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EL
JUDAISMO FRENTE A LA EXCLUSION SOCIAL
Bernardo
Kliksberg
- UN
TEMA CRITICO
En
el centro de nuestro tiempo hay un problema que preocupa profundamente
a todos aquellos que comparten convicciones éticas básicas
y que causa severos daños económicos, sociales y
desestabiliza a las sociedades, es el gran tema de la exclusión.
La
categoría exclusión apareció para denominar
a un conjunto de situaciones que van mas allá de categorías
usuales como pobreza y marginalidad. Los pobres y marginales están
en los bordes de la sociedad, el excluido afuera de ella. Con
frecuencia no forma parte del mercado de trabajo, ni del sistema
educativo, ni tiene acceso a bienes culturales y no es siquiera
consumidor en el mercado. Por otra parte, una característica
central de la exclusión, es su tendencia a fortalecerse
y reproducirse. "El estar fuera de"es una condición
de extrema vulnerabilidad en las sociedades contemporáneas.
Genera todo orden de procesos que van cerrando toda oportunidad
y empujando cada vez más hacia afuera y hacia abajo al
excluido.
La
exclusión tiene muchas caras en el mundo actual. Existen
numerosos sectores de la sociedad que se hallan en esa situación,
o en caminos que conducen hacia ella. Así se hallan en
exclusión o en riesgo de exclusión, los 3000 millones
de personas ubicadas muy por debajo de la línea de la pobreza,
al ganar menos de dos dólares diarios. Por otra parte,
están en severa situación de exclusión los
1300 millones que ganan menos de un dólar diario. Es el
estado de los 828 millones de personas de los países en
desarrollo que tienen hambre crónica y las perspectivas
de los otros 2000 millones con deficiencias de micronutrientes
básicos como vitaminas y minerales. Alcanza sus puntos
extremos, la exclusión de la vida misma, en los 8 millones
de personas que según las cifras recientes de la Organización
Mundial de la Salud (2002), mueren anualmente por causas perfectamente
evitables. Entre ellos, 1.700.000 niños que según
indica UNICEF (2002), perecen anualmente por no haberles sido
aplicadas las vacunas correspondientes. Tiene expresión
cruda en las distancias de gran magnitud, en la esperanza de vida
en el planeta. Mientras en los países de altos ingresos,
ella es de 78 años, en los más pobres donde viven
643 millones de personas es de solo 51 años y en los de
bajos ingresos donde viven otras 1777 millones de personas es
de 59 años.
Una
dimensión básica favorecedora de la exclusión
es la pronunciación creciente de las polarizaciones sociales.
Las Naciones Unidas (1999), describe la situación señalando
que "las desigualdades globales en ingresos y standards de
vida han alcanzado proporciones grotescas". Según
los datos disponibles, mientras que el 20% ms rico de la población
mundial es dueño del 86% del Producto Bruto interno, tiene
el 82% de las exportaciones mundiales y recibe el 68% del flujo
de inversiones extranjeras, del otro lado el 20% más pobre
está en aguda exclusión, correspondiéndole
solo el 1% del Producto Bruto mundial, el 1% de las exportaciones
y el 1% de las inversiones. Las distancias entre ambos grupos
que eran de 30 a 1 en 1960, pasaron a ser 60 a 1 en 1990, y 74
a 1, en 1997.
Los
rostros de los excluidos, se repiten a lo largo del mapa mundial:
niños, pueblos indígenas, población de color,
mujeres, discapacitados, edades mayores, inmigrantes desesperados.
América
Latina como lo registran los análisis, es un área
donde estos procesos tienen alta presencia y causan profunda preocupación.
La región ha hecho notables avances en cuanto a la incorporación
de su población a formas democráticas de gobierno,
pero hay amplios sectores con graves realidades o riesgos de exclusión.
Así, el 58% de los niños menores de 14 años
de edad son pobres, las tasas de desocupación juvenil superan
el 20%, el 90% de los 40 millones de indígenas están
en pobreza, la mayoría en pobreza extrema, los indicadores
de los grupos afroamericanos son muy deficientes, hay fuertes
inequidades en el acceso a salud y en las oportunidades educativas,
las edades mayores están sufriendo graves deterioros en
su situación, hay 32 millones de discapacitados con mínima
protección y las migraciones generadas por pobreza han
aumentado fuertemente. Todo en una región que es potencialmente
muy rica. Sus altos niveles de desigualdad que se hallan entre
los peores del orbe influyen fuertemente en esta grave situación
social. La exclusión no es una abstracción en la
región, sino el modo de vida cotidiano de muchísimos
hombres, mujeres y niños.
La
exclusión no es solo un problema de los excluidos. Su presencia
crea vulnerabilidades de fondo a cualquier sociedad. Pero además,
sobre todo, es un tema ético. Su existencia y magnitud
entra en conflicto directo con los valores de respeto a la vida,
superación de las discriminaciones, oportunidades para
todos, en que están basadas nuestra civilización
y el sistema democrático.
Ante
este conflicto se están produciendo reacciones de diverso
tipo. Algunas llevan el sello de la rebelión ante la inmoralidad
que implica. Entre quienes han encabezado esta actitud a nivel
mundial se halla el Papa Juan Pablo II, que continuamente se ha
referido a ella y ha reclamado un código ético para
la globalización. También se hallan las actitudes
que tienden a ¨racionalizar¨ la presencia inquietante de la exclusión.
