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Alivio de la pobreza

En las últimas décadas, América Latina y el Caribe ha realizado progresos significativos en términos de mejorar los indicadores del nivel de vida de su población. A pesar de ello, la pobreza sigue siendo un problema central, con grandes divergencias entre países y al interior de éstos. Casi uno de cada cinco personas continúa viviendo con un ingreso por debajo de la línea de US$2.5 por día.

El BID, a través de su División de Protección Social y Salud, trabaja en conjunto con los países para lograr una protección efectiva de aquellos que caen temporal o persistentemente por debajo de un nivel de vida considerado aceptable por la sociedad, promoviendo un estándar general de oportunidad y nivel de vida para todos los ciudadanos.

Consolidar el proceso de reducción de pobreza requiere, sin dudas, que se alcancen y sostengan niveles sólidos de crecimiento económico. Sin embargo, esto no se traduce automáticamente en mejoras en el nivel de vida de aquellos que tienen poca capacidad para tomar ventaja de las oportunidades que vaya creando el progreso económico. La Región continúa siendo la más desigual del mundo, tanto en términos de oportunidades iniciales como de resultados. Muchos hogares se encuentran atrapados por generaciones en una dinámica de baja productividad: cuentan con pocos activos productivos (incluyendo sus conocimientos y competencias laborales), lo cual no les permite invertir lo suficiente para que sus jóvenes escapen de la pobreza en la adultez por sus propios medios.

Más allá de importantes consideraciones éticas y de cohesión social, este mínimo nivel de vida representa condiciones básicas sin las cuales el desarrollo de capacidades y competencias no sería efectivo. Asimismo, contribuye a que la población de escasos recursos se sienta menos expuesta a vivir situaciones que perjudiquen sus medios y perspectivas de vida, y que por ello, no realicen inversiones que les permitan mejorar su nivel de vida y la de sus hijos.

Nuestra misión es contribuir a que los países cuenten con el conocimiento analítico y operativo para implementar acciones que focalicen la entrega de los escasos recursos fiscales a grupos prioritarios, de manera expedita y eficiente, evitando generar incentivos perversos que desenlacen en que las familias beneficiarias dejen de realizar acciones para salir de la pobreza por medios propios. ¿Cómo lo hacemos?

Apostamos a la prevención. Ponemos énfasis en el desarrollo de capacidades y competencias que le permitan a la población prevenir o mitigar la ocurrencia de contingencias que puedan afectar sus medios o perspectivas de vida. Para que esta estrategia sea pertinente para la población que vive en condiciones extremas de pobreza, es necesario procurar que accedan a un nivel mínimo de bienestar mientras desarrollan sus capacidades y competencias.

Apalancamos acciones consecuentes. Procuramos que los recursos de asistencia social y protección social apalanquen otras acciones por parte las familias y el Estado, para que los miembros más jóvenes de aquéllas alcancen un mejor estado nutricional y de salud y nivel educativo. Al mismo tiempo, buscamos que las formas de financiamiento y el diseño de estos programas sean compatibles con el objetivo de incrementar paulatinamente la cobertura de la protección social contributiva.

Fomentamos la coordinación inter-institucional. Entendiendo que la pobreza tiene un carácter multidimensional, una de nuestras prioridades es el desarrollo de instrumentos operativos y estrategias que faciliten la coordinación entre las distintas instituciones y agencias, públicas y privadas, que enfoquen su acción en la población de menores recursos.

El BID cuenta con una vasta experiencia en el diseño, implementación y evaluación de programas de alivio a la pobreza, basado en estos tres principios. La expresión más visible de esta experiencia es el acompañamiento que ha brindado a los Programas de Transferencias Monetarias Condicionadas (PTMC) desde finales de los 90. Casi todos los países de la Región utilizan este tipo de programas como un pilar de su estrategia para el alivio a la pobreza y la desigualdad, habiendo contando prácticamente todos, en las diferentes etapas de desarrollo, con el apoyo del Banco.

En buena medida, la popularidad de los PTMC es atribuible a su capacidad para mostrar su efectividad a través de rigurosas evaluaciones. La gran mayoría de estos programas ha mostrado impactos positivos en el incremento del acervo de capital humano de los hogares pobres. En particular, han logrado: incrementar el consumo de alimentos y la ingesta calórica de la población carenciada; reducir la prevalencia de desnutrición crónica, particularmente, en niños menores de 2 años; aumentar la asistencia diaria a la escuela, y la realización de controles de crecimiento y controles preventivos de salud; y aumentar la matriculación y progresión escolar, particularmente en zonas rurales y en el nivel de educación secundaria.

Adicionalmente, estos programas han alcanzado atractivos logros operativos. En este sentido se destacan el alto grado de focalización de sus recursos en los más pobres y la implementación de sólidos sistemas de información, tanto para darle seguimiento a las inversiones en capital humano de sus beneficiarios como para realizar transferencias de recursos a esta población. Asimismo, cabe resaltar que los PTMC han hecho operativa la coordinación entre los sectores sociales, lo cual abona el camino a la integralidad y eficiencia del gasto social.

Tras 10 años de experiencia en la implementación de dichos programas, el BID focalizará sus futuros esfuerzos en:

  1. La necesidad de garantizar el acceso efectivo a servicios de nutrición, salud, estimulación temprana y educación de calidad adecuada, a través de arreglos presupuestales que garanticen inversiones de mejoramiento de la oferta focalizada en las localidades atendidas por estos programas
  2. Mantener en el tiempo la selección de beneficiarios a partir de criterios objetivos, claros y transparentes
  3. Promover ajustes en los esquema de transferencias, estructura de incentivos y de monitoreo de condicionalidades para que propicien cambios de comportamiento aún más profundos y sostenibles ligados a una mayor inversión en capital humano por parte de sus beneficiarios
  4. Ajustar la forma de financiamiento, el proceso de selección y la temporalidad de los programas para que generen incentivos compatibles con la formalización del empleo
  5. Fortalecer las sinergias con programas que apoyen la transición escuela-trabajo de los jóvenes
  6. Mantener esquemas sólidos de evaluación de resultados para medir los impactos de largo plazo de los programas.
 

 

 

 

 
Programa Solidaridad
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    Programa Solidaridad

    El programa Solidaridad beneficia al 76% de los hogares en extrema pobreza de República Dominicana. El programa incluye un riguroso sistema de evaluación para medir su impacto en las vidas de los beneficiarios.
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