Saltar Navegación Global
Protección Social
BID Portada > Temas > Protección Social > Noticias y Artículos
Comment Tool Comenta
Comment Tool Comenta

Su comentario acerca de la página:






Share Tool Compartir
close Share Tool Compartir

Programas de transferencias monetarias condicionadas: ¿han ido demasiado lejos?

Por Marco Stampini y Leopoldo Tornarolli

Un nuevo estudio realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo demuestra que los beneficiarios de los programas de transferencias monetarias condicionadas (PTMC) continúan siendo pobres o vulnerables en su mayoría y que la necesidad de asistencia social en América Latina y el Caribe sigue siendo alta.

En los últimos 15 años, los PTMC han revolucionado la asistencia social brindada a los pobres en todo el mundo. Se han extendido desde América Latina y el Caribe hasta Asia y África, e incluso algunos países industrializados las han adoptado.Primero se introdujeron en Brasil y México a finales de los 1990 y para 2011 ya se habían implementado en 18 países de la región, llegando a 135 millones de beneficiarios. La aceptación de estos programas estuvo sustentada por evaluaciones de impacto positivas que probaron su efectividad y una década de crecimiento económico sostenido que amplió la capacidad fiscal y favoreció la asistencia social.

Estos programas tienen un doble objetivo. En primer lugar, pretenden reducir la pobreza actual por medio del pago de subsidios en efectivo. En segundo lugar, se centran en el desarrollo del capital humano de los niños pobres mediante pagos condicionados al cumplimiento de una serie de corresponsabilidades vinculadas con la salud y la educación. Las transferencias se entregan por lo general a las madres bajo el supuesto de que las mujeres emplean más dinero en bienes y servicios que benefician a los niños: alimentación, educación y salud.

En el estudio El crecimiento de las transferencias monetarias condicionadas en América Latina y el Caribe: ¿llegaron demasiado lejos? analizamos datos de 43 encuestas de hogares durante el período 2001-2011. Los resultados del estudio demuestran que los PMTC representan más del 20% de los ingresos de los beneficiarios pobres y estimamos que la incidencia de la pobreza sería, en promedio, 13% mayor si estos programas no se hubiesen implementado. Los programas de mayor envergadura (Brasil, Colombia y México) han alcanzado tasas de cobertura de alrededor del 50-55% de las poblaciones pobres.

Mientras la selección de beneficiarios se mantenga limitada a la población en estado de pobreza crónica, es poco probable que el aumento de la cobertura se convierta en un problema. La pobreza estructural varía poco a lo largo del tiempo y requiere de intervenciones a largo plazo. El objetivo a largo plazo de los PTMC es asegurar que los niños de los hogares beneficiados lograren un nivel escolar suficientemente alto para permitirles salir de la pobreza a través del empleo, eliminando así la necesidad de que la siguiente generación reciba asistencia social. Los hogares beneficiados se “graduarían” del programa cuando sus hijos se graduaran de la escuela secundaria y tuvieran asegurado un empleo digno.

Sin embargo, en muchos casos de la región, se ha extendido la cobertura para incluir a quienes viven en una situación de pobreza moderada y a los vulnerables, lo cual se hizo a expensas de la calidad en la selección de beneficiarios en su conjunto. En algunos casos, los PMTC se han utilizado más allá de su propósito original. Por ejemplo en el caso del incremento en los precios de los alimentos, fueron necesarias las intervenciones a corto plazo y que los gobiernos utilizaran herramientas de respuesta rápida que les permitieran llegar a los pobres, sobre todo a aquellas familias con niños pequeños. Los PMTC eran una buena opción.

La falta de mecanismos de salida predefinidos, la cobertura ampliada y el crecimiento económico condujeron a que el número de beneficiarios de los PMTC superara el número de pobres de la región entre 2006 y 2009 –dependiendo de las líneas de pobreza estándar de US$ 2,50 o US$ 4,00 diarios, luego de hacer el ajuste correspondiente a la paridad del poder adquisitivo. Por consiguiente, una parte considerable de los presupuestos para los PMTC terminó dirigiéndose a hogares no pobres (fenómeno conocido técnicamente como “fuga de recursos”). Por ejemplo, en Ecuador la proporción de beneficiarios no pobres se incrementó de 46% a 65% durante el período 2004-2010, y en México, de 40% a 61% en el período 2002-2010.

 Los resultados de las encuestas de hogares revelan que los beneficiarios de los PMTC siguen siendo pobres o vulnerables en su mayoría, situaciones que se caracterizan por los bajísimos niveles de escolaridad e inestabilidad laboral. En promedio, los jefes de los hogares beneficiados han completado 5,5 años de estudios y más del 70% no pasaron de la educación primaria. El nivel de escolaridad de Guatemala es el más bajo: los jefes de los hogares beneficiados alcanzaron solo 2,4 años de estudios en 2011 y 94% no han logrado ir más allá de la educación primaria. Además, los jefes de los hogares beneficiados siguen teniendo en su mayoría ocupaciones informales, con un promedio de 67% de trabajo informal remunerado, trabajo familiar no remunerado, autoempleo o agricultura. En Colombia, Panamá, Paraguay y Perú el autoempleo es la principal fuente de trabajo. El trabajo informal remunerado prevalece en México y Guatemala con un 40% en los jefes de hogares beneficiados. En promedio, los empleos formales remunerados corresponden solo al 14% de los jefes de hogares beneficiados.

Aunque la acción de incrementar la expansión de los PMTC no debería incluirse en las agendas de algunos países –aquellos en los que el número de beneficiarios haya excedido el número de pobres– la necesidad de asistencia sigue siendo una prioridad en la Región. Por un lado, los gobiernos deberían desarrollar políticas de graduación que impulsen la salida de aquellos que ya no necesitan asistencia social, para así optimizar la calidad de la selección de beneficiarios. Por otro lado, deberían dirigir los recursos disponibles a la adopción de medidas que maximicen el impacto en términos del desarrollo del capital humano de los beneficiarios pobres y vulnerables ya existentes. Por ejemplo, el énfasis de las corresponsabilidades de la educación podría cambiar: de la asistencia a la escuela a los resultados del aprendizaje. En cuanto a la salud, los exámenes médicos y las vacunas podrían complementarse con intervenciones que mejoren los resultados nutricionales, lo que en algunos casos podría significar la reducción de la desnutrición crónica, mientras que en otros, la disminución de la incidencia de sobrepeso u obesidad.

No será una tarea fácil. La experiencia de la mayoría de países ha demostrado que la cooperación exitosa entre el sector social y los prestadores de servicios de educación y salud es difícil de lograr. Sin embargo, esta es una tarea fundamental si los gobiernos quieren crear una nueva generación de PMTC y garantizar que sus programas sean eficaces en el logro de la meta original: detener la transmisión intergeneracional de la pobreza.

© 2017 Banco Interamericano de Desarrollo - Derechos reservados.

¡Hola, Bienvenido al BID!

Te invitamos a unirte a nuestra lista de correo.