Suelen razonar en términos como: se trata de una etapa
transitoria en los procesos de modernización, o son focos
que cada vez se irán reduciendo más. Estos argumentos
¨tranquilizadores¨ chocan con los datos de la realidad que indican
tendencias en dirección muy diferente. Una de las actitudes
más generalizadas es la de "acostumbramiento"
a la situación. El espectáculo diario de los excluidos
en las calles de numerosas ciudades, a través de figuras
trágicas como los niños de la calle, las personas
sin casa que viven en la vía pública, el aumento
de la mendicidad, los ancianos desamparados, es visto con una
indiferencia creciente. Se perciben, como una especie de hecho
natural inevitable que forma parte del paisaje urbano, como las
plazas, o los árboles. Es como "si lloviera".
En
este trabajo queremos indicar el camino que las fuentes del judaísmo
plantean respecto a la exclusión. La Antigüedad se
caracterizó por la presencia de excluidos y frente a ellos
la Biblia, la voz de los Profetas, la construcción talmúdica
y las enseñanzas rábicas, produjeron un amplio cuerpo
de análisis conceptuales y posiciones concretas. Presionaron
asimismo, por todos los medios para que la comunidad las llevara
a la práctica. Ese mensaje está cargado de contenidos
plenamente aplicables a nuestro tiempo y ha sido profundizado
y renovado por el pensamiento judío contemporaneo. Son
voces que resuenan con fuerza creciente, al margen de su antigüedad,
exigiendo superar toda insensibilidad y asumir responsabilidades.
Recorreremos
sucintamente varias etapas sucesivas al respecto. En primer lugar,
indagaremos la perspectiva desde la que el judaísmo examina
los problemas de exclusión y discriminación. En
segundo lugar, sus concepciones básicas frente a ellos.
En tercer termino, un capítulo especial de su pensamiento,
su actitud hacia los extranjeros. En cuarto termino, algunas de
sus actitudes hacia otros grupos excluidos. Finalmente, reflexionaremos
sobre que podemos aprender de él ante el desafío
de la exclusión en nuestras sociedades.
- LA
PERSPECTIVA JUDIA
Una
reciente investigación en gran escala del Banco Mundial
(2000), encuestó a 60.000 pobres de 60 países, sobre
sus percepciones respecto a la pobreza. Los resultados fueron
muy especiales. Los pobres indicaron los reclamos esperables respecto
a lo que implicaba la pobreza en término de carencias de
ingresos estables, trabajo, educación, salud, agua, infraestructura
vial, vivienda y otros pero resaltaron especialmente un factor,
la humillación continua. Percibían que eran vistos
por quienes tomaban contacto con ellos, como una especie de personas
inferiores, de una categoría menor, por ser pobres. La
mirada despreciativa, compasiva, o indiferente, pero en todos
los casos cargada de subestima, los afectaba profundamente. Expresaron
que dañaba su autoestima y los hacía sentirse atacados
en su dignidad como seres humanos. Al preguntárseles sobre
que instituciones de la sociedad les merecían credibilidad,
indicaron que casi todas les inspiraban poca confianza y colocaron
como la primera confiable a gran distancia de las demás,
a las organizaciones de los mismos pobres. Allí eran vistos
de igual a igual, se los respetaba, y sentían que recuperaban
su dignidad.
La
encuesta devolvió el lado pocas veces analizado de la relación
excluidos-incluidos, la percepción íntima desde
el excluido. La visualización del excluido a partir de
su dignidad de ser humano, por encima de toda otra consideración,
es un énfasis central en las fuentes judías. Es
un igual en todos los sentidos que debe ser tratado siempre como
tal. No hay lugar siquiera a la compasión, a ninguna vía
que implique subestimación o inferiorización.
Ello
surge de la profunda convicción del judaísmo en
la igualdad básica de todos los seres humanos. La fundamentan
dos pilares básicos como lo plantea entre otros en sus
agudos trabajos Yosef Klausner (1). El primero es el monoteísmo
mismo. Hay una sola divinidad para todos los seres humanos. Maimonides
dice: "Yo creo con fe absoluta que el Creador, bendito sea
su Nombre, es único y no existe, de manera alguna otra
Unidad como El y El solo fue, es y será". Todos los seres
humanos son iguales en lo más trascendente de todo, su
origen y sentido.
Mientras
que en el Olimpo griego existían divinidades de diversa
categoría que hacían pactos y elecciones preferentes
entre los seres humanos, en el pensamiento bíblico hay
un creador único, que no admite distinciones de ninguna
índole. Queda planteada una igualdad radical desde el inicio
de la historia. Por eso se pregunta uno de los últimos
Profetas: "¿No tenemos todos un único Padre? ¿No nos
ha creado a todos un D-os? ¿Porque pues obrar pérfidamente
unos con otros, quebrantar el pacto de nuestros padres?".
El
otro pilar, es el origen común de la especie humana. ¿Porque
la divinidad escogió crear una sola pareja Adam y Eva iniciando
la humanidad y no muchas, se preguntan los sabios talmúdicos?
