secretario
de Enseñanza Superior de Brasil, Francisco César de Sá
Barreto, y el presidente del BID, Enrique V. Iglesias. En su discurso, Souza comentó
que en los últimos siete años, la matrícula en
las universidades brasileñas creció 62 por ciento. Ante
tal ritmo de expansión, una de las preocupaciones de Brasil es
mejorar la calidad de la enseñanza. Por ello, agregó,
el gobierno alienta a los profesores universitarios a obtener maestrías
y doctorados. La sociedad necesita
establecer estándares de calidad para las instituciones de educación
superior. La sociedad debe establecer sistemas de evaluación
del sistema de educación superior, no sólo del proceso
educativo sino de sus resultados, afirmó Souza. El ministro brasileño
también hizo hincapié en la necesidad de fortalecer los
vínculos entre las universidades y otras instituciones de educación
superior con el sector productivo, a fin de permitir a los países
responder a las exigencias de un mundo en permanente cambio. En ese sentido, Jarque observó
que ninguna nación ha logrado desarrollarse sin tener como palanca
una importante capacidad de adoptar tecnologías para mejorar
sus procesos productivos. Sin embargo, los países de nuestra
región siguen dedicando en el mejor de los casos menos de una
cuarta parte, como fracción del producto interno bruto, a investigación
y desarrollo que las economías desarrolladas, señaló. Las presentaciones de los
panelistas y los comentaristas se basaron en experiencias concretas
en temas como las ofertas innovadoras de educación superior,
la enseñanza a distancia, la integración de minorías
étnicas y culturales a la educación superior, los sistemas
de evaluación y acreditación de instituciones y programas
de educación superior y la coordinación entre el gobierno,
la universidad y la empresa privada para apoyar la innovación
científica y tecnológica. En distintas sesiones se
examinaron las lecciones aprendidas de la supervisión de nuevas
modalidades de instituciones educativas en la región, los logros
de la educación superior a distancia en España y la experiencia
de la Universidad de las Regiones Autónomas de la Costa Caribe
Nicaragüense, una institución creada por y para los pueblos
indígenas de esa región. Otros expositores analizaron
las experiencias de evaluación de sistemas de educación
superior en Brasil, El Salvador y el Caribe angloparlante, así
como la evaluación y acreditación de la enseñanza
superior por Internet. En el último panel se presentaron casos
exitosos de innovaciones tecnológicas nacidas en instituciones
de educación superior latinoamericanas, el programa de agendas
de investigación de Venezuela y la nueva política de innovación
brasileña. En el cierre, Iglesias afirmó
que el BID mantendrá su apoyo a las universidades, institutos
de enseñanza superior y centros de investigación científica
y desarrollo tecnológico de la región, instituciones indispensables
para invertir en el capital humano de los países. La tarea del BID no
es la de fortalecer una sino todas las variantes de la educación
superior en cada uno de los países, para que cualquiera que sea
la funcion que ejecute, se haga con excelencia, dijo. En
la medida que el Banco haga esto, estará trabajando en la dirección
de mejorar tanto la equidad como el impacto económico de la educación
superior y la investigación científica. Apoyo del BID a la Educación
Superior Desde su creación
en 1959 el BID ha apoyado el desarrollo de la educación superior
en América Latina y el Caribe. El Banco aportó financiamiento
para la construcción de un gran número de las sedes y
laboratorios de las grandes universidades públicas de la región.
Asimismo fue pionero en el apoyo a la innovación científica
y tecnológica. Hoy son pocas las instituciones públicas
especializadas de la región que no han recibido financiamiento
del BID. Si bien el Banco acompañó
a sus países prestatarios en décadas recientes al concentrar
sus financiamientos en la escuela básica y secundaria, su respaldo
a la universidad y la investigación no desapareció. Guiado
por sus documentos de estrategia, el BID apoya los esfuerzos de la región
para mejorar la calidad y equidad de sus sistemas de educación
superior y su capacidad científica y tecnológica. En ese sentido, el jueves el BID firmó con Brasil un memorando de intención para la preparación de un programa de diversidad en la universidad. Esta iniciativa, que podría recibir un financiamiento de hasta 5 millones de dólares, promoverá el acceso de afro-descendientes e indígenas a la educación superior. |
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