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07-nov-2012

El Renacer de Villa La Angostura

La Madre Naturaleza opera a veces en forma misteriosa: puede crear belleza inusitada y de pronto convertirla en una verdadera pesadilla.

Eso fue exactamente lo que ocurrió en la idílica Villa La Angostura, un popular centro de esquí invernal y paraje estival en la Patagonia argentina que quedó sepultado bajo miles de toneladas de cenizas cuando el vecino volcán Puyehue entró en erupción en junio de 2011.

Toda la actividad económica, empezando por el vital turismo, quedó paralizada luego que un grueso manto de ceniza gris cubrió esa región andina famosa por sus bosques, lagos y colinas. Los rebaños de ovejas típicos de la zona fueron diezmados cuando las cenizas cubrieron sus áreas de pastoreo y también se adhirieron a su cuerpo, quitándoles movilidad.

Sin embargo, los 7.300 habitantes de la villa se movilizaron rápidamente para limpiar el desastre, comenzando por sus propias casas, removiendo de sus techos una capa de hasta 30 centímetros de ceniza y polvo.

“Uno enseguida quería sacarle la ceniza al techo para evitar desmoronamientos”, dijo Carolina, quien vive con su esposo y sus dos niñas en una típica cabaña de madera erigida en los bosques que rodean la villa.

Luego siguieron los jardines y las calles de la aldea. Un verdadero ejército de lugareños equipados con palas y carretillas, apoyados por bulldozers y otras maquinarias pesadas, hicieron el resto de la tarea. Una gruesa capa de ceniza que flotaba en los lagos tambiénfue removida. La gente incluso colocó comederos para aves para atraer nuevamente a los pájaros al lugar.

Los niños retornaron a la escuela tras seis semanas sin clases y la electricidad volvió a tras 25 días a oscuras. Las pérdidas totales excedieron los US$100 millones.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) apoyó rápidamente a la comunidad, a través de un financiamiento de emergencia que respaldó las tareas de recuperación iniciadas por los residentes locales y autoridades provinciales y federales.

Luego de la erupción “la situación era realmente desastrosa y el sentimiento de la gente era de frustración”, dijo Ricardo Quiroga, especialista ambiental del BID. “Esto ha cambiado completamente. Ahora uno puede notar un renacimiento y la gente mira hacia adelante”.

El Ministro de Turismo, Enrique Meyer, también mostró su satisfacción porque “en algunos momentos de las vacaciones de invierno en el hemisferio sur, la afluencia de visitantes nos desbordó”.

El Parque Nacional Arrayanes, de 20 hectáreas, uno de los parajes más característicos de la Patagonia luego del Glaciar Perito Moreno, fue sometido a una amplia operación de limpieza para restaurar su belleza. En tiempos normales, en temporada alta el parque recibe hasta 4.000 visitantes por día.

Ahora que la emergencia quedó atrás, los orgullosos residentes de la villa tienen una renovada determinación. Los árboles también.

“Hoy en día tenemos un nuevo suelo formado de cenizas volcánicas que está aportando un montón de nutrientes”, dijo Juan, un guardabosques del parque. “En realidad este año florecieron dos veces los arrayanes, tenemos muchos más frutos, y está todo mucho más verde. Costó que se notara, pero le hizo muy bien en realidad”.

La Madre Naturaleza realmente opera a veces en forma misteriosa.

Más información

Ricardo Quiroga
Especialista de Recursos Naturales del BID
ricardoq@iadb.org

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