Y contestan, en primer lugar, para dejar bien en claro que todos
venimos de la misma raíz, que nadie pueda arrogarse orígenes
mas rancios, o sangre de mejor calidad. Dice el Talmud: "Que
no digan los unos: Nuestro padre es superior a vuestro padre y
en consecuencia nosotros somos más importantes. Todos descienden
de un único padre", (Sanhedrin,38).
La
ciencia 2002, ha agregado evidencia empírica a esta afirmación
de la igualdad. La reconstrucción del mapa genético
del género humano permitió constatar que la carga
de genes es similar en más de un 99% en todos los seres
humanos de todos los colores y razas. Solo hay diferencias en
un ínfimo porcentaje del contenido genético total.
La igualdad está enraizada en la biología. Ella
desmiente los planteos de superioridad racial esgrimidos repetidamente
en la historia y utilizados como ideología fundante de
la barbarie nazi.
La
igualdad total es pregonada como el estado natural allá
en el origen de los tiempos, pero asimismo, es reivindicada como
el estado deseable a través de la visión de la era
mesiánica. Esa era final de los tiempos, será aquella
en donde el bien triunfará definitivamente. La bondad,
el amor, la justicia, la paz presidirán todas las relaciones
en ese nuevo mundo donde "la tierra estará llena del
conocimiento de D-os como llenan las aguas el mar" (Isaías,
XI,9).
La
infracción a esta visión de igualdad es caracterizada
en las fuentes bíblicas como de extrema gravedad. Cuando
Job se pregunta sobre las causas de sus tremendas desgracias,
hace referencia a ella. Se interroga:
Si
desdeñé el derecho de mi siervo
y
el de mi sierva cuando pleitearon conmigo,
igual
haría cuando se alzara D-os para juzgar,
cuando
me pidiera cuentas, ¿que respondería?
El
que me hizo a mi en el seno materno,
¿No
lo hizo también a el?
No
nos dispuso al uno y el otro
¿En
la matriz? (Job XXXI, 13-15)
Cuando
se afirma de modo tan definitivo la igualdad básica de
los seres humanos, la perspectiva ante las exclusiones y discriminaciones,
no admite dudas. No hay lugar para inventar "brillantes racionalizaciones"
que intenten demostrar superioridades genéticas, raciales,
o culturales ya predeterminadas. No cabe la mirada subestimante.
La pobreza, la discapacidad, el género, el color de la
piel, no alteran para nada esa igualdad. La mirada debe ser siempre
la de quien ve al ser humano, como una criatura de la divinidad,
hecha a su imagen y semejanza y por ende acreedora al más
absoluto respecto.
Una
de las cumbres del pensamiento judío contemporáneo
Abraham Yeoshua Heschel (1962), enfatiza: "El principio de
que una neshama (un alma) es sagrada y no debe convertirse en
objeto de manipulación o explotación es el epitome
del judaísmo".
Quien
viola esta igualdad, oprimiendo, no solo perjudica al otro, se
daña a si mismo. Así se lee en el Eclesiastés:
"Ciertamente la opresión entontece a un hombre sabio…"
(VII,7).
La
historia judía exhalta especialmente los grandes momentos
en que los seres humanos se alzaron contra la exclusión
y la discriminación y afirmaron una moral diferente. Por
ello tiene en su centro, la zaga singular de los Profetas que
sirvió de inspiración a todo el género humano,
luchadores implacables por los derechos de los desvalidos, los
humildes, los postergados, y la salida de Egipto gran victoria
contra la esclavitud y la opresión.
Es
natural que esos mensajes hayan encontrado amplia receptividad
en un pueblo cuya identidad surge del pacto bíblico basado
en la igualdad y que por otra parte, en su historia concreta vivió
hasta hace muy poco bajo contínuas opresiones. Ello explica
para Erich Fromm (1986), el vigoroso activismo de ese pueblo contra
las exclusiones y por la justicia social. Se pregunta:
¨¿Es
sorprendente que la visión profética de una humanidad
unida y pacífica, de justicia para los pobres y desvalidos,
encontrara un suelo fértil entre los judíos y no
fuera nunca olvidada? ¿Es sorprendente que, cuando las murallas
de los ghettos cayeron, estuvieran los judíos, en número
desproporcionadamente grande, entre los que proclamaban los ideales
del internacionalismo, la paz y la justicia? Lo que desde un punto
de vista mundano fue la tragedia de los judíos -la pérdida
de su país y de su Estado-, desde el punto de vista humanístico
fue su más grande bendición. Por encontrarse entre
los sufrientes y despreciados, fueron capaces de desarrollar y
defender una tradición de humanismo¨.
La
perspectiva general del judaísmo, ese igualitarismo básico,
se plasmó en posiciones, instituciones, legislación,
y orientaciones concretas de conducta frente a las diversas formas
de la exclusión y la opresión.
- LA
OPCION POR LOS OPRIMIDOS
Heschel
(1973) señala que en la Antigüedad existía
la tendencia a exhaltar la fuerza. El uso de la fuerza como instrumento
de poder y enriquecimiento estaba legitimado. La guerra era parte
de la cotidianeidad. Los grandes héroes eran los reyes
guerreros victoriosos y los conductores militares. El mensaje
judío encarnado en los Profetas fue en sentido inverso.
Proclamó que la preferencia divina no se hallaba con los
fuertes y poderosos, sino con los débiles e indefensos.
