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Discursos

13-sep-2007

Foro Movilizando la Ayuda para el Comercio

Lima, Perú

Señor Sra. Mercedes Araoz, Ministra de Comercio y Turismo, Perú, Sr. Luis Carranza, Ministro de Economía y Finanzas, Perú, Señor Pascal Lamy, Director General de la Organización Mundial del Comercio, Sra. Pamela Cox, Vice Presidente para ALC del Banco Mundial, distinguidos asistentes, quiero agradecerles por su presencia aquí hoy en esta conferencia organizada por el Banco Interamericano de Desarrollo y la Organización Mundial del Comercio, para analizar el tema de la Ayuda para el Comercio.

Esta esa una gran oportunidad para reflexionar sobre cuáles deben ser nuestras prioridades como región. El mundo ha aprendido que el acceso a mercados no se transforma automáticamente en crecimiento y desarrollo, sobre todo en el caso de ciertas economías.  La comunidad internacional –a través de la OMC-, ha asumido la responsabilidad de asegurarse que los países pobres puedan aprovechar las oportunidades comerciales que ofrece la integración.  Algunos países necesitan reformas complementarias e inversiones, particularmente en infraestructura, para que la integración comercial beneficie a toda la población. Esa es la iniciativa de Ayuda para el Comercio, que de la mano de la OMC hemos venido a discutir a Lima.  Abarca sectores amplios, desde infraestructura de transporte, comunicaciones y energía, pasando por sistemas de protección social y reentrenamiento para trabajadores que se vean afectados por los acuerdos comerciales.

El desafío que tenemos, es el de ponernos de acuerdo sobre cuál es la agenda que debemos llevar a la conferencia mundial de Ginebra a finales de noviembre.  América Latina y el Caribe es una región diversa, y son muchas las visiones y prioridades en materia de integración comercial. La mayoría de los países –por ser de ingresos medios- no tienen acceso a financiamiento condicional, y muchos quedaron excluidos de las iniciativas de cooperación que favorecen a los países menos adelantados.  

Pero todos compartimos el mismo objetivo de generar fuentes de empleo, crecimiento económico y bienestar social. En realidad buena parte de la prosperidad actual se debe a un aumento del precio internacional de las materias primas. Las exportaciones de nuestra región no están diversificadas –están basadas fundamentalmente en productos básicos o manufacturas con bajo componente tecnológico-.  Por otra parte, en el pasado los programas de asistencia para el comercio se destinaron a necesidades de corto plazo o tan solo a identificar necesidades, no a satisfacerlas. Las posiciones negociadoras se impusieron sobre el desarrollo de una estrategia de largo plazo para lograr la competitividad internacional de cada país.  Y a muchas instituciones dentro de los gobiernos les faltó la capacidad técnica para implementar la ayuda.

Adicionalmente hasta hace poco tiempo, las frecuentes crisis nos obligaban a los latinoamericanos a concentrarnos casi exclusivamente en el presente. Pero la actual recuperación económica y el surgimiento –como lo ha dicho The Economist- de una nueva clase media en América Latina, nos permite ver mas allá de lo urgente para ocuparnos también de lo importante.  

Esa nueva prosperidad, enmarcada en el auge de las exportaciones y una buena gestión macroeconómica, nos presenta una gran pregunta: ¿qué hacer para que se consolide el crecimiento actual que vive la región? Pocos estarían en desacuerdo con que hay que invertir los recursos de la bonanza, en llevar los beneficios a los más pobres en forma justa y duradera. Y la integración es una de muchas formas de llevar los beneficios a los más pobres, ya que en nuestra región el comercio es más del 50% de PIB en todos menos cinco de los países de América Latina y el Caribe.  Sin el comercio exterior, no es posible mantener empleos, financiar importaciones, sostener los pagos de deuda externa y mantener la estabilidad cambiaria.  Ni es posible erradicar la pobreza.

Ese es precisamente el debate que vamos a enfrentar aquí, para ponernos de acuerdo en cuáles son las estrategias prioritarias para insertar la integración económica global en los primeros lugares de la agenda del desarrollo en América Latina y el Caribe. Más aún cuando nos enfrentamos al desafío que implica el surgimiento de nuevas potencias comerciales como la China e India.  Debemos recordar que la ayuda para el desarrollo relacionada con el comercio ascendió a más de 25.000 millones de dólares en los últimos años, es decir casi el 30% del total de la ayuda oficial al desarrollo. Por lo tanto, nuestra tarea es construir un consenso para –por ejemplo- primero obtener capital destinado a programas de infraestructura de mayor tamaño.

