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por Paul Constance Entre los cambios sociales y económicos que han ocurrido en América Latina durante la última generación, el más sorprendente es el cambio en la conducta reproductiva de la mujer.Desde los años 60, las tasas de fertilidad en América Latina han bajado a casi la mitad, de un promedio de seis niños por mujer a poco más de tres, y es probable que la declinación continúe. Esta tendencia ha alegrado a quienes están empeñados en el desarrollo de la mujer, ya que la declinación en la fertilidad está vinculada a mejores niveles educativos en las mujeres y mayor participación femenina en la fuerza laboral. Esta tendencia también parece indicar que la mayoría de las mujeres latinoamericanas tienen a su alcance métodos contraceptivos que les permiten controlar el número de hijos que tienen y espaciarlos como prefieran. Las estadísticas parecen mostrar que finalmente está desapareciendo la brecha entre el número de hijos que una mujer desea tener y el número de hijos que realmente tiene. Desafortunadamente, la realidad es más compleja y menos alentadora. Aunque la mayoría de las mujeres latinoamericanas están tratando de limitar su fertilidad, una elevada proporción de ellas aún no tienen a su alcance información, servicios y métodos anticonceptivos que les permitan hacerlo en forma segura y continua. Como resultado, muchas de esas mujeres siguen teniendo niños que no eran esperados ni buscados. Bajo la incesante presión económica que significa alimentar, vestir y educar a los niños que ya tienen, demasiadas mujeres latinoamericanas recurren entonces al aborto. Según un completo estudio dado a conocer el año pasado por el Alan Guttmacher Institute, un centro de estudios reproductivos con sede en Nueva York, aproximadamente 30 por ciento de los embarazos en la región terminan en aborto. Esa tasa es comparable a la de China y es una de las más altas entre regiones en desarrollo de todo el mundo. El estudio determinó que la mujer latinoamericana tiene en promedio 1,2 abortos durante sus años de fertilidad. Es aún más inquietante el hecho de que muchos de esos abortos los efectúan personas que no están capacitadas y en condiciones riesgosas. Se estima que unas 800.000 mujeres latinoamericanas son hospitalizadas debido a hemorragias, infecciones u otras complicaciones causadas por abortos peligrosos, señala el estudio. Claudio de Moura Castro, titular de la División de Programas Sociales del BID, dice que las dificultades en muchos países para conseguir un aborto hecho profesionalmente mueve a muchas mujeres de bajos ingresos a hacerse a sí mismas alguna peligrosa maniobra para ser internadas en una sala de emergencia hospitalaria donde se pueden efectuar abortos debidamente. "Estos episodios cobran un precio terrible en la salud de las mujeres y son un sustancial costo para sistemas de salud pública que ya están abrumados", dice Castro. "Y todo tiene su origen en la falta de disponibilidad de métodos de planificación familiar". Castro agregó que otra evidencia de la escasez de opciones en cuanto a contracepción se puede ver en el número desusadamente alto de esterilizaciones quirúrgicas que se nota en varios países de la región, especialmente Brasil. "Cuando las mujeres pueden optar por una variedad de contraceptivos que estén a su alcance, generalmente no recurren a la esterilización en números tan altos", dijo.
De manera que aunque las condiciones de la mujer latinoamericana están sin duda mejorando, el número de abortos y de esterilizaciones muestran que la disponibilidad de planificación familiar efectiva no satisface la demanda. "La causa subyacente básica del aborto en la región es la falta de acceso a información y servicios de planificación familiar", dice Mayra Buvinic, jefa de la Unidad Mujer en el Desarrollo, del BID. Cifras compiladas por el Fondo de las Naciones Unidas para la Población (UNFPA) confirman su diagnóstico. Según el Informe 1997 de la UNFPA sobre el Estado de la Población Mundial, el porcentaje de mujeres de América Latina que desearían controlar su fertilidad pero no pueden hacerlo debido a que carecen de anticonceptivos eficaces oscila de un 17 por ciento en Colombia a un 43 por ciento en Bolivia. En otros países latinoamericanos, un promedio de alrededor de 25 por ciento de las mujeres declara una "necesidad insatisfecha" de contracepción eficaz. El problema es especialmente serio entre las adolescentes, dice Buvinic. Por ejemplo, entre los años 80 y 90, la fertilidad entre las adolescentes aumentó en Brasil y Colombia. "Cualquier aumento en fertilidad en las adolescentes es particularmente alarmante porque ellas sufren las consecuencias más serias de un embarazo no deseado", dice Buvinic.
"Crecientemente, los expertos en salud reproductiva apuntan a la educación, el empleo y la autoestima como los anticonceptivos más efectivos", dice Clotilde Charlot, especialista en desarrollo social de la Unidad Mujer en el Desarrollo del BID, que anteriormente dirigió un vasto programa de salud reproductiva para mujeres trabajadoras en Haití. "A menos que se les de a las mujeres de bajos ingresos la oportunidad de desarrollar oficios demandados, generar ingresos y aumentar la autoestima, darles servicios de planificación familiar no logrará éxito sostenible en la reducción de embarazos no buscados". Buvinic nota, sin embargo, señales alentadoras en los servicios de planificación familiar, basadas en parte en una pequeña revolución que ha tenido lugar en la salud reproductiva durante la década pasada. Antes, los servicios de planificación familiar se concentraban en la distribución y promoción de métodos anticonceptivos, dice Buvinic. En muchos países esos servicios eran proporcionados por un solo organismo gubernamental o por pequeñas entidades sin fines de lucro. A menudo los servicios de planificación familiar no atendían en absoluto otros aspectos de la salud reproductiva, como asesoría prenatal y postnatal o atención de problemas de salud sexual o de enfermedades venéreas. El resultado era que la mayoría de las personas sólo recibían información y asistencia fragmentaria para sus necesidades en materia de salud reproductiva, que dejaba muchas preguntas sin responder y conducía a inefectivas prácticas de planificación familiar. Hoy los expertos en salud aconsejan tratar en forma integrada todas las áreas vinculadas a la salud reproductiva, incluyendo las que afectan a los hombres. Ese enfoque trata de atender todas las necesidades físicas, sociales y psicológicas de una persona en lo que respecta a sexo y reproducción. En lugar de depender exclusivamente en la profesión médica, promueve esfuerzos coordinados de educadores, asistentes sociales, psicólogos y políticos.
En México, un Programa de Servicios Sociales Esenciales que tiene un costo de US$500 millones y es parcialmente financiado por el BID, combina metas anuales para la expansión de servicios de planificación familiar con un programa de asesoría y nutrición para mujeres embarazadas y en lactancia. En Venezuela, la Asociación para la Educación Sexual Alternativa (Avesa), una entidad sin fines de lucro dedicada a la educación sexual para adolescentes, está usando un aporte de US$500.000 del BID para una innovadora campaña de información pública apuntada a adolescentes de hogares modestos. La campaña incluye avisos radiales breves e insertos en diarios con información explícita sobre prevención de embarazos y de enfermedades venéreas. Avesa está llevando sus materiales educativos a 60 escuelas y organizaciones juveniles. Esos proyectos, junto con otros esfuerzos financiados por el BID, reflejan el comienzo de un giro fundamental en la forma en que se prestan los servicios de planificación familiar en América Latina. "Estoy convencida de que el concepto de servicios integrados de salud reproductiva ha sido adoptado por las autoridades de toda la región", asegura Buvinic. "Ahora el reto es implementarlo". |
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