Que la historia avanzaba no a través de los éxitos
militares, sino de la aplicación de una justicia recta,
que condujera a dar posibilidades a todos. El Profeta desarmado
se convirtió en un paradigma alternativo al guerrero fuerte
y despiadado.
Isaías
lanza a los cuatro vientos esa inclinación divina por los
oprimidos:
El
Señor ha fundado a Sión,
Y
en ella los angustiados de su pueblo encuentran refugio….
Los
humildes obtendrán nuevo gozo en el Señor,
Y
los pobres ente los hombre se regocijarán en el Santo
de Israel
Isaías
14:32; 29:19
Los
desechados, los humildes, los pobres, son los defendidos por la
divinidad. En los Salmos se eleva un mensaje de alabanza a la
divinidad por ello:
"Halleluya:
Alaba, oh alma mía al Señor.
- Que
hace justicia a los oprimidos, que da pan a los hambrientos.
El Señor suelta a los aprisionados.
- El
Señor guarda a los extranjeros; sostiene al huérfano
y a l aviuda, pero retuerce el camino de los inicuos."
Desde la igualdad y la opción por los oprimidos, el mensaje
judío tendió con frecuencia a enfrentar abiertamente
la visión general de la Antigüedad en temas cruciales.
Así
en ella se daban los mayores laureles a los constructores de grandes
ciudades, sin hacer mayor consideración de las opresiones
sobre las que estaban fundadas. Las pirámides egipcias
y las capitales de los imperios, festejadas al infinito, estaban
basadas en la explotación inmisericorde de millones de
típicos excluidos: extranjeros, esclavos, pobres, pueblos
enteros de cautivos.
El Profeta sale al frente del sentir predominante y denuncia sin
ambages aquello que estaba oculto a los ojos. Dice Habacue (2:6,9,11-12):
Ay
de aquel que amontona lo que no es suyo,
Ay
de aquel que lleva a su casa lo mal habido…
Pues
la piedra clama desde el muro,
Y
la viga desde el maderaje responde.
Ay
de aquel que edifica una ciudad con sangre,
Y
funda una ciudad con iniquidad!.
La
opresión de un hombre sobre otro, la servidumbre, tienen
una debilidad estructural. Para la Biblia el ser humano solo es
siervo de la divinidad. Ningún hombre puede arrogarse el
lugar de ella y tomar posesión de otros. La libertad esta
garantizada por esta visión. El judaísmo la aplica
en situaciones muy concretas. Así en el Talmud se plantea
una institución social propia del último siglo,
el derecho a la huelga. Rab dice: "El jornalero tiene derecho
a retirarse (de su trabajo) aún en la mitad de la jornada".
La razón es esa independencia básica. El hombre
solo es dependiente totalmente ante la divinidad.
El judaísmo se ocupa también profundamente del drama
interior de los oprimidos. Ve con claridad un tema que va a ser
objeto continuo de indagación en el siglo XX, la interiorización
de la opresión. La opresión externa continuada,
tiende a interiorizarse en el oprimido como el estado natural.
Por otra parte, con frecuencia comienza a idealizar la figura
del opresor como la figura de referencia y a mimetizarse culturalmente
con el. El judaísmo denuncia ello frontalmente y exige
la ruptura no solo con la opresión externa, sino con la
interna. Incluso considera que esta última es la ruptura
más difícil. En el Exodo, no solo el pueblo judío
debía liberarse del yugo del Imperio Egipto, debía
también romper con la sujeción de su corazón
y su mente, para que fuera realmente libre. La tarea de Moisés
fue doble, liderar la rebelión contra el opresor, pero
al mismo tiempo librar la lucha contra las expresiones del mismo
interiorizadas. Esta última lucha fue difícil y
pasó por idas y retrocesos, hasta llegar a la emancipación
real.
El Profeta es implacable en su defensa de los oprimidos y su denuncia
de las diversas formas de la opresión. Ello implica riesgos
personales enormes. Algunos fueron encarcelados para siempre como
Mijahahu, otros enviados a asesinar por encargo del Rey como Zjarya.
Sin embargo, su voz no pudo ser acallada y sigue resonando. Isaías
hacia el siguiente retrato descarnado del reino donde vivía:
¨Los
príncipes son bribones (1:23); los jueces están corrompidos,
absuelven a los culpables por un soborno y privan al inocente de
su derecho (5:23). No defienden a los huérfanos y la situación
de la viuda no les atañe (1:23). La gente se ve sojuzgada
por los funcionarios y los príncipes, mientras que las mansiones
de los ricos contienen el despojo de los pobres (3:l4 y sigs.).
Y a pesar de todo esto, al bribón se lo llama noble y al
patán se lo considera honorable (cf.32:5).
Jeremías amenazado de muerte por el Rey Ieoiakim, un tirano
derramador de muchas sangre y preocupado por agrandar su palacio,
que usaba trabajos forzados, para ello, sale a la calle y pese a
las amenazas grita:
Ay
de quien edifica su casa con injusticia.
Y
sus cámaras altas sin rectidud;
Quien
hace que su prójimo le sirva por nada,
Y
no le da su salario;
Que
dice:
Me construiré una gran casa
Con
salones espaciosos,
Y
corta ventanas para él,
Le
pone artesonados de cedro,
Y
lo pinta de bermellón
¿Crees
que eres rey
Porque
compites en cedro?