En segundo lugar, incentivar la competitividad del sector privado, pues son las empresas las que compiten. El futuro de América Latina y el Caribe depende de la participación del sector privado en darle cuerpo a una visión de largo plazo, una en la que la capacidad de las empresas para competir esté en el corazón de la agenda del desarrollo. Le corresponde a las instituciones públicas generar entornos adecuados para la competitividad  y la innovación.

Mirando más allá de las exportaciones, el mundo está empezando a tener una visión cada vez más sofisticada de la integración.  Se está llegando a la claridad que uno de los motores detrás del crecimiento a través de la integración económica es la inversión. Solamente la inversión –no solo en grandes empresas sino en pequeñas y medianas- garantiza la verdadera diversificación de la oferta exportable.  Por eso, las reglas de juego claras y la capacidad de ofrecer transparencia son elementos cada vez más importantes en los procesos de integración. Estos son los que permiten trascender de las exportaciones de materias primas, hacia las manufacturas y al creciente mercado de exportación de servicios y el desarrollo tecnológico –por ejemplo- con la proliferación de centros de conocimiento, como es el caso de Brasil.

 

Por último, debemos estudiar con detenimiento los casos de éxito exportador que hemos tenido, y aprender las lecciones de qué está funcionado. Por ejempl

  • El caso de una industria de exportación de carros con tecnología flex-fuel, que funcionan con etanol o gasolina, o cualquier combinación de estos, y de los cuales se exportarán más de 150.000 unidades a Estados Unidos, Europa y Japón en los próximos 2 años.
  • Un ejemplo adicional es el desarrollo de la industria del software en Uruguay, que vende a más de 50 mercados en el mundo entero y que convirtió al país en el primer exportador de software en América Latina, vendiendo al exterior 104 millones de dólares en 2005.
  • El Ecuador comenzó en 1990 exportando brócoli congelado a Alemania, y hoy se ha convertido en una industria 100% exportadora que recoge tres cosechas al año, en la sierra del país. Debido a que a diferencia del coliflor, no puede recogerse con maquinaria, es altamente intensiva en mano de obra.
  • Y por supuesto el Perú.  La industria agro exportadora de la costa –cuyo principal producto han sido los espárragos- ha logrado un impresionante posicionamiento en los mercados mundiales, y en el 2006 exportó mas de 1.000 millones de dólares.  El programa del actual gobierno, Sierra Exportadora –que estamos interesados en apoyar desde el BID-, contempla productos con mucho potencial como la papa amarilla, la palta, camélidos y frutas como la chirimoya en la ceja de sierra.

Estos casos, y muchos otros que hemos analizado en el BID, nos permiten aprender multiplicidad de lecciones, aplicables a políticas de desarrollo de infraestructura, capacitación laboral, acceso al crédito y desarrollo de cadenas productivas. Hoy contamos con los conocimientos técnicos, la experiencia práctica y la confianza con los gobiernos de la región para identificar e implementar lo que se ha hecho bien en cada país.  Solo en la medida en que repliquemos los éxitos de exportación a nivel de gobiernos nacionales, locales y de la mano del sector privado, le habremos dado a los excluidos de la región una oportunidad para salir de la pobreza y consolidar una vigorosa clase media.

Hoy tenemos un programa del BID que canaliza recursos de 120 bancos de la región hacia importadores y exportadores.  Lo estamos ampliando para poder atender a los bancos más pequeños y a aquellos ubicados en los países más pobres. A través de Ayuda para el Comercio, estamos movilizando recursos de donantes con este objetivo.  Les pido a los representantes de países donantes interesados en este tipo de cooperación y a las instituciones financieras que quieran participar en este proyecto, a conversar con el Sr. Hans Schulz, Gerente del Departamento de Financiamiento Estructurado y Corporativo del BID, quien esta aquí hoy con nosotros

Aprovechar bien esta oportunidad de trabajar para construir consensos, y administrar con sabiduría la prosperidad actual –que en buena medida es producto del creciente comercio exterior-, no solo es un deber moral, sino el mejor negocio en el largo plazo para toda la región. Esa es parte fundamental de nuestra misión en el BID: la de movilizar la tecnología, el conocimiento, la experiencia y el apoyo institucional para Construir Oportunidades para la Mayoría.

Muchas gracias.

 

 

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