Comunicados de prensa
01-oct-2008
Desaceleración económica, inflación golpean a remesas a América Latina
Fondo del BID estima que transferencias de dinero de emigrados bajarán en términos reales
Según un análisis de recientes datos sobre remesas realizado por el Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN) del Banco Interamericano de Desarrollo, los emigrados latinoamericanos y caribeños enviarán unos 67.500 millones de dólares a sus países de origen este año, contra unos 66.500 millones de dólares en el 2007.
Sin embargo, ajustado por inflación, el monto de este año valdrá alrededor de 1,7% menos que el monto del año pasado, el primer descenso en el valor de las remesas a esta región desde que el FOMIN comenzó a monitorear estos flujos en el 2000. Hasta el año pasado, las remesas habían crecido a tasas de dos dígitos anualmente.
Las nuevas proyecciones se basan en datos mensuales y trimestrales de nueve bancos centrales en países de América Latina que reciben alrededor de 88,5% del total de remesas que llegan a la región. El impacto de este cambio de tendencia será motivo de discusión en el Foro Interamericano de la Microempresa que se celebrará del 8 al 10 de octubre en Asunción del Paraguay.
A principios de año el FOMIN había señalado que las remesas a México, el país latinoamericano que más dinero recibe de sus emigrados, ya no estaban creciendo, mientras que los flujos a Brasil cayeron en el 2007. Más recientemente, Guatemala y El Salvador han visto reducciones en las remesas.
Según el FOMIN, varios factores están afectando los flujos. Entre las principales causas están las desaceleraciones económicas en los Estados Unidos y España, dos de las principales fuentes de remesas a la región. Según datos censales estadounidenses, las tasas de desempleo para personas de origen latinoamericano son más elevadas que las del resto de la población.
Otros factores son la inflación, impulsada por la carestía de los alimentos y los combustibles; la debilidad del dólar, particularmente en los países donde la moneda local se ha fortalecido contra la divisa estadounidense; la aplicación más estricta de medidas contra la inmigración ilegal y el aumento de oportunidades económicas en los países de origen de los emigrados, especialmente en el caso de los brasileños.
No obstante el cambio de tendencia, las remesas a América Latina y el Caribe aún superan en volumen a toda la cooperación externa y la inversión extranjera directa en la región. Las remesas son y seguirán siendo una fuente de ingresos vital para millones de hogares. En estudios anteriores el FOMIN ha destacado que, a lo largo de esta década, las remesas han demostrado ser más estables que otros flujos de dinero.
“Las personas que ya están en el extranjero se adaptarán, buscando nuevos empleos o reduciendo su consumo para poder continuar enviando dinero a sus familias”, comentó el presidente del BID, Luis Alberto Moreno.
“Aquellas que están pensando en emigrar probablemente opten por destinos donde la economía esté más fuerte y haya empleos disponibles. Las naciones industrializadas seguirán atrayendo inmigrantes, pero prevemos un incremento en las remesas entre países en vías de desarrollo, a medida que más gente se traslade a lugares menos afectados por la desaceleración económica global”, agregó.
Desde el punto de vista de una institución de desarrollo, el BID ve una mayor urgencia de bancarizar a millones de familias que reciben remesas pero permanecen excluidas de los sistemas financieros formales. Tal integración permitiría a esos hogares recurrir a servicios que familias con mayores ingresos utilizan para ahorrar para épocas de estrechez económica.
El FOMIN comenzó a estudiar las remesas en el 2000 para medir su magnitud y su impacto económico en América Latina y el Caribe. Sus estudios alentaron la competencia entre proveedores de servicios, que a su vez condujo a una pronunciada caída en los costos de las transferencias de dinero, particularmente entre grandes centros urbanos.
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