¿No
comió y bebió tu padre
E
hizo justicia y rectitud?
Entonces
le fue bien.
Juzgó
la causa del pobre y del menesteroso;
Entonces
le fue bien.
¿No
es esto conocerme a Mí?
Dice
el Señor.
Pero
tú tienes ojos y corazón
Sólo
para tu ganancia deshonesta,
Y
para derramar sange inocente,
Y
para practicar la opresión y la violencia.
Por
tanto, así dice el Señor
Respecto
de Ieoiakim el hijo de Josías, rey de Juda:
No
lamentarán por él, diciendo:
!Ay,
hermano mío o, !Ay hermana!
No
lamentarán por él, diciendo,
!Ay
Señor! O !Ay majestad!
Será
enterrado con entierro de asno,
Arrastrado
y arrojado fuera de los portales de Jerusalén.
Jeremías 22:13-10.
Los Profetas no se dirigían solo a los reyes. Su mensaje
iba mas allá. Estaba orientado a toda la sociedad y le exigía
en su conjunto, reparar la opresión de los excluidos. Eso
no era para ellos, solo un asunto de los poderosos, todos eran responsables
y debían participar. Nuevamente, una enseñanza para
nuestros tiempos. Las diversas formas de la exclusión, no
son solo de responsabilidad de los poderes económicos y políticos,
conciernen como tema ético a toda la sociedad. Todos los
sectores de la sociedad deben asumir sus responsabilidades para
enfrentarlas. Por otra parte, en la Biblia junto a las responsabilidades
colectivas, siempre hay obligación de sumar la responsabilidad
individual. Cada persona, como lo hicieron los Profetas en su tiempo,
debe asumir la situación y dar su aporte por modesto que
él sea para que ella cambie.
- ACTITUD
FRENTE A LOS EXTRANJEROS
Una
de las figuras de mayor opresión de la historia humana
es la de las minorías extranjeras. En la Antigüedad,
su condición solía ser la de personas de una categorías
muy inferior que podían ser utilizadas para los fines de
los poderosos sin limitaciones de ninguna índole. En los
últimos siglos, se han intensificado las barreras al ingreso
de extranjeros a los países más desarrollados y
en numerosas sociedades han sido recurrentes episodios de discriminación,
utilización de las minorías extranjeras, como "chivo
emisario" en momentos de crisis, estereotipación y
agresión.
El
modo de vincularse con el otro, el externo, el más débil
por ese hecho básico, es un patrón muy importante
para medir el grado de eticidad real que una sociedad aplica.
Ello resulta particularmente importante en nuestra era. Un tiempo
donde se están produciendo las mayores migraciones del
ultimo siglo a consecuencia de dificultades económicas,
guerras e inestabilidad política.
El
migrante buscando algun lugar donde poder reiniciar su vida y
encontrando muchas puertas cerradas, es una figura típica
de exclusión de nuestro tiempo. Sorpresivamente, aún
sociedades aparentemente muy maduras, pueden producir rechazos
tan fuertes hacia ese excluido, como la que recientemente registraron
los medios mundiales en relación a la posición de
las autoridades australianas, respecto al ingreso de migrantes
afganistanos.
Las
fuentes judías se han ocupado intensamente del tema de
modo directo y sus intérpretes más ilustres han
levantado una y otra vez su voz para recordar a las comunidades
judías, el claro mandato de las fuentes al respecto.
En
primer lugar, la Biblia coloca al extranjero entre las figuras
de aquellos que deben ser especialmente protegidos. Forman parte
de la opción preferencial de la divinidad por los débiles.
Así dice el Profeta Zacarías (7:9-10):" Sed
equitativos en vuestros juicios y tened el uno por el otro, bondad
y misericordia. No oprimáis a la viudad, al huérfano,
al extranjero y al pobre y no mediteis en vuestros corazones el
mal de vuestro prójimo". Estos son los oprimidos,
se caracterizan todos no solo por sus recursos limitados, sino
ante todo como lo destaca Erich Fromm, por su debilidad en términos
de poder. Hay una total asimetría de poder entre los poderosos
y ellos, y es necesario en nombre de la ética defenderlos.
En
segundo término, las fuentes judías legislan no
dejan la actitud hacia el extranjero en una declaración
general, sino que regalan detalladamente la materia. La Biblia
advierte acerca del buen trato que se debe dar al extranjero en
58 oportunidades. Entre algunas, de sus manifestaciones al respecto,
Klausner destaca como el texto bíblico establece la igualdad
total ante la ley (números, IX,14): "La ley será
la misma para vosotros, la misma para el extranjero que para el
natural". Y especifica (Números XV, 15-16): "Una
misma ley regirá ante el Señor para vosotros de
la congregación y para el extranjero que habita entre vosotros".
La
célebre y universalizada expresión de la Biblia
"ama a tu prójimo como a ti mismo" es especialmente
aplicada al caso del extranjero. Dice el Levítico (XIX,33):
"Si viene un extranjero para habitar en vuestra tierra, no
le oprimáis. Trata al extranjero que habita en medio de
vosotros, como al natural de entre vosotros; ámale como
a ti mismo, por que extranjeros fuisteis vosotros en la tierra
de Egipto. Yo Jehova, vuestro D-os".
