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Sin información, no hay acción

Programa Regional de Indicadores de Desarrollo Infantil, PRIDI

Autor: Aimee Verdisco

¿Qué sucedería si los países descubrieran que sus niños corren el riesgo de no desarrollar las capacidades y competencias básicas que necesitan para tener éxito en la escuela y en la vida?

¿Se prestaría más atención a las cuestiones de desarrollo infantil temprano (DIT)? ¿Se diseñarían mejores programas de calidad para los niños pequeños dirigidos a las poblaciones más vulnerables?
 
Lo más probable, en cualquiera de los casos, es que la respuesta sea afirmativa.

Al menos esa ha sido la experiencia en otras evaluaciones regionales. Consideremos estos ejemplos del Segundo Estudio Regional Comparativo y Explicativo (SERCE): uno de cada tres niños del tercer grado no comprende la frase “había una vez”; cerca de la mitad de todos los alumnos de tercer grado no pueden resolver un problema matemático en el que se utilicen fracciones de medios y cuartos, y aproximadamente el 44% de los niños de sexto grado no pueden identificar el estado de las sustancias (sólido, líquido o gaseoso). En la medida en que la economía del conocimiento de hoy en día exige el dominio de competencias básicas de lectura, matemáticas y ciencias, resultados como los del SERCE han impulsado a los ministerios y sociedades de la región a tomar medidas significativas.

Como respuestas urgentes para mejorar la calidad de la educación que los niños reciben, han surgido nuevas políticas que se centran en extender la jornada escolar (p. ej., Uruguay y Argentina), en mejorar la preparación de los maestros (p. ej., Perú y Jamaica) y en la profesionalización de la carrera de docente (p. ej., Brasil y Trinidad y Tobago), en la enseñanza preescolar obligatoria (p. ej., México y Argentina) y en lograr un vínculo más directo entre la educación preescolar y el primer grado (p. ej., Paraguay), entre muchas otras.

El DIT podría considerarse como la próxima frontera. Tal como se ha demostrado en varias oportunidades, el rendimiento de las inversiones es mayor cuando los programas de calidad están dirigidos a los niños más pequeños, quienes tienen toda su vida para cosechar los beneficios de la inversión. El DIT es un poderoso recurso político para nivelar las condiciones de todos los niños, en particular de aquellos de los entornos más pobres. Se ha demostrado que los programas de DIT de calidad permiten atenuar o compensar las brechas observadas en los dominios susceptibles de cambio y que se agravan con la pobreza, tales como el proceso del conocimiento, las capacidades para la crianza de los hijos y los problemas de conducta. Por lo tanto, no es de extrañar que los datos del SERCE indiquen que los niños que pudieron beneficiarse de al menos un año de educación preescolar antes del primer grado, se hayan desempeñado mejor en las pruebas normalizadas de educación primaria. Los resultados de las pruebas del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA) transmiten el mismo mensaje: los jóvenes de 15 años que recibieron algún nivel de educación preescolar, obtienen mejores calificaciones.

Si bien los países están poniendo más énfasis en el DIT a través de políticas y programas específicos, existen pocas herramientas que permitan el monitoreo sistemático y la evaluación comparativa a nivel regional del desarrollo de los niños antes de su ingreso a la educación formal. No obstante, conforme se incrementa la experiencia de la región en materia de aprendizaje y calidad, mucho puede aprenderse del diálogo político y de las comparaciones a nivel regional. Se espera que el Programa Regional de Indicadores de Desarrollo Infantil (PRIDI) del Banco pueda brindar una plataforma para que esto ocurra.

Información comparativa a nivel regional

Lanzado en diciembre de 2009 e inspirado en las experiencias de la región sobre mediciones comparativas de aprendizaje, el PRIDI proporcionará datos comparativos a nivel regional, políticamente relevantes y de alta calidad sobre la situación de los niños pequeños y sus familias. Estos datos permitirán a los países evaluar comparativamente los avances en materia de desarrollo infantil, tanto a nivel nacional como en la región, facilitando de esta forma el diálogo entre los gobiernos para identificar la manera más adecuada de responder a las necesidades de los pequeños y sus familias.  Entre los países participantes se incluyen Argentina, Costa Rica, Ecuador, Nicaragua, Perú y Paraguay.
 
Si bien el alcance del PRIDI es reducido y moderado, tenemos expectativas de que crezca y se torne más abarcador. La experiencia ha demostrado que el diálogo, el debate y las comparaciones que estas evaluaciones tienden a generar, aumentan la credibilidad y el uso de los datos. Estos se transforman así en importantes herramientas políticas para evaluar la calidad de los servicios brindados y su impacto en la región.

En cada etapa del camino (p. ej., en el Estudio Internacional sobre Tendencias en Matemáticas y Ciencias (TIMSS), el Estudio Internacional sobre Progreso en Comprensión Lectora (PIRLS) o en el Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación (LLECE), SERCE, PISA), se realizaron ajustes a los métodos, se fortalecieron las capacidades institucionales para la recolección y el análisis de datos y se incrementó la cantidad de gobiernos participantes. La mayoría de los países participaron en el SERCE.

En la actualidad, la cantidad de participantes en las evaluaciones internacionales (p. ej., TIMSS, PIRLS, PISA) asciende a 10 países, cuando una década atrás tan solo un país participaba de este tipo de pruebas. La financiación de los participantes, en la mayoría de los casos, se realiza a partir de los presupuestos nacionales, y los datos que se recogen son utilizados para monitorear planes y estrategias nacionales de educación.

La región ha aprendido de experiencias anteriores en materia de evaluación y, en gran medida, ha institucionalizado la necesidad de contar con datos fidedignos sobre los logros obtenidos. Se espera ahora que los esfuerzos que comienzan con esta iniciativa tomen una dirección similar a la que se ha observado en las evaluaciones académicas generales .

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