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17 de abril de 1998

BID PRESENTA AGENDA PARA DESARROLLO EN CUMBRE DE LAS AMERICAS

Acento en pobreza, educación, microempresa, mercados financieros y sector privado


SANTIAGO DE CHILE -- El Banco Interamericano de Desarrollo presentará una agenda para lidiar con los principales desafíos sociales, financieros y económicos que enfrentarán América Latina y el Caribe en el próximo siglo en el marco de la Cumbre de las Américas que se inaugura mañana en Santiago de Chile.
El BID, la principal fuente de financiamiento multilateral de largo plazo para la región, entregó a los jefes de estado y de gobierno reunidos en la capital chilena una serie de informes sobre sus planes para financiar programas para reducir la pobreza, mejorar la calidad de la educación, fortalecer los mercados financieros, alentar la participación del sector privado en proyectos de infraestructura y fomentar el desarrollo de la microempresa.
El Banco, que espera aumentar su volumen de préstamos a alrededor de 8.000 millones de dólares este año, tiene como objetivo dedicar la mitad de esos recursos a proyectos sociales.
Por otra parte, el BID ha contribuido al proceso de las cumbres hemisféricas, apoyando especialmente los esfuerzos de los 34 países participantes por crear un Area de Libre Comercio de las Américas para el año 2005.


POBREZA

"En los umbrales del próximo milenio vemos que muchos de los arraigados problemas históricos que enfrenta la región están aún por resolverse", afirmó el presidente del BID, Enrique V. Iglesias, en el prefacio del documento titulado Para salir de la Pobreza.
"Quizás una de las tareas más apremiantes que tendrán que abordar nuestras sociedades sea la reducción significativa de los elevados niveles de pobreza que se observan en la región, que se originan en gran medida en la desigual distribución de los ingresos y los activos", agregó.
Aunque la pobreza ha disminuido en algunos países durante esta década, hoy en día hay por lo menos 150 millones de pobres en América Latina y el Caribe, donde la miseria suele heredarse y es cada vez más común en las zonas urbanas y entre las mujeres y las minorías étnicas y raciales. La reducción de la pobreza se debió mayormente a la caída de la inflación y la recuperación del crecimiento económico, pero este resultado puede ser frágil si empeoran las condiciones macroeconómicas.
Para peor, la región tiene los índices de desigualdad de ingresos más pronunciados entre todas las regiones en vías de desarrollo del mundo. Durante esta década el quintil más pobre de la población de América Latina y el Caribe recibió el 4,5 por ciento del ingreso, contra 55 por ciento que se llevó el quintil más rico.
Para hacer frente a este fenómeno complejo, sobre el cual aún hay poco conocimiento, el BID propone buscar nuevas ideas y medios más eficaces. Si bien los recursos del Banco son limitados en comparación con la magnitud de esta tarea, se propone multiplicar el impacto de esos fondos combinándolos con financiamiento de fuentes locales e internacionales.
Por otra parte, el Banco concentrará sus esfuerzos en aquellos campos en que se obtengan los mayores resultados en mitigar la pobreza y mejorar las condiciones de vida de la población, asegurándose de que los pobres sean los mayores beneficiarios de tales programas.
Más allá del financiamiento, el BID pondrá a disposición de los países sus investigaciones y evaluaciones sobre buenas prácticas y resultados de programas sociales, a fin de ayudar a los gobiernos a establecer prioridades.


EDUCACIÓN

Para el BID, uno de los pilares para la lucha contra la pobreza es la inversión en capital humano. La región debe elevar los niveles de educación, salud y capacitación de su gente para poder mejorar su calidad de vida.
Aunque la cobertura ha mejorado sustancialmente en América Latina durante las últimas décadas, la calidad de la educación ha declinado, especialmente la que se brinda a los estudiantes más necesitados. La deserción escolar es mucho más aguda de lo que se esperaría por los niveles de ingresos de la región. Los maestros tienen pocas posibilidades de entrenamiento y trabajan en condiciones miserables. Las disparidades que genera este estado de cosas sólo amplían la brecha entre quienes más tienen y los más pobres.
El deterioro ha tenido lugar a pesar de que los países latinoamericanos gastan un mayor porcentaje de su producto bruto en servicios de educación a través del sector público que otros países en vías de desarrollo.
A fin de revertir esta tendencia, el BID se propone ayudar a la región a convertir a la educación en un catalizador del progreso. Para ello, buscará duplicar el financiamiento dedicado a reformas educativas durante los próximos tres años.
Uno de los requisitos de esas reformas es mejorar la asignación y la administración de recursos, para superar distorsiones como los sistemas de instrucción básica pobres que conviven con instituciones públicas de educación superior ampliamente financiados.
El Banco ya está apoyando programas que otorgan una mayor autonomía a las escuelas, sus directores, sus maestros y las asociaciones de padres de alumnos, a diferencia de los antiguos esquemas altamente centralizados que tienen poco contacto con las necesidades de las comunidades donde se brindan los servicios.
Por otra parte, respaldará reformas destinadas a mejorar la recopilación, el análisis y la difusión de información sobre la educación para poder medir costos, evaluar resultados e identificar problemas en los programas docentes o en la instrucción impartida en las aulas.
El Banco también apoyará programas de capacitación para maestros e investigará el impacto de elementos como los salarios, incentivos y la carrera de los docentes para identificar alternativas y prácticas recomendables a la hora de diseñar políticas educativas.
A través de sus proyectos en el campo de la educación, el BID insistirá en el uso de alternativas tecnológicas que resulten eficientes en función de sus costos y estudiará la posibilidad de respaldar una iniciativa regional para mejorar el aprendizaje científico a través de las nuevas tecnologías informáticas.