El
Talmud regula con todo detalle el cuidado especial que se debe
dar al extranjero en una serie de situaciones de la vida diaria,
tratando de impedir cualquier abuso. Escribe: "Su pan (el
del extranjero), su vino y su aceite son puros (permitidos para
el consumo). No se le debe engañar, no se le debe escatimar
ni detentar su salario durante la noche, ni enviarle a la frontera
(a un mal lugar para vivir), sin permitirle que víva en
medio del país israelita, en un lugar bello y donde pueda
sostenerse con su trabajo, puesto que está escrito (Deuteronomio
XXIII,17): "Morará contigo, en medio de ti, en el
lugar que escogiere en medio de tus ciudades, donde bien te pareciere.
No le harás fuerza".
En
tercer lugar, es tal la sensibilidad del judaísmo ante
el tema del extranjero, que no solo protege a los extranjeros
amigos, sino que va más lejos, le preocupa aún la
situación de los enemigos. El mensaje es, no olvidar nunca
que ellos siguen teniendo figura humana y eso esta por encima
de cualquier otra consideración. El Deuteronomio (23:7)
dice refiriéndose a un enemigo tradicional del pueblo judío,
los hedomitas: "No aborrecerás al hedomita porque
es tu hermano". El Talmud refiere una narración antológica
al respecto, que sienta un precedente trascendental. Aún
en las peores circunstancias históricas el carácter
humano del adversario no debe olvidarse. Narra lo siguiente sobre
el momento en que el Faraón se arrepiente de haber dejado
salir a los judíos de Egipto, lanza sus ejércitos
a perseguirlos y atacarlos y las aguas del Mar Rojo se abren ante
el pueblo judío desesperado y se cierran de inmediato atrapando
al ejército del Faraón que iba en pos de ellos:
"En aquella hora (cuando los egipcios perecieron en el Mar
Rojo) los ángeles que ayudaban, quisieron entonar un canto
(de alabanza) ante el Unico Santo Bendito sea, pero El los reprendió
diciendo: ¨Las obras de mis manos (los egipcios) se están
ahogando en el mar y queréis vosotros entonar cantos delante
de mi" (Sanedrín 39b). La vida del ser humano aún
cuando fuere un enemigo, se halla por encima de todo.
En
cuarto lugar, los Profetas se hicieron sentir con todo peso cuando
cualquiera de estos principios fue violado. Abraham llego a discutir
con la divinidad misma cuando quiso exterminar a Sodoma y Gomorra
dos naciones extranjeras, alegando ante ella, que no debía
hacerlo si todavía había seres humanos justos en
su medio. Ezequiel (XXII,29), clama contra los reyes de Judea
gritando que, "el pueblo de la tierra oprime, roba, hace
violencia al desvalido y al menesteroso y al extranjero lo veja
contra derecho".
En
su conjunto la visión que surge de las fuentes judías
es una visión de amor por el extranjero. Hay una comprensión
del corazón del extranjero que surge de la misma experiencia
de opresión del pueblo judío: "No angustiareis
al extranjero porque vosotros sabéis como es el alma del
extranjero, porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto"
(Exodo 23:9). Por otra parte, el mundo soñado, el mundo
mesiánico, será un reino donde toda extranjeridad
desaparecerá, porque todas las naciones vivirán
en paz y armonía absoluta, unas junto a otras.
Finalmente,
representando esta concepción de amor por el otro, el Padre
del pueblo judío Abraham, arquetipo del ser humano justo
y bondadoso tenia como un rasgo central, el salir al camino diariamente
a invitar a su casa, a los extranjeros que pasaban por el. Incluso,
en un momento decisivo de su vida, al consumar el pacto con la
divinidad y ser circuncidado, de inmediato volvió al camino
a ofrecer su hospitalidad al extranjero. Shimshon Rafael Hirsh
( 1969) describe vibrantemente ese momento singular:
¨En
cuanto D-os concluyó su pacto con Abraham y sus generaciones,
que lo separaba de todas las otras personas, en cuanto marcó
su cuerpo y el de sus hijos con su señal de diferenciación
de este pacto, !he aquí que aún sintiendo el fresco
sufrimiento de esta señal, ya está parado bajo el
sol quemante ante la puerta de su tienda y espera húespedes,
tal vez atine a pasar algún extranjero, cansado, caminante
politeísta, lo invitará a su casa y lo recibirá
con su amor y caridad, que no admiten discriminación entre
la gente".
- EN
DEFENSA DE LOS EXCLUIDOS
En
nuestro tiempo la situación del excluido es razonada por
ciertos círculos en términos de que se trata de
destinos individuales, producto de decisiones erróneas,
y ciertas inclinaciones reprochables. Los pobres serían
pobres según ellos, por indolencia, pasividad, alcoholismo,
por faltas en definitiva personales. Las ciencias sociales han
demostrado la superficialidad de esas afirmaciones. En América
latina por ejemplo, donde casi la mitad de la población
es pobre, es difícil adjudicar la situación a las
personas. Ciertos problemas estructurales han conducido a desigualdades
y carencias de oportunidades de tal magnitud que dejan "atrapadas"
en ellas a buena parte de la población. El razonamiento
racionalizante lleva en última instancia a descargar el
problema exclusivamente sobre sus víctimas y absolver la
responsabilidad colectiva frente a el.
