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05-dic-2011

El Fracaso Educativo: Embarazos para no ir a clase

La falta de calidad del sistema educativo podría estar aumentando los embarazos en adolescentes

Es común pensar en el embarazo como el motivo que precipita la deserción escolar. Sin embargo, un nuevo estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), sugiere que algunas jóvenes estarían buscando la maternidad para evitar ir a la escuela.

Contrario a la lógica convencional, el estudio “El fracaso Educativo: Embarazos para no ir a clase” encuentra que es la baja calidad de la educación, sumado a la falta de estímulos educativos y emocionales para continuar con los estudios, lo que hacen que el embarazo se convierta casi que en el paso lógico para algunas jóvenes. Los embarazos no son el motivo principal para el abandono escolar.

El estudio realizado en Perú y Paraguay, tuvo por objetivo interpretar datos cuantitativos que muestran que las madres adolescentes completan dos a tres años menos de educación que las demás mujeres.

Es la primera vez que un estudio, realizado con base en entrevistas a jóvenes, busca entender las razones detrás del abandono escolar de las embarazadas en América Latina.

De acuerdo con el informe, los embarazos muchas veces son hasta planeados o no activamente evitados. Para jóvenes con mal rendimiento en la escuela, fueron una excusa conveniente para abandonarla. El estudio señala a su vez, que a pesar de conocerlos, las adolescentes muchas veces deciden no usar métodos anticonceptivos precisamente para quedar embarazadas y tener por fin un sentido en la vida.

De hecho, dice el estudio “El Fracaso Educativo: Embarazos para no ir a la clase”, las que desertaron de la escuela inmediatamente al enterarse de su embarazo ya iban mal y les faltaban varios años para completar su educación secundaria. Se encontró que era menos común que una joven de alto rendimiento escolar abandonara la escuela tras su embarazo.

Según Emma Naslund-Hadley, especialista en educación y líder del estudio “muchas adolescentes están en una situación de desventaja tan compleja, que en su mente un embarazo precoz no va a alterar su trayectoria de vida sino que simplemente la va a acelerar. Los que establecen políticas, los educadores, los padres y madres tienen la responsabilidad de impartir valores y aspiraciones que ayuden a las adolescentes a desarrollar metas para la vida que vayan más allá de copiar la vida de privación socioeconómica de sus padres”.

Según datos del BID recogidos en seis países (Bolivia, Haití, Colombia, Nicaragua, Perú y República Dominicana), la relación entre el embarazo de adolescentes y los niveles de educación parecen ser más fuertes en América Latina que en otras regiones.

Una mayoría de las madres adolescentes no asisten a la escuela a pesar de haber asistido en el pasado: entre 67 y 89 por ciento están fuera del colegio comparado con 14 al 35 por ciento  de las mujeres que no tuvieron bebés durante su adolescencia. De la misma forma, la proporción de mujeres que completaron por lo menos su educación obligatoria antes de dejar el colegio es más baja entre las madres adolescentes: entre el 32 y 55 por ciento comparado con 55 al 62 por ciento entre las mujeres que no tuvieron bebes en su adolescencia.

De hecho, las mujeres que tienen su primer bebé en la adolescencia completan casi 2 o 3 años menos de educación que aquellas que no los tienen y son 14 veces más propensas a salirse del sistema educativo en comparación con las que no son madres.

Algo preocupante ya que según la Organización Iberoamericana de Juventud (OIJ), la tasa de embarazos entre adolescentes en América Latina es de 80 por mil, o casi un 50 por ciento más alta que el promedio mundial.

Además, según la OIJ, América Latina es la única región en el mundo que ha visto un aumento en la fecundidad de adolescentes en los últimos 30 años.

Sus expectativas de tener una vida diferente a la de sus padres eran reducidas o inexistentes. Por lo tanto, el embarazo no alteró dramáticamente su trayectoria de vida, sino que sencillamente la aceleró.

El estudio, de tipo cualitativo se llevo a cabo en Peru y Paraguay y  recogió información a través de entrevistas con el fin de mirar por ejemplo, las motivaciones para ciertas conductas o decisiones, e interpretar los motivos de la correlación entre embarazo y educación. El Lima y Asunciòn, se entrevistó a un total de 118 mujeres, de las cuales 80 estaban entre los 23 y los 33 años de edad. Treinta y ocho tuvieron su primer hijo durante la adolescencia y 42 fueron madres después de la adolescencia. También incluyeron 26 adolescentes actualmente embarazadas y a 12 de sus madres.

El método de investigación fue de tipo cualitativo, en donde no se busca representatividad.

Según la investigación, el grupo de madres adolescentes entrevistadas que abandonó la escuela tenían pocas aspiraciones para su futuro y no creían tener el poder de transformar su propia existencia por medio de la educación. De estos datos cualitativos surgió la conclusión de que algunas jóvenes estarían buscando la maternidad para evitar ir a la escuela. Sus expectativas de tener una vida diferente a la de sus padres eran reducidas o inexistentes. Por lo tanto, el embarazo no alteró dramáticamente su trayectoria de vida, sino que sencillamente la aceleró.

¿Qué se puede hacer?

Si los embarazos son planeados o no activamente evitados, el nuevo estudio sostiene que las políticas que buscan reducir el número de adolescentes embarazadas tienen que hacer mucho más que solamente brindar información sobre los anticonceptivos y el acceso a ellos.

“Las escuelas desempeñan un papel vital en la socialización de la siguiente generación, y los sistemas educativos necesitan asumir la tarea tanto de dirigir y evaluar programas que procuren la reducción de embarazos en adolescentes, como la de impartir valores y aspiraciones que ayuden a las jóvenes a desarrollar metas para la vida. Para las adolescentes embarazadas y que dan a luz, los sistemas educativos tienen que dar el apoyo que necesitan para continuar su educación, incluyendo tutorías, la atención de mentores, horas flexibles y cuido de los niños” según Naslund-Hadley.

Más Información

Emma Naslund-Hadley
Especialista de Educación
emman@iadb.org

Entrevista Video Emma Naslund-Hadley

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