MICROEMPRESA

Durante esta década, los países latinoamericanos y caribeños han reconocido a la microempresa como una herramienta fundamental para combatir a la pobreza y la marginación. Unos 150 millones de personas, la gran mayoría de ellos de condición humilde, trabajan en estas pequeñas unidades productivas en la región. Estos emprendedores representan un enorme potencial para el crecimiento económico, el desarrollo social y el empleo.
Sin embargo, sólo un pequeño porcentaje de las microempresas tiene acceso a servicios financieros institucionalizados. La falta de acceso al crédito y otros tipos de apoyo limita su crecimiento y perpetúa su fragilidad. Para el BID, abordar esa restricción es uno de los desafíos más importantes de la región.
El Banco, pionero y líder del microcrédito, lleva adelante un programa titulado "Micro 2001" que destinará unos 500 millones de dólares a lo largo de un lustro para financiar proyectos en este campo.
Aparte de agilizar sus propios procedimientos para financiar proyectos relacionados con la microempresa, el BID buscará ayudar a los países de la región a realizar reformas legales, tributarias y laborales que favorezcan el desarrollo de estos emprendimientos privados.
El Banco proseguirá con sus programas para fortalecer a las organizaciones no gubernamentales que brindan crédito y servicios no financieros a la microempresa.


MERCADOS FINANCIEROS

Durante esta década la mayoría de los países de la región ha logrado notables progresos en reestructurar y desarrollar sus mercados financieros, en base a la estabilidad política y macroeconómica. A medida que se liberalizaron esos mercados, comenzaron a llegar crecientes flujos de capitales. Tales fueron los logros que, luego de la crisis del peso mexicano, la región ha podido capear el cimbronazo del colapso de las economías del sudeste asiático.
Sin embargo, la región debe consolidar y profundizar sus reformas para poder crear mercados, instituciones e instrumentos financieros más sofisticados. Por ejemplo, los países latinoamericanos y caribeños deberán tomar medidas para reducir su dependencia de los sistemas dominados por instituciones bancarias y alentar el desarrollo de otras instituciones financieras que apoyen y amplíen su crecimiento económico.
Por otra parte, América Latina y el Caribe deberán seguir adelante con sus esfuerzos para mejorar la regulación y supervisión de sus sistemas financieros, a fin de reducir los potenciales costos de crisis bancarias como las que azotaron en el pasado a algunas de las principales economías de la región.
El BID, que durante esta década ha respaldado proyectos de reforma financiera y reestructuración bancaria por más de 5.700 millones de dólares en 23 países de la región, buscará nuevas maneras para cooperar con los gobiernos, las entidades regulatorias y las instituciones del sector privado a fin de alentar un desarrollo integral de mercados financieros eficientes. Para ello, el Banco deberá trabajar en estrecha colaboración con los países para reconocer aciertos, anticipar potenciales fallas, difundir información sobre experiencias internacionales y proveer recursos técnicos y financieros.


INFRAESTRUCTURA Y SECTOR PRIVADO

El BID calcula que, de crecer a una tasa del cinco por ciento anual, América Latina y el Caribe deberían invertir un promedio de 70.000 millones de dólares anuales en proyectos de infraestructura. Dado que muchos países de la región necesitan desarrollarse a tasas aún más altas y que la infraestructura en varios de ellos está en un estado precario, ese cálculo podría incluso resultar demasiado conservador.
Históricamente, el apoyo a los proyectos de infraestructura ha sido el mayor componente del financiamiento otorgado por el BID. Entre 1971 y 1994 el Banco invirtió un promedio de 1.800 millones de dólares anuales en programas destinados a sectores como el transporte, la energía, el agua y las telecomunicaciones. Estos recursos tradicionalmente se canalizaban a través del sector público.
En los últimos años, en gran parte debido al proceso de privatizaciones, ha crecido la participación del sector privado en este tipo de emprendimientos, tanto como ejecutor de proyectos como concesionario de servicios o dueño de las obras de infraestructura. En apoyo de esta tendencia, el Banco abrió en 1994 una ventanilla para financiar este tipo de operaciones.
Durante el período 1995-1997, el BID promedió los 1.700 millones de dólares anuales en financiamiento para proyectos de infraestructura. La proporción para el sector privado fue en aumento, de 128 millones de dólares en el primer año a más de 280 millones de dólares el año pasado.
A su vez, la Corporación Interamericana de Inversiones del BID ha participado en pequeños y medianos emprendimientos de infraestructura. En la actualidad tiene comprometidos 61,5 millones de dólares en 13 proyectos, sobre una cartera de inversiones de 570 millones de dólares. Por último, a través de su Fondo Multilateral de Inversiones, el BID ha apoyado proyectos de reforma regulatoria y privatización con donaciones por 33,8 millones de dólares.
El BID espera ampliar la gama de sus operaciones de financiamiento de este tipo de emprendimientos del sector privado para ofrecer garantías que cubran casi todo tipo de riesgos políticos. Sin embargo, el Banco no descuidará las iniciativas del sector público, que sigue siendo el mayor beneficiario de sus préstamos para infraestructura.





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