Los
textos bíblicos son terminantes al respecto. No dejan ningún
lugar a "coartadas" fáciles como la mencionada.
Ven al desamparado y la falta de poder de los más débiles
directamente ligada a la concentración y mal uso del poder
de los encumbrados. Hay una responsabilidad colectiva insoslayable.
Exigen por consiguiente soluciones que corrijan la situación
y no eximen a nadie de participar en ellas. Todos somos responsables
el uno por el otro. La sociedad en su conjunto y cada uno de sus
miembros debe hacerse cargo de una situación éticamente
inadmisible.
El
judaísmo contempla desde esa mirada a las figuras de debilidad
más frecuentes de la Antigüedad: las viudas, los huérfanos,
el extranjero al que nos hemos referido, los ancianos y los pobres
en general. Muchas de ellas siguen siendo en otras condiciones,
figuras centrales de la exclusión social contemporánea.
Ella aflije a las mujeres pobres solas al frente del hogar, los
niños sin familia, amplios sectores de las terceras edades
y los ubicados por debajo de la línea de la pobreza.
Los
niños desprotegidos son una prioridad. Oseas (14:3), se
dirige a la divinidad exclamando: "Porque en ti el huérfano
alcanzara misericordia". Se atribuyo al Rabí Ieoshua
Ben Gamla haber creado la primera escuela pública obligatoria
que se conozca en el año 64 DC. La fundó para resolver
un problema planteado por la Biblia. Ella ordena que los padres
sean directamente responsables por la educación de sus
hijos. ¿Pero que sucedería con los huerfanos?. La escuela
pública fue la solución.
La
viuda participa de la misma protección preferencial. Heschel
(1973) señala: "La justicia no era una justicia de
igualdad… Siempre se inclinaba hacia la misericordia para con
la viuda y los huérfanos".
La
actitud hacia los ancianos es muy particular. En nuestros días
el problema crece. Los informes sobre la situación hablan
de exclusión social, marginación, abandono por las
familias, vidas condenadas al silencio a pesar de tener mucho
por aportar. Las fuentes predican algo muy diferente. El respeto
a los padres aparece en el Estatuto central del judaísmo,
el entregado por la divinidad, es uno de los Diez Mandamientos:
"honraras a tu padre y a tu madre". Los Patriarcas y
los mayores son recordados permanentemente como fuente de inspiración.
Se aconseja a los líderes recurrir continuamente a su juicio.
Cada uno debe seguir esa conducta de respeto a los mayores a diario.
El texto bíblico dice (Vaikra, 19:32): "Ante las canas
te pondrás de pie y prestaras deferencia al anciano y temerás
de tu D-os, yo soy Hashem".
En
el judaísmo cuidar a los ancianos, posibilitarles seguir
formando parte activa del núcleo familiar, darles funciones,
estimularlos para seguir desarrollando su potencial humano, no
es una caridad, sino es lo contrario, una distinción a
agradecer.
Las
fuentes bíblicas ven a cada etapa de la vida como dotada
de posibilidades de aporte y problemas. No exhaltan ninguna de
ellas sobre las demás. La juventud no debe glorificarse,
ni la ancianidad desvalorizarse. Son partes del plan natural.
Tiene confianza plena en la sabiduría acumulada en los
mayores, en su madurez, en su capacidad de transmitir el mensaje
a las nuevas generaciones y de seguir contribuyendo. Heshel (1973),
resalta que no es una dimensión menor. Escribe: "La
prueba de un pueblo es como se comporta con respecto a los ancianos.
Es fácil amar a los niños. Aún tiranos y
dictadores se aseguran de gustar a los niños. Pero el afecto
y el cuidado que se debe dar a los ancianos, a los incurables,
a los imposibilitados son las verdaderas minas de oro de una cultura
dada".
- UN
MENSAJE A TENER EN CUENTA
Según
informan las Naciones Unidas, (PNUD 1999), 30.000 niños
mueren por razones totalmente evitables vinculadas a la pobreza.
500.000 madres, fallecen durante el embarazo o el parto, 99% de
ellas de los países en desarrollo, muertes producto de
la falta de la protección medica mínima necesaria.
En América latina el 36% de los niños menores de
dos anos de edad están según Cepal (2000), en situación
de alto riesgo alimentario, tienen deficiencias nutricionales.
Según los estudios médicos, si un niño no
está bien alimentado en esa edad a los 4 o 5 años
presentará daños irreversibles en sus capacidades
neuronales. Son todos destinos de exclusión severa.
No
cabe ante ellos la actitud de la inevitablidad de la exclusión:
‘siempre habrá quienes sufran". Es inhumana pero además
inadmisible con un mundo que tiene como producto de las revoluciones
tecnológicas excepcionales de las ultimas décadas,
capacidades totalmente incrementadas de producción de bienes
y servicios. Tampoco, la posición complaciente de que finalmente
todo ello se habrá de solucionar, es un problema de tener
paciencia… Para muchos la espera significa minusvalias y daños
irreparables. La exclusión se paga muy caro.
El
judaísmo ha asumido este problema desde el inicio de los
tiempos, como prioritario y se ha empeñado en denunciarlo
y combatirlo. No tiene en ello ninguna exclusividad, pero como
se ha visto, si ha desarrollado orgánicamente y en profundidad
las implicancias de la situación, ha elaborado en detalle
sobre los medios para enfrentarla, y mantiene un juicio severo
a la falta de soluciones.
Dibujando
los contornos de la visión de las fuentes, dice el salmista
(Salmo de Asaf):
"D-os
esta presente en la congregación divina; juzga en medio
de los jueces (de la tierra)…
- !Defended
al desvalido y al huérfano! !Haced justicia al afligido
y al pobre!
- !Librad
al desvalido y al menesteroso! !Sacadlos de la mano de los malvados!".
Los
desvíos de este mandato liminar, no eran vistos con ninguna
complacencia. Los Profetas los denunciaban en la plaza pública,
a la luz del día, de frente y sin ambages ni concesiones.
Atacaban no solo a los imperios externos por sus graves infracciones,
sino también con igual dureza a los mismos judíos.
Así el abanderado de la justicia, Amos, proclamó
sobre los reinos de Israel y Judea:
…Venden
al justo por plata,
Y
al necesitado por zapatos;
Ellos,
que codician hasta el polvo de la tierra
Que
se encuentra sobre las cabezas de los pobres,
Y desvían
el camino de los humildes.
Amós 2:6-7; cf.5:11
Los Profetas no amenazaban con maldiciones, sino con las consecuencias
que significaba el abandonar el camino que llamaban de la justicia
y la rectitud. La historia corroboró mil y unas veces la
certeza de advertencias como estas del excepcional diálogo
entre Job y sus amigos más queridos, (Job XX. 19-22):
"Entonces tomo la palabra Safar el naamashita y dijo:
- Por
cuanto oprimió y abandono a los pobres, arrebato casas
que no había edificado.
- Por
cuanto no conoció sosiego en su vientre (insaciable) por
eso de cuanto le deleitaba no salvara nada.
- Ninguna
cosa pudo librarse de su rapacidad; por lo mismo no persistirá
su prosperidad.
- En
el colmo de su abundancia resultara angustiado, que no caiga sobre
él la mano de todas las desdichas".
Como surge de la reflexión las fuentes advierten que la
explotación de los excluidos y de los pobres no solo atenta
contra ellos, daña en definitiva severamente al expoliador.
Vaticina: "En el colmo de su abundancia resultara angustiado".
Sus acciones no llevan a la felicidad, sino en dirección
contraria. La acción contra los otros, va acompañada
de la pérdida de amor, de armonía, de paz interna
y un desasosiego permanente. Este es el perfil que retrata a buena
parte de los poderosos enjuiciados por los Profetas.
Para
el judaísmo hay salida. Al final del camino no están
las tinieblas sino los tiempos de paz y justicia, los tiempos
mesianicos. Pero la salida debe ser construida paso a paso por
las sociedades y los seres humanos. Cuando los Profetas dicen:
"No habrá pobres entre vosotros", no están
vaticinando lo que va a suceder sino lo que debería suceder.
Que suceda, depende de la acción colectiva e individual.
Eliminar
la exclusión, intolerable éticamente, comprometedora
del desarrollo y de la democracia, requiere políticas públicas
que vayan contra sus causas, una acción decidida de la
sociedad civil y la acción personal diaria.
El
judaísmo puede contribuir con una enseñanza adicional
que parece plenamente aplicable a nuestro tiempo y a las actitudes
ante la exclusión. En el siglo I, vivió en el exilio
de Babilonia, un sabio muy respetado y querido llamado Hillel.
Escribió tratando de resumir un camino de vida: ¨¿sino
yo por mi, quien?¨, Es decir todo ser humano tiene la obligación
de velar por su salud, su vida, su familia, los roles en los que
es irremplazable. Agregó, ¨¿pero si yo solo por mí,
para que?¨. La vida sin preocupación por los otros, sin
trascendencia, sin amor al prójimo, es vacía, pierde
sus sentidos principales. Y finalmente adiciono: ¨¿Y sino ahora
cuando?¨. No es posible esperar. Necesitamos frente a la exclusión
ese compromiso activo con los otros, y esa urgencia ética
apremiante.
Referencias:
CEPAL
(2000). Panorama Social de América Latina. Chile.
Fromm,
Erich, (1986). Y seréis como Dioses. Editorial Paídos.
Heschel,
Abraham Yoshua, (1973). Ensayos. Seminario Rabino Latinoamericano.
Buenos Aires.
Heschel.
Abraham Yoshua, (1973). Los Profetas. El Hombre y su vocación.
Editorial Paidos. Buenos Aires.
Heshel
Abraham Yoshua, (1973). Los Profetas. Concepciones históricas
y teológicas. Editorial Paidos.
Hirsch,
Shimshon Rafael, (1969). El judío y su época. Incluido
en "Judaísmo y Humanismo". AMIA. Buenos Aires.
Klausner,
Iosef, (1957). El socialismo profético, incluido en Judaísmo
y Concepción de justicia. Edición de la OSM. Jerusalem.
Programa
de las Naciones Unidas para el Desarrollo, (1999). Informe sobre
Desarrollo Humano, New York.
The
World Health Organization, 2002. Macroeconomics and Health: investing
in health for economic development. Geneve.
The
World Bank, (2000). Voices of the Poor. Washington.
Unicef.(2002).
Informe sobre la situación de la infancia en el mundo 2002.
Ginebra.
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